Otra de esas novelas de corte costumbrista de primera mitad del siglo XX, que en esta ocasión involucra la designación de un hombre al ruralísimo sector de Renca (oh, como han cambiado los tiempos) para que sirva como juez local.
La novela tiene un claro tono autobiográfico, y aprovecha al protagonista para que realice ciertas reflexiones sobre su labor como juez y la decepción que siente con dicho trabajo. La estructura del libro en su mayoría está compuesta como un anecdotario, con diversas situaciones no necesariamente conectadas con las que debe tratar el protagonista, y sólo al final los capítulos parecen tener una relación causal. El final, a su vez, se siente un poco estirado, como podría haber sido más sucinto. Aún así, algunas de las anécdotas son cómicas, incluso si sospecho que no siempre pretendían serlo.