Ser un pez en mi interior y no recordar prácticamente nada de esta historia ayuda bastante a disfrutarla como la primera vez, la verdad. Sanbe logra que, a pesar de que el tomo no tenga un foco realmente claro (sí, salvar a Kayo, pero tampoco es el objetivo principal del personaje y la mayor parte del tiempo la trama se basa en pulular), siga resultando interesante y muy propio. Esto último ha sido lo más notable del tomo: a través de esas viñetas rodeadas de un marco negro para transmitir la nostalgia del pasado, la composición de varias páginas (especialmente dobles), el uso de la nieve como recurso casi místico y algunos ángulos de dibujo permiten que el trazo del autor cree una atmósfera personal. Del mismo modo, la historia distribuye muy bien sus puntos narrativos y sabe mezclar la trama principal con detalles del mundo de 1988 para resultar verosímil.
Con este tomo he visto que Desaparecido es de esas obras que, vistas por sus elementos por separado, quizá no funcionen demasiado bien (se le podrían achacar algunos problemas a la historia, como que Satoru no se plantee su futuro, que en ocasiones parezca más infantil de lo que debiera, ese uso algo extraño de catchphrases o la fe absoluta en la inocencia de Yuuki), pero en conjunto son algo fascinante. El ritmo narrativo, el ambiente al que me refería antes y varias sutilezas de todo el elenco de personajes hacen que la obra fluya continuamente. Respecto a los personajes, Kayo oscila entre el misterio y la normalidad de una niña de diez años (su reacción a la fiesta de cumpleaños, por ejemplo), mientras que Satoru tiene algunos momentos muy bien pensados (la carrera contra el compañero de clase) para mostrar la diferencia de edad. En cierto modo, tengo la sensación de que falta que suceda algo realmente impactante, pero Sanbe plantea muy bien la narración para que en ningún momento aburra ni parezca sin rumbo. Además, el tomo termina con un petardazo bastante similar al del primer tomo que, aun así, no pierde potencia porque las consecuencias son muy distintas.
Por cierto, como nota al pie, si bien elogiaba la falta de fanservice en esta serie, se me hace un poco raro que en los postscript se incluyan viñetas (concretamente, una por cada) innecesariamente sexuales. Como no afectan a la historia en ningún modo y realmente pueden ser solo una manera de Sanbe de expresar su gusto por el cuerpo femenino (al fin y al cabo, las páginas finales entran más en lo personal), tampoco les daré mucha importancia, pero ahí están. Dentro de la obra principal, lo único un poco extraño que he visto ha sido el incipiente romance entre Satoru y Kayo, que no termino de ver porque no sé hasta qué punto es la edad aparente del primero lo que hace que sienta atracción hacia la niña.
Que el tomo tendrá sus cosas, vaya, pero que funciona como un tiro. A ver si algunos problemas del tomo se solucionan en los posteriores. Viendo cómo domina el autor los distintos elementos que conforman su obra, creo que puedo darle una oportunidad.