¿Habrá algún sitio en el universo en perfecto silencio? ¿Dónde? Aquí no hay silencio, un ruido surge atrás del ruido, un ruido parecido a una serpiente interminable. Nunca acaba. Cuánto ruido.
En el imaginario colectivo tapatío pocos asuntos tan nebulosos y dolorosos como el acontecido el 22 de abril, el funesto abril del '92. Ya lo decía T.S. Eliot: April is the cruellest month, breeding. Lilacs out of the dead land, mixing. Memory and desire, stirring. Dull roots with spring rain. Esta no es una tierra baldía, aunque lo cierto es que a veces se sienta así. La novela acompaña a un personaje que es la epítome del abandono despiadado en las grandes ciudades. La indiferente mirada del ciudadano ensimismado.
La ciudad es una máquina inmensa productora de humo, cuya respiración maquila y pulveriza los anhelos y la vida de sus criaturas.
Tiene pasajes que son demoledores y, sin duda, te transportan al grisáceo y destartalado primer cuadro de la ciudad, y provoca imaginarlo a inicios de los noventa. Casi treinta años. Y es en el dolor y la tragedia de un solo hombre, uno solo, en el que se puede extraer los dolores de todos los demás. Sigmundo Palacios. Lamentablemente, a veces se llega a perder el ritmo con una prosa saturada de imágenes, donde los adjetivos en lugar de ayudar, entorpecen. Aun así, le doy un valor especial por saber las complicaciones que el autor pasó al tratar de publicarla. La censura priísta que tanto daño le ha hecho a este país, y en este estado, los gobiernos panistas son el lastre de una sociedad mocha y desinteresada por los otros. No es solo la historia de un hombre o la humanidad expuesta, es el de una ciudad acorazada y frágil por igual. Vapuleada, desangelada y dolorosamente triste. Mi ciudad. (Se me viene a la mente Zhao Liang con su desgarradoramente poderoso "Behemoth", donde al final, cuando los obreros caminan y mantienen bella una ciudad impoluta y fantasmal poblada por los anhelos de la élite, el mismo Liang nos denuncia, con un aire resignado y poético, a todos nosotros como cómplices pasivos del monstruoso sistema: and yet, this is no dream, this is who we are. We are that monster, the monster minions.)
Este asunto me parece letal por incomprensible. Si nada en absoluto está concluido, nada, ni la muerte misma, debemos ser una especie de obreros imperturbables, absortos en su labor expansiva e infinita; es justo ahí donde los hijos de la miseria se rompen la cerviz de su humanidad. Es el bajo reino de las moscas y la desesperanza.