Hacía mucho tiempo que no tenía tantos problemas con un libro.
Si la lectura me ha parecido farragosa, en ningún momento he conectado con la escritura de Bernanos ─es cierto que es un panfleto-alegato─, no quiero imaginar cómo habrá sido la experiencia de alguien que se adentre en el libro, movido por la sinopsis, y no esté familiarizado con la Europa ─y en especial Francia─ de fines del XIX y primeros cuarenta años del siglo XX. Rotundamente se puede afirmar que de ninguna manera la barbarie que se desató en Palma de Mallorca a inicios de la Guerra Civil, en mi caso la razón de que comenzara la lectura de la obra, sea el eje de la obra. Ocupa un espacio secundario. Él presencia horrorizado estos episodios de brutalidad, pero utiliza la guerra civil española como pretexto y paradigma de la decadencia, el vagar y, finalmente, la vorágine de violencia que vive Europa ─Bernanos combatió en la Primera Guerra Mundial─. Creo que un ejemplo claro de esto que expongo sea el hecho de que comienza a ¡contextualizar! el momento político que vive España en la página 60 y comienza a explayarse sobre su vida en la isla en la ¡página 72! Esto es un verdadero problema; su testimonio, repleto de desazón ante la inhumanidad y, en especial para él la enorme tristeza que le causó la respuesta de la Iglesia a los crímenes cometidos, son sólo unas páginas del texto.
No soy quién y pocas veces he hecho público mi calificación sobre la escritura de un autor/a. Realmente Bernanos tiene una escritura que no hay quien la entienda; una mezcla de, como él mismo hacía, conversación de barra de bar con lírica grandilocuente. Un divagar extraño. Y mira que uno ya tiene un cierto bagaje y no soy un lector que rehúya de la complejidad. Pero es que hay formas y formas de escribir un alegato. E insisto: en ocasiones, tenía gran dificultad para seguir la lectura siendo un buen conocedor, porque es a lo que me dedico, de la cronología histórica que atraviesa las páginas del libro de este escritor francés. Es un libro muy de su tiempo, pero a mi parecer 'Los grandes cementerios bajo la luna' no ha resistido bien el paso del tiempo ─sí, sé que en Francia es un libro que goza de buena estima─. No tengo inconveniente de que sea una obra profusa con los avatares del momento, ya que si me acerco a un escrito que fue actualidad de su tiempo es lo que busco: una cierta aproximación a un momento histórico. Estoy habituado a este tipo de libros, pero, simplemente, no ha sido una lectura provechosa para mí; no he obtenido grandes ideas o respuestas, y eso, por suerte, no pasa con múltiples obras que encuadraría como equiparables a lo que pretende hacer aquí Bernanos.
Bernanos muestra un hondo compromiso religioso y 'Los grandes cementerios bajo la luna' son los escritos de un hombre angustiado y decepcionado con personalidades de la Iglesia, política, cultura o sociedad. De admirar su beligerancia contra el fanatismo, la guerra y el odio ─aunque sería conveniente realizar algunas observaciones sobre el propio mirar el mundo de Bernanos─. El autor escudriña la política y sociedad de su tiempo y es alguien sumamente crítico con todos aquellos a los que responsabiliza del momento que vive Europa. Es alguien honesto en lo escribe, que vuelca todo lo que le preocupa y que hace públicas algunas sentencias que imagino que no serían fáciles de asumir y de hacer visibles. No negocia sus valores e ideas, y de ahí que a lo largo de su vida tomara distintas decisiones en su su militar político y civil. De la estructura de la obra ni hablamos: no existe; es un completo desaguisado. El problema es que este libro es una colosal columna de opinión de 254 páginas.
Con todo, no termino de ser del todo justo en la valoración de la obra. Me gustaría reproducir algunas citas que he ido recopilando, subrayando, pero más que fragmentos es un escrito que logra ─en más de una ocasión─ hilvanar toda una serie de páginas y reflexiones meritorias y que, paradójicamente con todo lo expuesto aquí, utilizaría en, por ejemplo, mis clases. Por eso quiero que este reconocimiento sea el cierre de mi reseña.