La novela es un deleite para quienes no aprendemos el suceder que se hace momentaneo y que nos lleva a facetas inexplorables del hombre. Imagino entre las sublimaciones freudianas de Guzman Wolffer el deseo silente de la desaparicion. Antes, hay que leerlo, quiza solo para saber que hay una miga para una literatura no entre Burroughs que almuerza desnudo y Sade que no deja escapar a las doncellas lanceradas; como Henry Miller e Ifigenio Clausel en el mismo renault. Carlos Laguna