Poco se le reconoce a esta obra de Manuel Maples Arce la influencia que ejerció en movimientos de vanguardia posteriores a este libro, que pronto cumple cien años. Aquí se encuentra la palpitación creacionista, en esos adjetivos sugerentes. Andamios interiores. Poemas radiográficos es el segundo poemario de Manuel Maples Arce (de 22 años). Publicado por la editorial Cultura, la crítica considera esta colección de poemas como la principal y primera obra estridentista. Inspirado por el Futurismo italiano, ante todo, Maples Arce expone en esta propuesta un rechazo directo con la tradición patriotera que se escribía en el México de principios del siglo XX. De ahí que los estridentistas recurrieran al espacio público para difundir sus manifiestos y rechazar en ellos directamente a la “ranciolatría ideológica” de los valores fundacionales de la literatura y el arte mexicano. En un principio, el estridentismo se presentó como un arte nuevo y joven que entablaba un diálogo crítico con irreverencia y humor. Como reza el Segundo Manifiesto Estridentista, publicado un año después de Andamios interiores: ¡Viva el Mole de Guajolote!
¿Y era una poesía nueva? Ciertamente en México representaba un quiebre con los intereses demagógicos del estado postrevolucionario, aunque los experimentos de Tablada publicados algunos años antes (como Li-Po y otros poemas, 1920) ya desarrollaban, desde el caligrama, una mirada igualmente propositiva. Sin embargo, desde mi punto de vista, el compromiso de Maples Arce con la musa de la modernidad es atractivo y aún vigente. Desde el título, el poeta estridente propone una poética urbana. “La ciudad insurrecta de anuncios luminosos”, en efecto, es su principal inspiración. Al hablar de esta “ciudad algebraica”, el poeta se instala como un flâneur romántico que observa, con una mirada meticulosa, el levantamiento de una urbe flotante donde “por la calle planchada se desangra un eléctrico”.
Del uno al diez: C l á s i c o.