«Acabo de terminar mi serie de pinturas, las miro mucho. Yo mismo, que las hice, las encuentro a veces horribles. Sólo las comprendo a ratos, mucho después de haberlas realizado, cuando las perdí de vista, un día en que estoy bien dispuesto y bastante indulgente para con el pobre pintor. A veces tengo miedos horribles de dar vuelta a una tela. ¡Siempre temo toparme con un monstruo en lugar de las preciosas joyas que creía haber hecho!... No me sorprende pues, para nada, que en Londres los críticos me pongan en el último lugar. ¡Ay! mucho me temo que sea demasiado cierto. Sin embargo, tengo momentos en que, verdaderamente, siento un gran alivio al hallar ciertas cosas honestas y muy en mi carácter. Es mi vida. ¡Qué me importa el resto! Cuando uno hace una cosa con toda su alma y todo lo que tiene en sí de más noble, siempre encuentra un alma gemela que lo comprende; no es necesario que sea toda una legión. ¿No es eso todo lo que debe desear el artista?»