En Misericordia, Sotomayor indaga sobre los límites del yo interior y físico y sus multiplicidades y lo hace desde el borde, con un intimismo lúcido que siempre mira al exterior, capaz de desvelar lo postizo que hay detrás de una pose humana. El libro que estás aguantando se desplegará en tu regazo con la levedad de un canto, pero también con los golpes de un tumulto de manos, incapaces de estar quietas porque, como dice la autora, «el tacto es el cuidado y también la trampa, el castigo y el premio, el lenguaje no verbal. Las manos se cargan de lujuria, nos vuelven locas, comemos con las manos, violentamos con las manos, señalamos con las manos, arrancamos, curamos, rompemos, desnudamos, escondemos, almacenamos, el poema son las manos».
Todavía no sé si es un 4,5 o un 5. Es un poemario raro, confuso, huidizo, y aún así me ha encantado. Hay algo en las palabras, en las imágenes, que poco a poco construyen un todo interesante (del cual todavía no he descubierto el significado, pero no importa). Creo que volveré a él, porque tiene mucho que decir.
Anchamente floreada pero no siempre me lleno de nostalgia las pestañas tú que con tanta sencillez empujabas la lengua contra el desierto de sal que hay en las bandejas.
Misericordia es el nuevo poemario de Maria Sotomayor. Publicado por la editorial Letraversal, Misericordia es un conjuro continuo de la luz y de las luces. Todas ellas se reúnen aquí como nuestro cuerpo tiene reunidos los órganos, la piel, la sangre. Sotomayor juega con las palabras, las delimita, usa el lenguaje para darle la forma que la poesía hace consigo misma. ¿No es acaso el propio lenguaje el que se limita? Pues María le da forma, una forma de cuerpo, una forma de sentidos, emociones y sentimientos, una forma que, por muy extraña que suene, hace a la palabra germinar poesía.
La poesía de Sotomayor nos nutre y nos alimenta, como un alimento primitivo que nos deja una sensación que es imposible de nombrar. Un alimento que nos hiere, pero que nos aporta belleza y sensaciones profundas y armoniosas. Da la sensación, al leer a la autora. que nos habla desde un idioma viejo, antiguo y lejano, un idioma que hemos olvidado y que poco hemos sabido traer hasta la contemporaneidad. Pienso en aquellas primeras pinturas en las cuevas, como pienso en esas primeras lenguas habladas por los hombres. El idioma de María es un idioma hecho de intuiciones, de señuelos, que solo podemos leer si abrimos nuestro interior al interior mismo de la autora; y es que Misericordia es un libro para dialogar con nuestro lado más visceral, más instintivo. Creo que Sotomayor usa ese lado, su lado más puro, para traernos esa belleza y esas heridas que son difíciles de hablar de otra manera. La autora escribe poesía porque es en la poesía donde lo que es nombrado es aquello que no se puede nombrar. Las palabras y los significados son certeros, pero a la vez también son espejos. «No encontrarás aquí perdón / solo un par de dioses doblados por el aire.» La imagen que reflejan las palabras, es como la de esos paisajes interiores de los que nos habla Denise Levertov. Hablan de la experiencia interior, exploran el sentido de lo intrínseco de la vida, como la sangre, líquida, explora nuestro cuerpo. La sensación es llevada al habla, a la palabra.
Pareciera que los dioses conjuran a María. Pareciera que de lo que nos habla María, son los propios dioses hablando de la vida, de la luz que nos traen y que asimismo nos hiere. Ella es un canal, una receptora de la luz, que se refracta en ella misma, que se da luz a sí misma y conjuga las palabras para darnos luz a nosotros, también. La autora hurga y hurga y hurga, no puede hacer otra cosa aquí. Creo que quien hurgue en sí mismo comprenderá estas palabras, este idioma lejano, olvidado.
Salgo de este libro como se sale de un cuerpo —siempre salimos del cuerpo al soñar. Desprendida de lo que no sirve, curiosa y con mirada de afecto hacia aquello que sentimos, hacia aquello que creímos olvidado.
«Sería salvaje decir que he comprendido la suavidad del aleteo de los gorriones con los dedos como huesos secos tiesos desparramados y el retorcido centelleo en la cabeza es cada vez más limpio
hurgar en otro dolor es la mayor crueldad de los vivos.»
«La palma de la mano abierta con los dedos separados y ahí en medio el último acto de una obra de teatro como una ventana abierta.«
Misericordia, de María Sotomayor, es un poemario que me ha acompañado durante bastante tiempo. Lo he ido leyendo poco a poco, dosificándolo. Lo he utilizado como reflexión, pero sobre todo, como inspiración.
En él se ha concebido el perdón. Lo he absorbido como un canto a la pena, pero también a lo hermoso de dejar paso a lo nuevo, como un abordaje a lo que se cuida para que sane y que, al curarse, cambia.
Su amplitud lo convierte en un estudio, en un ensayo poético. Que abarca temas que envuelve hasta ahogarlos y secarlos.
Habla así: “Cayó la tarde como lánguidas camelias que se cortan/ sobre una mesa de cocina”; “soportando este cierre tan feroz e invisible a los pájaros/ que quedaron/ ciegos del resplandor”; “después/ obedecí al no salgas a la luz del alba/ la locura no perdona cuando el amor se hace oscuro”; “si me arranco dos costillas/ y planto un níspero en el jardín fingiré que no lloré los/ malos modos/ de los hombres buenos/ amé hasta la sed/ nadie me salvó”; “supongo que no entiendes qué digo si no lo hago llorando”.
Como un rayo, después de su lectura, toca medir la distancia a la espera del estruendo.
Lamentablemente, no lo he disfrutado. Quizá no era el momento, quizá no he entendido nada... no lo sé. He de decir que me desagrada mucho la manera en que los versos se distribuyen en la mayoría de este poemario. Se me dificultaba mucho leer (me costaba hilar una frase detrás de otra) y terminaba siendo frustrante. Esta parte ha sido más problema mío que de la edición en sí, que entiendo se ha intentado hacer algo innovador (y para mí por desgracia no ha funcionado). También, y no sé si a raíz de esto, he sentido todo el tiempo indiferencia y que no estaba recibiendo ningún tipo de mensaje. Había versos dentro de un mismo poema que no tenían ningún tipo de relación entre sí; los signos de puntuación no me ayudaban tampoco a tratar de darles un sentido... Algún poema suelto sí me ha gustado mucho, pero desgraciadamente el sentimiento general con este poemario, para mí, es negativo. 💔
No lo digo como algo negativo sino como un hecho: no me he enterado de qué va el poemario. De todos sus libros este es el que más me ha costado comprender (y creo que no me he enterado de ná) y por eso el que menos me ha gustado, pero qué bello escribe Sotomayor 🩵
uf es demasiado confuso siento que cada verso es una imagen completamente diferente al anterior y al siguiente, puedo abstraer frases bellísimas pero enseguida me vuelvo a perder, quizás haya sido el momento erróneo para este poemario😔
Me he perdido un poco en sus páginas. Hay un halo de misticismo que apenas he rozado. Tiene poemas muy buenos pero creo que simplemente lo he leído cuando no tocaba