—Hola. No estaba seguro de que quisieras verme. —Que estés aquí no significa que quiera verte. Tú eres el que ha venido. Cuéntame, ¿por qué estás acá? —Bueno, ya sabes. Me gustaría poder leer las cartas que le envió mi abuelo al tuyo. —Eso ya me lo dijiste. Lo que quiero saber ahora es ¿por qué estás acá?, ¿por qué has viajado desde Chile hasta Hiroshima?, ¿qué es lo que estás buscando?
«Un nieto emprende un viaje en busca de la historia que encierran las últimas palabras pronunciadas por su abuelo: “Hiroshima, Hiroshima”. Un desplazamiento geográfico cuyo destino será un paisaje interior, un Japón a la medida, desde el cual observar los frágiles mecanismos que movilizan y sostienen la vida». María José Ferrada
«Una novela sobre la herencia familiar y los fantasmas que habitan al otro lado del planeta. Una tragedia anticipada por un grupo de niños que, diez años antes, en una escuela de Hiroshima, dibujaron, sin saber de qué se trataba, el hongo atómico que barrería con todo. Una historia conmovedora, escrita con precisión: Marcelo Simonetti ha vuelto». Patricio Jara
Uno de los libros más bellos que he leído en el 2020. Me costó separar la ficción con la realidad. La reseña completa la escribí para el blog de Japonistas Chile:
El abuelo no había sido un japonés tradicional. Los años en Valparaíso terminaron por convertirlo en un personaje distinto, una especie única, difícil de asir. En sus modos se escondía un aire minimalista, tan propio de sus compatriotas.
Yasuhiro siempre tuvo la sensación de que, mezclado entre la gente, su abuelo buscaba algo parecido a una respuesta, la pista de un rompecabezas que no podía armar del todo.
Los Nakata no tuvieron tiempo de compadecerse de la suerte de sus compatriotas; tampoco de la propia. Entendieron que había solo dos caminos: huir, iniciar una nueva vida en otro lugar, o dejar de honrar la memoria de sus antepasados. Por el bien de ellos, por el bien de sus hijos, prefirieron el olvido.
¿Por qué nunca me hablas de Hiroshima?, ¿por qué nunca me mostraste estos poemas?, ¿por qué nunca nos dimos el tiempo de conversar todo un día, toda una semana, todo un mes?, ¿por qué te fuiste abuelo?
Pero acá están tus raíces, las calles que te vieron crecer, el aire de la infancia, la materia prima de tus emociones y afectos.
En las semanas siguientes, Yasuhiro buscó más información sobre Hiroshima y sobre los orígenes de la familia Nakata. Incluso fue hasta la Embajada de Japón, en Santiago. Todo resultó en vano. Era como buscar un grano de arena en el desierto; si al menos hubiera sabido qué era lo que quería encontrar.
Si el beso es un viaje en cámara lenta, largo y húmedo, el sexo es la aventura mayor, el viaje de los viajes. La vuelta al mundo.
En las palabras está el secreto de todo. No solo denotan y connotan. También nos movilizan, nos doblegan, nos provocan hacer algo. Ahí reside su importancia mayor.
Solo debemos estar atentos para saber cuándo una historia a la que pertenecemos toca a nuestra puerta.
La herencia oriental se había atenuado en los rasgos de Yasuhiro Nakata. Hasta la forma de sus ojos cedió terreno a los genes sudamericanos.
Las palabras que salían de su boca eran incomprensibles. Lamentó nunca haber aprendido algo de japonés. Intentó aguzar el oído, pero fue imposible. La lengua era parte importante de la identidad de un pueblo. Por unos segundos recordó al personaje de Bill Murray en Perdidos en Tokio.
Imagina que otro Ryu Nakata permaneció en Hiroshima en el mismo momento en que su abuelo se fue de Japón. ¿Y si lo encuentra ahora?, ¿qué hará si eso ocurre? Piensa que a veces su imaginación se sobrerrevoluciona.
Pero por ahora la memoria referida a su abuelo, y sobre todo aquella que lo conecta a Hiroshima, es una caja vacía, un repositorio que Yasuhiro no sabe si una vez que acabe su travesía podrá ser llenado.
El viaje era largo, así que Yasuhiro tuvo tiempo de pensar en la familia Nakata, en esos hombres y mujeres que tenían algún lazo sanguíneo con el abuelo. ¿Habrán sobrevivido?
Era evidente que Satoru ignoraba lo que Yasuhiro estaba viviendo. Cómo podía saber que detrás de ese recorrido turístico se escondía un viaje emocional de dimensiones inciertas.
No sé muy bien qué estoy haciendo acá, pero cuando camino por estas calles el recuerdo de mi abuelo parece más vivo.
¿Por qué no me puedo arrancar Hiroshima de mis recuerdos? No pienses que no me gusta Valparaíso. De hecho, me encanta: su ritmo, su gente, la proximidad del mar, las calles en los cerros hechas para perderse. Su cielo a la hora del crepúsculo.
Pero hay días en que me sigo sintiéndome como si fuera extraterrestre. Como alguien que está viviendo una vida que no le pertenece del todo. Entonces me gobierna una sensación extraña, una sensación parecida a quien se da cuenta de que ha malgastado su tiempo, la convicción de que tal vez no es esta la vida que debí haber vivido...
Mi abuelo decía que en tu tierra la gente no estaba contenta con lo que era. Que siempre estaban aparentando. Que buscaban la felicidad en grandes almacenes y compraban cosas inservibles en vez de alimentar su espíritu. Que no les gustaban los inmigrantes.
Admítelo, vienes de un país lleno de bichos raros.
¿Cómo es posible que pueda nombrar e imaginar infinitas comidas que nunca nadie me ha enseñado y que ni siquiera sé que existen? Piensa si no es el abuelo quien está pensando por él, quien lo obliga a imaginar las cosas que imagina, el takoyaki, el ramen, el yakitori, o quizá son todos sus ancestros Nakata los que se están saboreando en su cabeza con la enumeración de esos platillos. ¿Acaso la memoria no es otra cosa que la suma de cientos de otras memorias que se heredan de generación en generación animadas en algún gen todavía no descubierto?
Le gusta la idea de habitar la vida recordada y por lo mismo le gustaría tener, ahora, más tardes conversadas con el abuelo, más palabras suyas en su imaginario, haber oído más su risa para volver a ella las veces que hubiera querido. Recordar a alguien es también una forma de conversar con él, piensa.
En el sueño, Akiko caminaba por los cerros de Valparaíso, bebía ceveza en el Roma y se acodaba en la baranda del muelle a ver cómo las lanchas se mecían sobre el agua.
El amor puede ser eso: escuchar el sonido de un corazón que palpita. ¿Cómo se llamaría el libro de su historia con Akiko? Amor a la japonesa, Hiroshima/Valparaíso o los nietos tras el secreto de Natsuki.
Te equivocas. No toda la gente escribe lo que nosotros escribimos. Nuestros abuelos, cartas. Tú, historias. Yo, haikús.
Los niños de la escuela han aprendido a escuchar los haikús. Les he dicho lo que tú me enseñaste alguna vez: que no importa tanto el kigo ni el kireji. Que lo que de veras importa es saber hurgar en ese cuarto verso no escrito, en esa línea ausente, que solo así es posible llegar al corazón de haikú.
A veces he tenido el deseo de asomarme a la ventana y gritar que puedo arreglármelas sola, que no necesito a nadie más. Peleo contra la vida, contra este orden de cosas y grito, grito mucho, siempre en silencio.
Si me pides una diferencia entre ellos -los occidentales- y nosotros, te diría que viven a espaldas de la naturaleza. No entienden o nadie les ha explicado que, cuando ellos mueran, la montaña seguirá ahí, lo mismo que los ríos, el cielo y el viento que sopla desde el este.
¿A qué sabe la angustia?, ¿de qué color es la incertidumbre?, ¿si pudieras pasar la mano por el pelaje del miedo a qué se parecería?
Hay un refrán que dice que quien quiera volver a Hiroshima debe besar a una joven japonesa en una noche de luna llena y en mitad de un puente.
Los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan ahí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar.
Hay días en que pienso que la correspondencia que mantuvieron durante tantos años terminó convirtiéndose en un puente entre Hiroshima y Valparaíso, un puente que ellos levantaron para que otros puedan cruzarlo.
¿Será esto vida?, se pregunta Yasuhiro. ¿Será este desencuentro permanente entre lo que uno persigue y lo que alcanza?
A lo mejor ese es justo el problema: las expectativas. No hay que esperar nada, atender lo que lo rodea y punto.
No somos nosotros los que elegimos las historias; son ellas las que nos eligen a nosotros porque, en el fondo, somos nosotros los que les pertenecemos y no al revés.
Todo pasaba por encontrar una hebra y tirar de ella para que la historia pudiera salir limpia y completa.
Quien lo hubiera visto encerrado en el departamento de Satoru leyendo de manera febril pudo haberlo tomado por loco. No probó alimento. A lo sumo acompañó la lectura de esos libros con algo de sake.
Disuadido por Akiko, se convenció de que no había mejor forma de poner punto final a la historia de los niños y el dibujo de la bomba que escribir una ficción que resolviera el enigma. Frente a la incertidumbre, una verdad impostada.
Me refugio en los libros. Me refugio en las historias que me llevan lejos de este tiempo, de este presente.
Mientras tanto leo; Koichi también. Es la única forma de no pensar, de no sentir miedo.
Lo bueno de los libros es que además de contener un mundo están llenos de disparadores. Basta una línea, una imagen, una palabra para que tu mente salga expelida en otra dirección.
Un libro que ha dejado una profunda impresión en mí, y me siento honrada de que esta magnífica obra haya sido escrito por un talentoso autor chileno. La calidad de la escritura es excepcional, y el impacto emocional que provoca es notable. Cada página tiene un detalle que toca el alma y el corazón, brindando una experiencia literaria verdaderamente enriquecedora.
El autor ha logrado captar la esencia de la tragedia de Hiroshima con una destreza narrativa que se aprecia profundamente. La habilidad con la que el libro explora el sufrimiento y la esperanza, demuestra un gran talento y una gran empatía hacia los temas tratados.
Sin embargo, no puedo evitar mencionar que, a pesar de lo conmovedora y bien escrita que está la obra, el libro no proporciona detalles claros sobre el vínculo entre los suicidios y los dibujos, lo que dejó un vacío en la comprensión completa de los eventos descritos. Esta falta de claridad sobre cómo los dibujos podrían haber llevado al suicidio es un punto que me dejó con interrogantes. Mi especulación personal es que la exposición a los dibujos pudo haber contribuido a un estado mental debilitado, pero la ausencia de una explicación definitiva por parte del autor es un aspecto que resta al impacto total del libro.
Adicionalmente, el misterio en torno a la reserva del abuelo respecto a su experiencia en Hiroshima y su decisión de no compartir esos detalles con su nieto me resultó intrigante. Aunque entiendo que el dolor personal podría haber sido un factor, la falta de una explicación más profunda sobre este silencio añade otra capa de ambigüedad. Asimismo, la decisión del profesor de revelar detalles mediante una carta y hacerse el desentendido en persona también queda como una incógnita.
A pesar de estos puntos de duda, Dibujos de Hiroshima sigue siendo una obra notable y memorable. La emotividad, la profundidad y la habilidad narrativa del autor son dignas de admiración. La historia no solo es un testimonio conmovedor de un capítulo doloroso de la historia, sino que también es una experiencia literaria que resonará en el corazón de los lectores durante mucho tiempo. Agradezco sinceramente al autor Marcelo Simonetti por brindarnos este libro tan emotivo y bien escrito, que es una contribución valiosa a la literatura. Sin lugar a dudas, volveré a leer otra de sus obras.
“Mi abuelo decía que en tu tierra la gente no estaba contenta con lo que era. Que siempre estaban aparentando. Que buscaban la felicidad en los grandes almacenes y compraban cosas inservibles en vez de alimentar su espíritu. Que no les gustaban los inmigrantes. Que no creían en Buda. Que no usaban la bicicleta. Que no comían con palitos. Admítelo, vienes de un país lleno de bichos raros.”
"¿Por qué nunca me hablas de Hiroshima?, ¿por qué nunca me mostraste estos poemas?, ¿por qué nunca nos dimos el tiempo de conversar todo un día, toda una semana, todo un mes?, ¿por qué te fuiste abuelo?"
Dibujos de Hiroshima trata sobre un joven chileno-japonés que se embarca en un viaje hacia Hiroshima, luego de encontrar unas cartas tras la muerte de su abuelo. Es una historia intrigante con reflexiones interpuestas, pero jamás se sienten fuera de lugar.
"Solo debemos estar atentos para saber cuándo una historia a la que pertenecemos toca a nuestra puerta."
Es uno de los mejores libros que me he leído este año. (Y no, no soy objetiva pero no me importa).
"¿A qué sabe la angustia?, ¿de qué color es la incertidumbre?, ¿si pudieras pasar la mano por el pelaje del miedo a qué se parecería?"
Hermosa novela, al principio pensé que iba ser una lectura algo liviana y me sorprendió enormemente como me ví envuelta en el relato y como todo se fue acomodando. La recomiendo mucho, sobre todo para reflexionar en torno a lo humano y lo que somos capaces de hacer por amor pero también lo que el hombre ha sido capaz de crear y destruir.
Cuando se publico este libro lo que más llamó mi atención fue su portada y me dieron muchisimas ganas de leerlo y conocerlo, de hecho creo que lo compré al poquito tiempo que salio y no entiendo porque postergue tanto esta lectura. No quiero contar mucho de que se trata el libro, yo lo leí sin conocer muchos detalles y creo que eso fue lo que me hizo disfrutarlo más así que solo diré que el libro narra la historia del viaje de Yasuhiro a Hiroshima. Tras la muerte de su abuelo Yasuhiro decide viajar desde Valparaiso a Hiroshima para conocer los orígenes de su abuelo, pero el realmente no esta seguro de que es lo que esta buscando en esta ciudad, ni cuento tiempo tardará en encontrarlo.
No tengo palabras para describir lo mucho que disfruté este libro, la pluma del autor me atrapó desde la primera página. La historia sin duda llegó a mi corazón y definitivamente se volvió uno de mis libros favoritos. Me gustó mucho la forma en la que nuestro protagonista se conecta con su abuelo durante el viaje y la manera en que el autor nos va introduciendo poco a poco en esta historia y como, junto a Yasuhiro, vamos conociendo los motivos de su viaje y descubriendo que es aquello que esta buscando. Creo que es imposible no sentirse conectado con este libro. Se tocan temas como la identidad, migración, muerte, vida, destino, entre otros de una manera preciosa y emotiva, nos invita a reflexionar sobre cosas que son muy importantes y que muchas veces se nos pasan por alto. Fue bonito conocer un poco más de Hiroshima a través de esta lectura, conocer sobre su cultura y creencias, me dieron muchas ganas de leer más libros así. Además nos muestra un mundo que es muy diferente al nuestro y lo desgarrador que fue vivir y presenciar la bomba atomica, que sin duda dejo huellas que acompañaran para siempre la vida de sus habitantes. Es un libro realmente hermoso, que merece una oportunidad, así que esta más que recomendado. Además estoy segura que quedaran maravillados con la pluma del autor, yo definitivamente quiero leer más de sus libros
La idea de hablar de descendientes de japoneses en Chile, y el choque cultural que debió ser. Es muy atractiva. El hilo de la historia, es rápido, para llegar al momento dónde el título toma sentido en la historia. Me gusta las referencias de escritores, lugares históricos, memoriales, chilenismos hacen que sea divertido y ameno leerlo. El hecho de plantear la idea de "buscar quienes fueron nuestros familiares" y dado que con ellos, estamos donde estamos saca a la luz esas historias que traen nostalgia.
Lo menos atractivo del libro si las partes dónde entí que "conveniente" es tal situación. Eso se me hizo menos atractivo. Si lo miras, como un libro con una buena historia, bien. Pero de haber tenido un mejor desarrollo de la parte de lo que representa "el ser japonés" hubiese sido magnífico. Sentí que todo personaje, era un Chileno y no sentí esa representación, que me hiciera creer algo diferente.
Para mí, el final del libro y el giro que tiene, hace que se haga un libro que recordas con cariño.
⛩️Se nos cuenta la historia de Yasuhiro un joven estudiante de periodismo que vive en Valparaíso y que tras el fallecimiento de su abuelo, se comienza a cuestionar la vida de él al encontrar unas cartas sobre su vida antes de Chile.
⛩️Yasuhiro, es un personaje lleno de curiosidad y que busca la aventura. Su instinto periodista lo lleva a realizar un gran viaje en qué, al finalizar el libro, se hace notar una gran evolución en su persona y en su identidad.
⛩️La trama está llena de misterio y envuelve al lector en la búsqueda del personaje en Japón. Así también, el amor está presente en todos los idiomas y es que el abuelo dejo más que cartas sin respuestas.
⛩️Cómo se indica en la sinopsis, el libro utiliza la bomba de Hiroshima como la conexión central. Se explica fluidamente y de a poco durante todo el libro. Es un tema duro, pero interesante y necesario de explorar.
⛩️El libro es muy preciso y fluye rápido. Está contado en tercera persona y es perfecto para un fin de semana.
⛩️ Confieso que compre el libro al azar, no estaba en mis listas, pero me alegro de haber llegado a él porque la historia se me hizo muy bonita y logré empatizar con el dolor que se relata.
me gustó mucho el libro...al principio me hacia querer buscar la historia de mis propios abuelos... y luego a medida que avanzaba queria saber mas de la historia y como el puzzle que tenía Yasuhiro en su cabeza iba tomando forma. No se gano las 5 estrellas sólo porque me falta...saber más..que pasaria con yasuhiro después de ese final y todo...me dejo con muchas dudas... pero sin lugar a dudas es un libro que recomiendo
Bonito libro que habla un poco de la cultura japonesa y su contraste con la chilena. Destacable cómo se expresa la contemplación y la valoración del silencio (y el vacío) en aquella cultura. También me gustó la muestra de lo que se vivió por la bomba en Hiroshima, tema del que no conocía mucho previamente. Siento que hizo falta un hilo conductor que le diera más credibilidad a la historia detectivesca que vive el protagonista.
eee en general el libro estaba muy bien escrito, era muy lindo de leer, pero en si la historia era muy atrapadora, aunque me costó conectar con los personajes
This entire review has been hidden because of spoilers.