L’anell de la Irina és el relat de diverses passions: la de l’amor de l’Alexandre, el jove protagonista, i del seu pare, un prestigiós violinista, per la mateixa dona, la Irina, una noia d’ascendència russa que coneixen un estiu en un petit poble de Sòria. També la del descobriment progressiu i enlluernador d’un país —Rússia— a través de la seva literatura. I, sobretot, és la història del camí que en la vida de l’Alexandre condueix a la maduresa i a la independència.
Cada día tengo más dudas acerca de quién diablos es Care Santos. Si es la misma insulsa que todas las mañanas me mira desde el espejo del baño o es esa que, de vez en cuando, hace algo que merece la atención ajena. La atención de gente de fiar, quiero decir.
Cronológicamente, ambas estamos muy puestas de acuerdo desde antiguo: más de cuarenta años ya de coincidir en todas partes: en las mismas calles, y cines y teatros y restaurantes, en aquella facultad de Derecho donde ambas nos aburrimos tanto, en la misma playa de Malgrat, en el mismo periódico barcelonés de los primeros tanteos con la palabra, en los mismos cuerpos amados, en las mismas amistades que compartimos.
Pero hay entre nosotras abismos que nos separan cada vez más: la que me mira desde el espejo nunca se atrevería a opinar, ni a levantar la voz, ni a subir al escenario. Es la que admira desde la pequeñez, y ordena por colores y tamaños sus admiraciones, se emociona con la palabra ajena y deletrea nombres a quienes sabe que jamás podrá alcanzar. Es la que teme por todo, la permanentemente hiperestésica, la acomodaticia, la que no es nunca tan feliz como entre fogones, cocinando un arroz o inventando un pastel de chocolate. Es la que cree los ojos de sus hijos poblados de pequeños milagros, la que aspira a plantar un limonero en tierra propia y verlo crecer, la que es capaz de extrañar durante años, la que entiende, tristemente, que los ideales no existen para ser cumplidos. La odiosa.
La otra es mujer de mundo y jamás se siente extraña en ninguna parte si lleva consigo un cuaderno y un amigo. Tantas veces la han seducido tierras lejanas y acentos extraños que ya no podría entenderse sin ese aprendizaje de la soledad que tanto tiene que ver con la escritura. Sabe ser incómoda y respondona, aunque no siempre lo hace. No se resigna a mirar la función desde lel patio de butacas, porque ha descubierto que en el escenario se siente como en casa. Ante el blanco del papel siempre trata de matar al padre, pero nunca sabe si lo consigue, y por eso sigue intentándolo. Apunta alto, ambiciona, trabaja, se rebela y todavía cree que hay ideas que algún día salvarán al mundo.
Las dos se hacen préstamos sin cesar, ambas están en deuda con la otra. Entre las dos, a partes iguales, han escrito algunas cosas, han salido en los periódicos, han subido a algunos escenarios. Nos odiamos. Tanto como lo hacen los que se necesitan.
Un chupito de vodka por haber terminado a tiempo la lectura del instituto. 🍺 Otro chupito porque el libro me ha gustado bastante.🍺 La historia es cercana, ágil y con bastante salseo del bueno, del que engancha especialmente a un público juvenil (y a los no tan juveniles, que aquí no nos engañamos). (Por cierto, el personaje del padre me parece un asqueroso, y no he logrado llegar a entender lo más mínimo a la madre).
Me parece, además, un libro perfecto para alumnos con curiosidad y verdadera pasión por la lectura. Tiene ese efecto contagioso tan difícil de conseguir: terminas queriendo leer los libros rusos que devora el protagonista, aunque sepas que Tolstói (siempre lo he llamado Tostón...) no es precisamente lectura ligera para una tarde de domingo. Con este libro, casi sin darte cuenta, vas acumulando conocimientos generales muy interesantes sobre la vida de autores como Dostoyevski o Chéjov. Eso sí, confieso que en más de un momento me quedé con la duda existencial de si lo que estaba leyendo era información real de la vida de los escritores citados o algo inventado por la autora. (Después de este libro, sin duda voy a sumar a mi TBR las clases de literatura rusa de Nabokov) Otro de los grandes aciertos del libro es el juego con los títulos de los capítulos. El recurso de titularlos con la última frase del capítulo anterior y arrancar el siguiente repitiendo esa misma palabra me ha parecido original y muy bien resuelto.
Este libro trata de Álex, un chico de 17 años, que se va a un pueblo de Soria con su padre, porque le diagnostican tuberculosis y el médico le aconseja cambiar de aires e ir a un sitio con poca contaminación, como lo es una ciudad. La otra razón es que sus padres se llevan muy mal porque su padre es un mujeriego y debido a su carrera nunca ha estado en casa para su hijo y su mujer. Me ha gustado mucho este libro, por el tono tan frio del narrador, que es Alex, y de la manera en la que lo vemos crecer y convertirse en un escritor. Me he sentido en muchas cosas identificada con él. Pero este libro no solamente trata de la historia de Álex, sino que también trata de Rusia, más bien e sus autores. Y esto os puede gustar o no. A partir de más o menos la mitad del libro, la historia de los personajes se va intercalando con la historia de los autores rusos cuyos libros Álex está leyendo. Si os gusta la literatura rusa y saber más sobre sus autores, os puede gustar. Pero si lo miráis desde el punto de vista, de que se podría haber profundizado más en la historia y que de alguna forma, es bastante fácil buscar sobre la vida de un autor y hacer un resumen, y ya tienes un capítulo más, puede que no os guste. El libro es muy cortito, y aunque conoceremos bien a la mayoría de los personajes, se echa de menos saber algo más. Hay un descubrimiento al final del libro, que podría haber sido mucho más interesante y apasionante. pero ha sido como un resumen de lo que ha sucedido. Luego está la parte en la que desde un buen principio ya sabes como va a acabar la historia. Y no se deja correr la imaginación hasta el final. Creo que hubiese sido más emocionante no saber lo que iba a suceder, con quien Irina se iba a quedar o no, hasta el final del libro. El triángulo amoroso podría haber dado mucha más chicha. Pero aún así es un libro juvenil, fácil de leer e ideal para personas que están empezando a descubrir el mundo de la literatura. Te hace querer leer los libros rusos que Álex se leer. Y como conocimientos generales, al final acabas sabiendo más cosas, y muy interesantes, sobre autores como Tolstoi, Dostoyevski, Chejóv... Y para terminar me ha encantado la dinámica de llamar los capítulos con la última frase del anterior, empezar la primera frase del siguiente capítulo por la misma frase o palabra. Me ha parecido muy original.
Por desgracia, tengo la molesta creencia de que el primer libro del año no me gustará nunca, corroborada por lo que me ha pasado con El Anillo de Irina.
El libro trata de un chico, Alex, que se retira con su padre, un violinista que ha sido infiel a la madre de Alex repetidas veces, a un pueblecito de Soria para recuperarse de la tuberculosis que sufre. Allí conoce a Irina, una traductora con ascendencia rusa que siente gran apego por sus raíces, especialmente por la literatura. Alex quiere convertirse en escritor, y su estadía en el pueblo lo ayudará a cumplir su sueño.
Comenzaré hablando de la autora. Care Santos es un fantasma que lleva persiguiéndome desde quinto de primaria. Desde entonces, cada año me leo un libro suyo impuesto por la programación del colegio. No es que sea una mala autora; de hecho, en muchos casos es un referente en escritura para mí; pero no me suele gustar el romance, y más cuando he leído otros muchos libros parecidos a este, también por obligación.
Si ya de por sí me cuesta tratar a los libros del colegio como una lectura amena, de desconexión (me siento muy presionada y bloqueada cuando se me impone un libro), me cuesta aun más que me atrape una historia de un género que no me gusta. Tiene que ser un romance muy bien construido, atrapante y con buenos personajes para que me guste; y, según mi punto de vista, el libro no cumplía con ninguno de los requisitos. La trama no era profunda para nada, muy lineal, y no he conseguido conectar con ninguno de los personajes.
Sí que debo destacar como positivo los capítulos que trataban sobre los distintos autores rusos y su historia, ya que te deja entrever la situación que se vivía en Rusia durante el régimen comunista desde el punto de vista literario, cosa que me interesa enormemente (aquí una aficionada a la historia).
Recomendaría el libro siempre que os guste el romance o la autora, ya que este libro tampoco difiere mucho de sus otras novelas. Siento que tal vez la reseña ha sido muy negativa, no quiero cortar a nadie de probar de leer el libro o comenzar con la autora, pero sí que debo advertir que estoy un poco harta de que se me haga leer algo con lo que no disfruto.
Libro entretenido, aunque hay partes en que quizá se profundiza demasiado en la literatura rusa y la historia de sus escritores. Me habría gustado leer algo más acerca de los protagonistas en sí, que están delineados solo con pinceladas. Me cuesta creer que alguien sea capaz de leer un libro diario (de un escritor ruso ni más ni menos) y no haga otra cosa en su día a día, sobre todo si hablamos de un adolescente. Por lo demás, la labor de documentación me parece brutal.
Este libro me ha gustado bastante y he podido disfrutar otra vez de leer a esta autora, ya que leí otros dos libros suyos [MENTIRA Y VERDAD] y tuve una oportunidad de conocer a la autora y que me firmase VERDAD. Este libro lo recomiendo muchísimo, es cortito y te engancha mucho el libro, he disfrutado bastante de esta lectura y me he enamorado de muchos fragmentos que aparecen en el libro. 4/5⭐