Un gran retrato de lo romántico del tango, su capacidad de transformar la trayectoria de la vida de un individuo, y servir de banda sonora a las mutaciones urbanas que empujan a la sociedad a abrazarse a la glorificación de la (erróneamente focalizada) embriaguez.
En su novela, si bien valiéndose de la ficción narrativa, Cruz plasma lo que se siente como una fidedigna instantánea de la primera mitad del siglo XX en la Antioquia (y la Colombia) "post-Gardel": sus violencias, sus ritualismos, su pragmatismo y su(s) camaradería(s). Hace esfuerzos repetidos de subvertir la expectativa del lector, lo cual amplía un poco la cobertura del relato, si bien, en el fondo, es una narración muy directa en su propósito: ilustrar y replicar la nostalgia milonguera.