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"Triste, muy triste"... como diría un orador de la mayoría, me quedé al separarme de ti, amado compañero, dulce vidiña. Soy de tal condición que me adhiero y me incrusto en el alma de los que me manifiestan cariño, y el trato va apretando de tal manera los nuditos del querer, que cuando menos lo pienso me encuentro con que estoy atada y no me puedo soltar. Siendo tú quien eres, y tan amable visto de cerca, este afecto tenía que ser doble o triple de lo que sería en cualquier otro caso análogo, pero con distinta persona. Me quedé -aunque alegrándome de que hubieses cogido el tren- con un velo de sombra negrísima sobre el espíritu; me retiré a mi cuarto como quien se mete en una tumba; me eché en la cama como si me echase al turbio Sena en momentos de desesperación; y desahogué con llanto y traté de olvidar con un sueño oscuro, cargado de pesadillas.
(…)
No sé si algún día dejarás de quererme y la absolución que hoy debo a tu amor vendrá solo de la indulgencia que da nuestro roío oficio y el conocimiento de la realidad... No lo quiera Dios. Tengamos esperanzas. Acaso pueda yo conseguir ponerme de acuerdo conmigo misma, más tarde o más temprano.
(…)
Hemos realizado un sueño, miquiño adorado: un sueño bonito, un sueño fantástico que a los 30 años yo no creía posible. Le hemos hecho la mamola al mundo necio, que prohíbe estas cosas; a Moisés que las prohíbe también, con igual éxito; a la realidad, que nos encadena; a la vida que huye; a los angelitos del cielo, que se creen los únicos felices, porque están en el Empíreo con cara de bobos tocando el violín... Felices, nosotros.
¡Ay! ¡Cuándo volveré a estrecharte en mis brazos, mono, felicidad mía, cuándo será! Vente pronto a Madrid, te quiero ahora como nunca, y sin ti ya no me encuentro, sin tus caricias, sin tu charla y la miel hibleo-suiza de tus bromas y de tus agudezas que tienen la sal del mundo.
(…) que te acuerdes mucho, mucho, de mí, y con las mismas saudades que yo de ti; que sueñes en renovar horas tan venturosas, y que vayas tramando el modo de realizarlo en compañía de tu Peinetita,
que te besa un millón de veces el pelo, los ojos, la boca y el pescuezo.