Leer cada uno de los relatos de Nadie extrañaba la luz es como encontrarse con alguien en la barra de un bar y que, a los susurros, te cuente los secretos que lo inquietan. Y que esos secretos queden por días rebotando en tu cabeza.
Una vez más, renovando la tradición narrativa realista que las modas literarias suelen dar por concluida. Segio Gaiteri vuelve a hacer foco en las relaciones de hombres y mujeres comunes de algún barrio más o menos periférico de la ciudad de Córdoba. Y en cada una de esas historias cotidianas, en sus detalles tanto como en sus omisiones, aparece la sensible profundidad que destila la superficie de lo inmediato.
Celebremos estos nuevos cuentos de Gaiteri, que pasan a engrosar algún capítulo más del libro sagrado de los que no creen en nada.
Sergio Gaiteri no sólo es cordobés: hace de Córdoba y sus espacios un personaje omnipresente en su narrativa. La colección de cuentos “Nadie extrañaba la luz” consiste de varios relatos cuyo escenario son las sierras, los distintos barrios y calles de Córdoba capital, y espacios emblemáticos como el dique San Roque. En ese trasfondo, Gaiteri desarrolla historias mínimas de gente común cuyas vidas se ven sacudidas por eventos que no son de gran magnitud para el mundo, pero que dejan profundas huellas en sus protagonistas. El divorcio, la infidelidad, la traición, el distanciamiento entre padres e hijos, la muerte, la violencia doméstica, aparecen en clave minimalista, con un estilo lacónico a la Raymond Carver, pero también con una inmensa carga simbólica. Mis cuentos favoritos fueron “Marcianos” (absolutamente demoledor) y “La última luz del día”. En este último Gaiteri sitúa a un potencial suicida justamente en un dique, como si el espacio físico se hiciera eco de las emociones contenidas y reprimidas que luchan por liberarse.
“La sala estaba casi en penumbra, pero nadie extrañaba la luz, como si los ojos de todos se hubieran acostumbrado y pudieran seguir así, viendo lo que se veía porque las cosas y cada uno se mantenía en el lugar que tenían que estar.” Gaiteri parece sugerir en estas historias que vivimos entre penumbras e incertidumbre, y esa vida es posible porque nos relacionamos a otros que nos definen. Somos parejas, padres, amigos, amantes, y cuando perdemos esas identidades sobreviene la oscuridad y hay que rearmarse para poder seguir adelante. Disfruté mucho esta lectura y la recomiendo!
Cuentos que narran historias simples, de la cotidianidad de las personas protagonistas que permiten darle rienda suelta a la imaginación para saber qué sigue o cómo continúan.