Ladislao González está acogotado por problemas laborales y conyugales. Eso, y sus irrefrenables tripas, conforman su visión negra e irreverente de la sociedad en la que vive. Pero Ladislao tiene al fin un golpe de suerte: imprime libros en los rollos de papel higiénico y el invento se convierte en un éxito. Rectos torcidos es una novela trepidante sobre un pobre hombre, en la que tiene un papel fundamental el sentido del humor, a veces negro, siempre ácido, del narrador.
Novela irreverente y cargada de humor de un personaje con todas las letras llamado Ladislao González, más conocido como Lalo, aunque el mote de Lelo también le va como anillo al dedo. Lalo, con sus 38 años, hace vida en los bares de la Barceloneta. Divorciado, en el paro aceptando cualquier trabajo temporal en el que le explotan, es un antagonista. Un joven con muchos problemas, al que hay que sumarle el de su colon irritable que arrastra desde la juventud. Un día se le ocurre la "brillante" idea de plasmar El Quijote en los rollos de papel higiénico, y animado por sus padres, monta el business. Para no desvelar nada más, no diremos cómo le va, pero si que aprovecharemos para mencionar paralelamente a su mejor amigo, Pacheco, profesor de artes marciales, y los líos que le trae el enamorarse de una china esclavizada.
En definitiva, una lectura muy graciosa, donde el autor nos va llevando de la mano por las calles más recónditas de la Barceloneta, invitándonos a tomar algo con sus personajes en los bares de toda la vida, véase "El americano". Insisto: muy divertida y bien escrita.