"Roland Barthes es, para Giordano, un escenario privilegiado donde se despliega la experiencia de la crítica en toda su plenitud. Pero sin duda es más que eso. Porque no se trata sólo de una locación (ese locus amoenus donde habitaría el crítico perfecto), sino que actúa como un mandato que impone su determinación ética sobre la escritura. Se diría: el deseo de escribir como Barthes, por supuesto. ¡Quién pudiera! Pero Giordano aclara que no se compara sino que simplemente se identifica"(David Oubiña)