Le personnage de La Cendre aux yeux ne pense qu'aux femmes. Un beau jour il rencontre une petite fille, Isabelle. Il se met à l'aimer. Elle a seize ans, elle est douce, elle est seule. Pour la conquérir, toutes les ruses lui sont bonnes, toutes les ficelles que lui a enseignées sa longue carrière de séducteur. On ne peut lire ce livre sans éprouver un malaise. Tant de cruauté inconsciente blesse le lecteur, l'atteint profondément.
Realmente está muy bien escrito, con ritmo, lirismo, cuidado. Pero por otro lado es demasiado crudo, desde luego la historia es dura, triste y el protagonista es repugnante, egocéntrico y cínico. Me gustaría poder leer algo mas de este autor,pero con una temática diferente. El libro no me ha gustado, porque me ha dejado mal cuerpo, pero el escritor sí, mucho.
Algo que detesté de Lolita fue el factor no intencional de que su narrador era engorroso, detestable; no por lo aberrante de sus actos sino por lo moralista, hay unas ganas tremendas en todo el relato de no hacerse cargo de nada, de confesionario en un auditorio. Es lo que rescato de este anti-Lolita, que para mí poco tiene que ver con el original y que disfruté muchísimo más: el narrador y protagonista es consciente de su propia sociopatía, de su forma retorcida de ver el mundo, y eso para mí lo salva y lo vuelve amable para la lectura. Lo odiás, pero de una manera más sincera me parece, no tanto porque no pueda o deba seducir a una piba de 16 sino por el poco tacto - y casi infantilismo, creyendo en esta figura del amor como salvación a pesar de ser él mismo una persona en extremo cínica - con la que lo hace.
Cuando percibimos que el centro de la novela es perseguir hasta “conquistar” a una chica de 16 años, no sólo acude el asco. El protagonista, de 34, es el personaje masculino por quintaesencia del que escuchamos hablar a nuestras amigas, HOY: EL 2023. Perverso, analfabeto emocional, irregular en todo. Consciente de que lo que hace (en 1957) es in delito, este Don Juan de tercera no tiene momentos en los que se redima. Insiste en su rol de impávido frente a los sentimientos de las mujeres. Las desvirga y abandona. Las abandona y las busca. Neurótico insufrible, me hizo recordar tantos “compañeros” a lo largo de mi vida. Y sin embargo, queremos saber cómo termina. Y leemos hasta el final. Porque así como nos cuesta ver los banderines rojos, creemos que el otro cambia.
Primero, las grandes cotas y las bajas simas. Los momentos de descripción, de vagabundeo por las calles y de reflexión de un sujeto que, por contexto, vive en el nihilismo más desesperante, más incapacitante, más despreciable. Pequeños fogonazos de claridad sobre un momento que debió ser terrible, ateridos por el terror de la posguerra. Pero entonces entronca con la psique de este narrador, con técnicas repetitivas y monótonas (chupito por cada vez que dice libertinaje!) que aburren y distancian con una ñoñería pesimista de adolescente malherido.
Segundo, este mismo contexto se vuelve insufrible ahora mismo, donde estamos empezando a ser conscientes de la verdadera posguerra, al menos ideológica, que nos ha dejado el siglo XX. No somos capaces ni de volver este texto en catártico. No hay aquí nada a donde asirse. Ni siquiera en el reflejo deformante del individuo. Es tan solo un sociópata vago. No hay nada que no hayamos visto, que no tengamos aborrecido ya.
Tercero y último, supongo que la recepción que se puede hacer de esta novela, la descodificación de sus propios símbolos. La crudeza quizá sea vista como un valor positivo, la Verdad que se asume a todo texto tan pesimista y tan de vuelta de todo. Pero solo hay pose y hartazgo. Esos pocos fogonazos de luz vienen cuando el narrador se olvida de sí mismo y, dios nos libre, de tanta autoconsciencia, para revelar cierta poética de la soledad. Y, aún así, demasiada ceniza ante los ojos para poder observar nada bien.
Me sorprende que sea un libro sucio. Te deja ver los pensamientos más íntimos de un hombre triste, mediocre y egoísta. Está muy bien escrito, pero el tema es cruel, las descripciones son tan buenas que terminas sintiendo empatía por las personas que tienen que aguantar al personaje principal.muy buen libro, el autor es muy talentoso.
La forma de escribir del autor es maravillosa. No puedo darle 5 estrellas por el hecho de que me ha resultado en muchas partes incómodas de leer, pero es lo que pretende conseguir al fin y al cabo. Por principios se queda en 4 ale
Odio al protagonista de este libro tan profundamente que la historia me produce pensamientos encontrados: ¿Me ha gustado el libro? ¿Su redacción? Todo se nubla ante mi odio.
Supongo que cuando lees Ceniza en los ojos es casi inevitable la comparación con Lolita. Tengo que decir que lo prefiero a la obra de Nabokov: la prosa es impecable y tiene una mayor carga de sordidez, pero a ratos me ha resultado simplemente aburrido.