Desasosegante. Claustrofóbico. Delirante. Por momentos repulsivo. De principio a fin, aterrador.
Susana Calvo nos atrapa con un inicio impactante y perturbador. Nos sorprende y sacude hasta hacernos desear dejar de leer y cubrir nuestros ojos con las manos... pero abrimos los dedos porque necesitamos continuar leyendo, seguir mirando. Apocalipsis, locura e insectos. Preguntas cuyas respuestas preferimos no saber ya que, evidentemente, implican horrores aún mayores.
Se trata de un relato bastante perturbador encuadrado en un mundo que no sabemos si es fantástico o de ciencia ficción. Ni siquiera sabemos si va más allá de sus protagonistas y sus mentes. Leerlo deja a uno con desasosiego e inquietud, sobre todo si nos gustan poco los insectos. En su reducida extensión la autora ha sabido crear escenas e imágenes bastante poderosas a la par que desagradables, lo cuál creo que encaja como anillo al dedo en un género como es el del terror. Un terror que, en este caso, va más allá de lo físico.
El relato ya empieza con una escena claustrofóbica insectoide, en la que una madre y una hija son anegadas por todo tipo de bichos, los cuales las atacan y también huyen de ellas. Pues estas mujeres han decidido ser cazadoras y no presas.
Nos adentra la autora en este mundo quizá post apocalíptico, quizá utópico, donde van saltando y danzando las protagonistas, bajo vigilancia, de una vida a otra. Entrenando la madre a la hija y viceversas. Con destino tan improbable como inevitable. Lo terrible. Dentro de una prosa desgarradora que contiene escenas dantescas para el recuerdo.