«¿Qué es más siniestro? ¿Descubrir que el compositor de “Ob-La-Di, Ob-La-Da” canta la ominosa “Helter Skelter” o que el compositor de “Helter Skelter” cante la ingenua y previsible “Ob-La-Di, Ob-La-Da”?
En su viaje a la costa uruguaya, Julián y Elvira encuentran pequeñas y esporádicas cosas fuera de lugar: toboganes y hamacas a cinco metros de la ruta, personas que bajan a la playa cuando una tormenta bíblica está a punto de caer... Pero ¿cómo puede saber un turista cuál es la medida de lo extraño cuando visita un lugar que nunca deja de ser familiar? Esos leves desplazamientos parecen ser parte de una marea lenta e irremontable que conduce a los protagonistas de Castillos a un paisaje incierto, donde es posible vislumbrar la sombra creciente de una amenaza. ¿O acaso no se tiñe así el aire cuando la generosidad se practica en demasía, y la lentitud para resolver burocráticamente un percance de las vacaciones se torna exasperante? Sin embargo, ¿cómo no abandonarse a esas derivas cuando lo frustrante de una vida se compensa por la seguridad que da una rutina? ¿De veras la prudencia da siempre buenos consejos? ¿Cuál canción es la que finalmente suena?
Dueño de una prosa tan límpida como poética, pródiga en pequeñas epifanías, Santiago Craig ha escrito una novela atrapante, de las que no se dejan así nomás sobre la mesita de luz.»
Santiago Craig (Buenos Aires, 1978). En 2010 publicó su primer libro de relatos El enemigo. Sus textos fueron incluidos en varias antologías, entre ellas: Antología Cuento Digital Itaú 2012 y 2014, Antología de Relatos El Fungible, Cuentos Cuervos y Ella y otros relatos, del Premio Municipal de Literatura Manuel Mujica Láinez. En 2012, ganó el Premio Provincial de Poesía de Córdoba con su poemario “Los Juegos”, publicado luego por la Universidad de esa misma ciudad. En 2013, su libro de relatos Tormentas, obtuvo una mención especial en el Premio Iberoamericano Cortes de Cádiz. En 2015 ganó el primer premio del Concurso Eugenio Cambaceres, organizado por la Biblioteca Nacional y la editorial interZona, con su cuento “Elefante”. En 2017, editó Las Tormentas, un libro de relatos (Ed. Entropía) que fue uno de los cinco finalistas del Premio de Cuentos Gabriel García Márquez 2018 y obtuvo la primera mención en el Premio Nacional de Literatura. En 2018 publicó 27 maneras de enamorarse, su tercer libro de cuentos (Ed. Factotum). En 2019, ganó el segundo premio en la categoría Cuento del Fondo Nacional de las Artes y en 2020 el Primer Premio en el Concurso de relato infantil organizado por SoyAutor y Editorial Limonero. Su relato, "Un coso", fue elegido entre más de 3000 trabajos de todo el mundo y será publicado como libro álbum durante 2021. En 2020, publicó su primera novela: Castillos (Ed. Entropía). Desde 2015, coordina talleres de escritura presenciales y virtuales en Argentina y Latinoamérica.
Este libro debería llamarse "La espera", porque esperás todo el libro a que pase algo y nunca pasa nada. Ni siquiera me parecieron interesantes los personajes, un embole todo. CAPAZ como cuento habría funcionado, sin 100 páginas de relleno contándome cómo toman mate.
¿Se puede recrear la vida toda compleja en el día a día? Este libro cuenta la historia de una familia yendose de vacaciones pero también de amor, aventura, muerte, miedos, crianza, y después un giro en la historia para reveer que las cosas comunes no son tan comunes. Hermosísimo. Recomendado.
Me obligué a terminarlo. No pasa nada en todo el libro, salvo una o dos cosas. Aburrido, tedioso. Pongo dos estrellas porque los personajes son personas comunes con las que te podes identificar.
Castillos es nuestro propio Lituma en los Andes. Es el traslado primero espacial, después temporal y finalmente simbólico. No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas.
Es un libro difícil de explicar. Es sutil y bizarro a la vez. Lo que más me gusto es la construccion de personajes y como el autor capta la cotidianidad. Me encanto la primera mitad. La segunda, no.
Leí Tormentas de Craig y me encantó. Al empezar este libro creí que iba en la misma línea, retazos de la vida cotidiana de una familia pero en un contexto de vacaciones. El libro es eso y un poco más que se va apoderando del libro de a poco, me pasó de ir sintiendo ese avance, una pequeñísima tensión por aquí, una más por allá. Las iba sumando y me preguntaba si no serían errores porque realmente iban comiéndose lo lindo de las imágenes de cotidianidad que suponía era el sentido del libro. Pero no, lo otro va transformando la historia en algo totalmente diferente y las herramientas que se utilizan para hacerlo son muy buenas, sutiles, delicadas. Podría decir que el libro me gustó pero algo queda incompleto en esa definición, porque a pesar de haberme gustado en términos generales y valorar las herramientas para transformar una cosa en otra me parece que el mecanismo de relojería no funciona del todo bien, algo me incómoda. Tal vez sean algunas circunstancias que encontré muy forzadas para que la trama se desarrolle por el único camino que lleva al destino fijado o por ahí tenga que ver con que deja elementos sueltos en el camino que quizás estén puestos para hacerte pensar que va por un lado y hacer el truco mágico de sacar el conejo por el otro. Quizás estén porque le gustaba así al escritor y nada más. Para mí fueron como arenilla en los zapatos, no llega a molestar pero molesta.
Esta novela es un relato que se nos hace bastante cotidiano y familiar. Es la historia de una familia joven que decide ir de vacaciones a las playas de Uruguay 🇺🇾 pero algo pasa y no pueden volver.
“Uruguay era raro. A veces lo extraño resultaba de pronto familiar; otras, lo conocido se volvía extraño. Uruguay era eso. A la vez una cosa y otra. No era Argentina, estaba claro, pero tampoco terminaba del todo de ser otro país”.
La historia de un hombre y una mujer, en un lugar para siempre. Atrapados en un país familiar pero que a la vez no lo es.
Qué manera de subrayar este libro. Me sentí identificada en lo chiquito (“…durante la tarde, entraba el sol pleno y la envolvía en una tibieza anaranjada“), en lo grande (“La escritura lo hacía estar lejos”), en lo inmenso (“Extraño cosas que todavía no perdí”).
Es un libro malo. La historia no es buena, no tiene conflictos, es aburrido. No conocía al autor previamente, tengo entendido que ha escrito poesía y cuentos, tal vez en eso sea bueno. Está novela es mala. El personaje de la esposa (siempre nombrada desde la lupa del protagonista varón) esta descripto de una manera hipermachista. Presenta una versión de la mujer super sumisa, aniñada e impotente. Pésima historia. Ahorrense el disgusto.
Me sorprendió quedar atrapada entre tanta cotidianidad que tiene mucho de fantasía o ensueño. El personaje de Julián es brillante, como que habita dos mundos paralelos y funciona bien en ambos.
"Cada uno guardaba para sí mismo ese rincón de intimidad que el otro no conocía y podían, a la vez, mostrarse presentes, conectados. De eso se trataba quererse también, de poder estar con alguien sin estar, de no darse enteros"
La prosa prácticamente poética de Craig envuelve a lo largo de toda la narración, dónde el lector pareciera estar en la cabeza de Julián, siguiendo el hilo de sus pensamientos y terminando en conclusiones diversas, atravesando recuerdos y reflexiones del personaje. Con foco en la cotidianidad, el disfrute de las pequeñas cosas diarias y simples, pareciera que no sucede mucho durante la historia de la familia de vacaciones en Uruguay. Pero al llegar al final, lo cotidiano se entremezcla con la fantasía y el agobio de la rutina. Una historia que le podría pasar a cualquiera, con dejos de incertidumbre y rareza, donde la posibilidad de escapar recide en la cabeza de cada uno.
Un matrimonio normal con dos hijxs normales se va de vacaciones a un lugar normal. Lo cotidiano se vuelve extraño, como en los cuentos fantásticos de Cortázar (uno está de lo más bien y de repente, pum, vomita conejitos o no puede salirse de un pullover), y no hay nada más perturbador, me parece, que las cosas que no pueden nombrarse, porque la mención es lo que vuelve ajena a la cosa, lo que la confina en unos límites que están fuera de lo propio, y la palabra la independiza. Y entonces cuando hay otra cosa, donde lo familiar pasa de costado, hay que meterse a ver. En fin. No vayan a Uruguay.
La magia de este libro la tiene en cómo indaga en la cotidianidad.
Muchos dicen que en el libro no pasa absolutamente nada pero creo que se trata de ir un poco más allá, entender a los personajes y su rutina (que tanto detalle les pone el escritor), realmente no pasa nada? Hablan de algo siniestro, algo que no los deja salir, y eventualmente esto es lo que pasa. Se quedan, sin mediar palabra, sin aclarar nada, se quedan.
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Una espera constante, un ritmo lento que te va absorbiendo como las circunstancias a los protagonistas de la historia. La forma se vuelve la historia. Leí por ahí que muchos dicen "que no pasa nada", yo creo que esa sensación es justamente lo bueno de este libro, trasmite exactamente lo que transitan los personajes. Una sensación de extrañeza constante que se hace natural.
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Un libro que es tranquilamente puede ser el diario íntimo del protagonista en sus vacaciones. No pasa nada en todo el libro. Vemos a Julián yendo a la.playa, jugando con sus hijo, hablando con su esposa, cantando la peor canción de Los Beatles, etc. La situación que los saca de la normalidad vacacional tampoco logra que arranque la novela.
Al principio me enganché. Me gustó mucho la poesía que se veía en los primeros capítulos. Hasta que a mitad del libro sentí que cambió el tono. Se consideró al hombre en una posición muy de estrella, el salvador de la familia. Y a ella, se la veía como a una mujer muy estresada, con miedo y sin saber qué hacer en el medio de las vacaciones.
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bastante pedorrón la verdad. Lo descubrí de casualidad, me llegó en una suscripcion de libros. Es discriminatorio contra el sindrome de down en una parte también, se ve que el autor no tiene muchas luces para el humor y agarró el primer recurso que encontró en el medioevo.
La verdad no tengo mucho que decir acerca de este libro. Porque no sé si haya mucho para decir tampoco. No suelo leer las contratapas y al ser un libro que me llegó por medio de Bukku, no tenía idea de qué podía tratarse. Pero la sensación que me dejó es que pasó y no pasó nada. Supongo que es como una forma irónica de contar unas vacaciones donde les roban documentos y plata y la odisea que esto representa, de la misma forma que el protagonista cuenta sus historias: hasta el más mínimo detalle, con todo, incluso con las apreciaciones que le merece cada un de esos detalles, cosa de cansar al interlocutor. Pero básicamente tenemos un tipo que se va de vacaciones con su mujer y sus dos hijos y aunque las vacaciones son de la familia y todos se ven afectados, todo parece centrarse en él y su familia es una especie de conjunto de satélites a su alrededor que reciben un poco de ese impacto pero no es tan relevante cómo les repercute. Tenía un dejo de arrogancia Julián que llegaba a ser molesto, mientras su esposa, que en realidad era mujer muy interesante y por eso entre otras cosas la amaba tanto, parecía verla como un tanto básica y frágil. Reconozco que algunas partes estaban bellamente escritas, pero aun siendo un libro de menos de doscientas páginas, le sobran unas cien, porque nada fue realmente interesante salvo algunos destellos de su vida conyugal y algunos diálogos o frases, y tal vez hubiera sido un poco más atrapante si se hubiera centrado en el matrimonio, y no tanto en él, que casualmente compartía su viaje con la familia. Los personajes de los hijos fueron retratados con un margen de ternura que me gustó, pero esa mirada crítica del padre a veces le quitaba emoción para mí, aunque sí me gustaba cuando empezaban a preguntar por todo lo que escuchaban o veían, y Julián armaba respuestas ingeniosas aunque no siempre ciertas ni tan elaboradas. No lo recomiendo, aunque no puedo decir que sea una pérdida de tiempo como lectura, ya que en un día se puede terminar tranquilamente.
"¿a qué tenían que volver? esa era la pregunta que no pronunciaban. ese era el temblor."
durante su viaje a uruguay con sus dos hijos, julián y elvira viven situaciones algo perturbadoras pero no dejan de sentir la libertad característica de las vacaciones. atrapados en un país familiar pero a la vez extraño, la pareja observa como todo a su alrededor parece inofensivo pero a la vez se construye como amenaza. las personas del pueblo se convierten de a ratos en fantasmas y parece haber una sombra que los acecha.
esto es lo primero que leo de santiago craig y me gustó mucho. el estilo de la narración me resultó atrapante, un hermoso lenguaje poético le da a todo el libro una tonalidad interesante. la trama me gustó también, durante la primera mitad no sabés bien a dónde te está llevando, parece que va a pasar algo y no pasa nada, cuando está todo tranquilo da un volantazo y te lleva en otra dirección, se mantuvo dinámico. mi problema fue que no logré empatizar con los personajes en ningún momento. si bien disfruté de la dinámica familiar, las reflecciones de los niños, lo cercano de una familia de vacaciones, me costó conectarme a estas personas en particular, lo cual me alejó del relato.
el final me perturbó, aunque no en el mal sentido (creo). no esperaba que termine así y me dejó pensando. dentro de todo, fue una buena lectura que me dejó con ganas de explorar más cosas del autor.
"Quiero leer Castillos, de Santiago Craig". Mi respuesta impulsiva frente a este planteo sería "no lo hagas, es una trampa". Castillos es una novela rara, no se me ocurre otra forma de describirla. Como dicen varios por ahí, no pasa absolutamente nada, y como relato de lo cotidiano o lo extraño en medio de la rutina, es muy aburrido. Algo que valoro mucho es que está muy pero muy bien escrito, por lo que si necesitara un poco de inspiración para escribir volvería a leer algún fragmento. De todos modos incluso en la escritura siento que abusa del recurso de decir algo del presente para hablar del pasado o de otra cosa. Tampoco les creo a los personajes, sus acciones sorprenden todo el tiempo, no hay una construcción clara que nos permita sentirnos o no identificados, prever sus acciones o entender por qué hacen lo que hacen y dicen lo que dicen. En fin, como lectora siento que le falta mucho a esta novela, o quizás no entiendo este tipo de lecturas.
Me gustó tanto este libro que me cuesta hacer una reseña. Lo devoré. Cuenta la historia de una familia de vacaciones en Punta Rubia, un balneario de Uruguay. Si sos fan de las tramas entretenidas y necesitas que “pase algo” este libro no es para vos, ya que recién “pasa algo” en la página 120 aproximadamente. Si te interesa meterte en la cabeza de los personajes, las reflexiones sobre temas cotidianos y frustraciones adultas comunes, trabajo, etc. contadas de manera simple, te lo recomiendo. Si sos fan de Uruguay, también! A mi me lo recomendaron después de que le comenté a una amiga que me había gustado La Uruguaya de Mairal porque me transportó, y fue una recomendación muy acertada. Me gustó que no hay problemas ni rencores de pareja. Julián y Elvira se llevan bien y se quieren, no es tan fácil encontrar una historia así. Además, Julián tiene vocación de escritor y esta todo el día planteando posibles tramas e historias que se disparan a través de eventos cotidianos lo que hace que el libro sea muy entretenido y estimula la imaginación a través de historias paralelas que tocan tangencialmente los eventos de la trama central. Me encantó!!!!
Quise leerlo igual a pesar de todas las reseñas que vi acá porque el hecho de que en un libro "no pase nada" no lo hace necesariamente malo, elegí creer que exageraban (además ya lo tenía por Bukku). No sólo no hay ni una sola acción hasta después de la mitad del libro sino que tampoco me gustó cómo está escrito: párrafos hechos de oraciones cortísimas de medio renglón que dicen la nada misma, que a veces no tienen correlación alguna pero sí cero atractivo. Me llamó la atención que también los personajes actúan como por inercia, no tienen motivación, hacen cosas ridículas porque sí, saben cosas pero no las dicen, no sé, viven como en un limbo. O sea, el texto es la nada misma en todos sus niveles (al menos en eso es coherente). Las últimas 4 o 5 páginas me gustaron un poco, debo reconocer.