El escritor italiano Luigi Pirandello, galardonado con el Premio Nobel de Literatura, publicó en 1910 este corto libro titulado «El viaje». No he leído apenas novelas italianas y sin lugar a dudas cuando tuve conocimiento de la traducción de este título supe que en algún momento tenía que leerlo. Tal y cómo esperaba, Pirandello me ha sorprendido y maravillado a partes iguales.
En este breve relato, conoceremos a Adriana, una viuda siciliana que vive recluida en su casa desde hace trece años tras la muerte de su marido, al que nunca amó. Después de unos indicios leves de enfermedad, su cuñado la incita y acompaña a emprender un viaje en busca de un médico. Lo que hallará esta joven es el descubrimiento de otra vida, la nostalgia del pasado no vivido y la belleza del presente que oprime y altera su existencia.
Seremos partícipes en este esbozo del dolor que padece una mujer obligada por el convencionalismo de la sociedad más conservadora, a guardar un riguroso luto. Una manera de dejar de existir viviendo, de anular su alegría, juventud y porvenir. Pero también sentiremos el resurgir, la admiración que aplaca todos sus temores, que abren su corazón y lo llenan de una efímera pero satisfactoria felicidad.
El nombre de la colección de estas novelas “pequeños placeres”, es la exacta definición de esta obra. Parece algo imposible de realizar en apenas cincuenta páginas, pero Luigi plantea y desarrolla con minuciosidad y brillantez una trama sencilla pero exquisita. Crea una atmósfera angustiante en su inicio y consigue una sensación de paz y liberación hacia su final.
En definitiva, nos ofrece una melancólica y apasionada lectura gracias a una narración fluida, diferenciada por su sutileza y pasión, con un vocabulario y una armonía puramente lírica. Un pequeño viaje que consigue emocionar, con sus toques críticos y con un control magnífico del tiempo y de la estructura narrativa. Una de esas historias que vale la pena leer, disfrutar y saborear con calma.