Ilah cree que sus sueños provocan los terremotos que asedian a su tierra; también lo creen los moradores de los pueblos de los que han huido ella y su familia. Los rumores coreen más rápido que sus pies; la superstición y la intolerancia los persiguen a donde quiera que van a medida que los temblores se incrementan. Entre tantas grietas, un camino inesperado se abrirá gracias a un nuevo aliado que resuelve los problemas de maneras poco convencionales, y le revelerá a Ilah la existencia del dolor de las almas cautivas y abandonadas que sufren en su oscuridad. Otro tipo de sueños la esperan al final de ese camino; una revelación que la sacudirá más que cualquiera de los terremotos que ha visto, pues su origen se encuentra en las entrañas de su pasado.