"Marta Orrantia ha escrito una novela hermosa y conmovedora sobre Cipriano, un viejo huraño y difícil que en el peor momento de su vida parece entender que nunca, ni siquiera ante la proximidad de la muerte, es tarde para enderezar el camino".
Santiago Gamboa
Cipriano, viudo hace sólo tres años y casi octogenario, enfrenta la noticia de que Juana, su hija, ha muerto en un accidente de avión. El dolor se multiplica por el hecho de que ella había dejado de hablarle desde hacía un buen tiempo, por razones que él nunca terminó de comprender, o de aceptar, razones que, de todos modos, nunca pensó definitivas.
Las molestias físicas, los olvidos, la somnolencia, la soledad, las rutinas vacías, la conciencia de la proximidad irremediable de la muerte, todas las penurias cotidianas de la vejez son relegadas por una congoja abismal, y no le queda más que esperar la llamada última, en la que le anuncien la entrega de los restos del cadáver. Lo que Cipriano no alcanza a imaginar es que ahí, en esa notificación, se esconde un universo insospechado, nuevas angustias pero, quizás, nuevas alegrías.
Un libro de reflexiones de un hombre en la última etapa de la vida, en donde se enfrenta a la pérdida de sus seres queridos y a las consecuencias de sus decisiones. No pude evitar sentir ganas de que varios conocidos, incluido mi papá y algunos de mis hermanos, lo leyeran.
Cuando el presente te sacude para que revisites el pasado, lo re-crees y procures ponerte en paz con él. Duro y hermoso al mismo tiempo, abre una ventana a mirar a nuestros viejos con amor, esos tesoros que a veces pasamos de largo con la excusa del afán.
Este libro es tan opuesto a la novela anterior de la autora, y sin embargo, es tan maravilloso y bien logrado. Cipriano tiene mucho corazón, es un viejo medio amargado y huraño que recibe un sacudón en la vida cuando su hija Juana, que andaba peleada con él, muere en un accidente de avión. Y además, en esa terrible llamada donde le informan la identificación del cuerpo, le dan una noticia inesperada que le sacude su cotidianidad... Un misterio sobre el que gira todo el libro.
Y para salir de esta duda, Cipriano acude a Néstor, su hermano mayor, su cómplice, su alma gemela. Mientras el libro avanza conocemos esos dolores que cada uno de los hermanos Díaz guarda, esas heridas sin cerrar, sus equivocaciones a lo largo de la vida, a Alicia y a Beatriz, las mujeres de ellos; conocemos también a Hikaru, tan mística como la más tradicional de las mujeres japonesas; y aprendemos perfectamente quién era Cipriano, lo queremos, sentimos su soledad.
Al final hay ciertas pistas que redondean el misterio que el lector ha seguido fielmente con Cipriano, pero también me quedan dudas (y trato de no hacer spoilers) , empezando por la coincidencia de ambos personajes en el mismo avión... ¿Se habían hablado antes? ¿Se conocían? ¿Se iban a encontrar? ¿Cipriano aprendió su lección muy tarde? ¿Qué pasará con la relación de los hermanos? Más que dudas incómodas son ganas de seguir leyendo, de no cerrar el libro y quedarse viendo la vida de Cipriano por un ratito más, porque es inevitable enamorarse de él.
Los buenos libros, para mí, son los que lo dejan a uno pensando. Tanto en la historia que terminó como en los cabos sueltos que puedan quedar. Cipriano es así, es un hombre que necesita un abrazo pero también una sacudida de hombros. Y esta obra de Orrantia es así, deja con deseos de buscar más de la autora, de volver a meterse en su mundo y su forma de narrar, que hace muy difícil soltar el libro hasta para ir a dormir.
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