Laura está atrapada entre los treinta días que le quedan hasta el juicio y en los pasos que cuenta para capturar ese espacio hostil que la deshumaniza. Laura usa medidas humanas: Los pasos que salen de ese cuerpo que le usurpan y violentan una y otra vez mensuran el mundo de la cárcel que habita. Su única certeza es un amanecer con Luis muerto a cuchilladas y el cuerpo amado de Lorena desnudo junto al suyo. Entre ese pasado cercano que no logra recordar y el futuro que se le viene encima, está su propia amnesia y el silencio de Lorena que le imposibilitan saber qué pasó. El cuchillo que ha pasado de ser el souvenir de los momentos más disfrutados, la Feria de Mataderos, los asados, las comidas compartidas con Lorena, se resignifica como arma contra el cuerpo de Luis. El propio cuerpo, condenado al encierro en el penal de mujeres, se resignifica ante los signos de un embarazo que progresa. Laura necesita sobrevivir esos treinta días para conocer su participación en la ruptura del mandamiento fundacional: No matarás. Conocer le va a permitir poder evitar que el universo de la cárcel de mujeres, con la Cata y sus secuaces, con el pabellón de madres, con su biblioteca como refugio mínimo, mastique su cuerpo y lo aniquile. Gabriela Borrelli Azara logra, con el lenguaje crudo de quien sabe tallar la palabra como un arma, sumergirnos en un universo feroz en donde Laura se juega sus últimas cartas para negociar con el destino.
Esta historia de la chica de clase media en la cárcel ya fue contada un par de veces pero Gabi Borrelli la renueva con algo fresco. Es verosímil, cercana y entretenida. Hay ternura y destellos poéticos en el medio de momentos de mierda.
Podría haber sido otra típica obra de chetos escribiendo sobre pobres pero no se siente así. Se siente real y correcta sin caer en paternalismos.
Lo compré porque a la vendedora de la editorial se le iluminaron los ojos cuando le pregunté por el libro. Me dijo: "Abrilo cuando tengas tiempo porque lo vas a leer de un tirón." Tenía razón.
Pocas cosas son a la vez tan frágiles y peligrosas como el vidrio. Es un material que habitualmente se utiliza como algo que contiene y que puede protegernos en espacios cerrados, pero al mismo tiempo es una amenaza latente cuando puede convertirse en un arma. Tanto su peligrosidad como su transparencia son las cualidades que le dan nombre al libro escrito por Gabriela Borrelli Azara. Es una historia narrada desde el encierro en la cárcel de mujeres, donde Laura, su protagonista, olvida el motivo por el cual está detenida y cuenta desde el presidio su experiencia y sus recuerdos. La obra está impregnada de peligro, violencia, hechos de corrupción y recuerdos de un asesinato que ocurre en torno a un triángulo amoroso tóxico entre la protagonista, Luis y Lorena. Estos acontecimientos se esconden en la memoria de Laura, quien evoca todo lo referente a las personas que marcaron su vida de buena y de mala manera, pero a la hora de develar cómo ocurrió el asesinato de Luis, los recuerdos se le escapan ante el esfuerzo de recuperarlos y parecen haber quedado bloqueados por el dolor que le produce sentirse rechazada y olvidada por Lorena.
Esta novela posee una potente voz narrativa, fuerte, cruda, que describe desde lo cotidiano la vida de una mujer que vive, ama, sufre y enloquece de celos hasta el punto cúlmine de no recordar si ha cometido un asesinato o ha sido cómplice de él. El control del lenguaje y la economía de palabras que maneja la autora, así como el ritmo narrativo sostenido, hacen que la lectura sea fluida hasta desear leerla de forma continua. Es una historia que no necesita un final, porque se disfruta durante todo el recorrido.
Se trata de una gran historia, a la que no le sobran ni le faltan palabras, contundente y atrapante. Por todos estos motivos ha sido el último libro que mereció mis cinco estrellas en 2025. ⭐⭐⭐⭐⭐
Con un lenguaje crudo y un tono inconfundible, esta novela violenta como su ambiente te inquieta en cada palabra. La voz protagónica está muy bien construida, errática, confusa, hace que quieras saber qué va a pasar con cada capítulo.
Laura llega al penal de Ezeiza sin saber porqué. La vez anterior sabía y cumplió su condena. Esta vez no. Esta vez tiene el recuerdo de estar parada frente al cadáver desnudo y degollado de Luis en su casa de Adrogué. Tal vez lo mató, tal vez fue Lorena que estaba acostada a su lado sin ropa. No lo sabe. No se acuerda. Tiene 30 días antes del juicio para recordar lo que pasó. Pero mientras tanto, tiene que sobrevivir en ese mundo donde las leyes y los códigos no son los mismos que afuera y mientras un bebé crece en su interior: el bebé de Luis.
Con un lenguaje crudo y cotidiano, el relato cuenta las estrategias que Laura tiene que armar si quiere sobrevivir a ese universo feroz otra vez. Tan bien narrado que ya no interesa si mató a Luis o no. Los sentimientos son otros: impunidad de cómo se manejan los penales en Argentina, compasión porque las que están adentro son personas, indignación, tristeza y ganas de abrazar a la protagonista aunque tal vez sea una asesina.
Historia muy fuerte, muy cruda; hubo momentos en los que me costó seguir leyendo tanto golpe. Sin embargo es un escenario muy interesante de leer: Ezeiza (una cárcel de mujeres), violencia, lesbianismo, soledad, drogas... invita, querés saber qué pasa. La narrativa de Borrelli es muy particular e igual de cruda que la historia, todo se mezcla: voces, descripciones, acciones. Sobre el final la historia vuelva a dinamizarse y propulsar la lectura para otro lado. ¿Un poco la primer temporada de Orange is the new black, tal vez?
Lo compré en una feria de editores independientes. Otra persona que pasaba por el stand le preguntó a la vendedora si Borelli había escrito otro libro, porque Vidrio le había encantando. Así que entre las dos me lo vendieron. Me gustó mucho, para mi fue adentrarme en un mundo muy ajeno para mi, y yo rescato eso de la literatura, aprender de otros mundos.
Me lo regalaron al libro, creo que si hubiese leído la contratapa no lo hubiese comprado. una historia cruel, cruda, fuerte pero contada hermosamente, no te deja con sabor amargo. Una joya.
Sorprendentemente me gusto. No es el tipo de libro que yo leería pero es muy llevadero, más que nada por la forma en la está escrito, con un lenguaje muy argentino porteño. Que fuera al pasado y volviera al presente fue interesante porque de verdad quería saber quien lo había matado. Es fuerte y por momentos me dio impresión pero esta bueno.