Si el libro El amargo sabor de la victoria de la escritora Lara Feigel nos muestra la visión de los escritores y artistas, quienes tras finalizar la guerra hicieron presencia en la devastada Alemania, donde ciudades fueron reducidas a polvo y donde las palabras ante el asombro el vocabulario se hacia repetitivo, monótono, porque ya el asombro topaba techo, en esta ocasión el libro a tratar nos cuenta los días posteriores a la guerra pero bajo la visión de un fotógrafo y quien se hacia acompañar de un soldado que se ofreció como voluntario para unirse al ejercito justo al final de la guerra.
La tierra invisible del novelista francés Hubert Mingarelly, quien recientemente nos dejo, ya en su haber había escrito varios libros con la temática ambientada en la guerra, y como es de suponer este libro no se queda atrás. Una novela corta, sencilla sin muchos enredos narrativos, nos cuenta como antes bien dije, la narración de un fotógrafo ingles y un soldado que estaban bajo el mando de un batallón de soldados aliados, los cuales estaban instalado en Dinslaken, en el noroeste de Alemania. Si de cosas que quedan en lo oculto del lenguaje, algo oculto hay en el fotógrafo, el cansancio que lo sacudía por las escenas de cadáveres en el campo de concentración, pide que se le asigne una misión, ir a fotografiar los campos circundantes, ver el campamiento de los alemanes tras terminar la guerra, y es aquí que se le asigna un vehículo y al soldado O’Leary. Entablan un lazo de compañerismo y compasión ante todo lo que ven y escucha de la gente a las cuales ellos abordan.
Ha sido un escritor, al cual algunos lectores no le ha gustado, porque que lo narrado al parecer no va a ninguna parte, y notan historias muy flojas, pero caber decir, que más allá de qué quiere hacer el narrador, esta lo lúgubre, el trauma y la complejidad que acarrea toda guerra, quien a través de la sutileza de las palabras, nos pone a reflexionar, que detrás hay muchas cosas que el narrador no quiso contar, sino que nos dejo la tarea descubrir las sobrias imágenes que no puede negar el poder detrás de esas imágenes de la novela. Un libro que se lee de un asentada donde cada palabra pesa, y no pesa porque la grandiosidad de la narrativa, sino por lo que hay detrás que no se quiere contar.