“Muchas veces se le oyó hablar de este texto, lo hizo no como uno más de sus veinte y tantos libros, sino como el mejor regalo que le habría hecho a esa niña que tanto amó. De todos sus libros es el más profundo, autobiográfico y universal”. Alfredo Molano Jimeno Este es el libro inédito que Alfredo Molano Bravo le escribió a su nieta durante más de una década, en el que reúne sus historias y pensamientos más íntimos para explicarle el país en el que nació, y le relata muchos de los viajes que lo llevaron a recorrer casi 14.000 kilómetros del territorio colombiano, a pie, subido en sus Converse de colores. Este libro incluye el diario que Molano llevó hasta pocos días antes de morir, donde narra los detalles de su lucha contra el cáncer con la rigurosidad de cronista que lo caracterizó y que lo llevó a convertirse en uno de los escritores más destacados de la historia reciente del país. Un libro imperdible para entender a Colombia y convencerse de la importancia de vivir con intensidad. “Lo de los perros fue una metáfora que nos permitió volver a hablar de los miedos. Esos mismos que por la noche, cuando ya todo está en silencio y las luces se han apagado, saltan sobre mi cama y mi almohada, me cercan, me paralizan y se llevan mi sueño entre sus fauces. Al miedo, le decía yo a Antonia, hay que mirarle la cara. A los perros hay que mirarlos a los ojos, a la muerte también”. Alfredo Molano Bravo
Alfredo Molano Bravo (n. Bogotá; 1944) es un periodista y escritor colombiano.
Ha dedicado su vida a los estudios culturales, preocupándose esencialmente por el desentrañamiento de los orígenes y desarrollos de ciertos fenómenos sociales colombianos, en especial de aquellos que tienen su origen en ciertas minorías sociales. La obra de Molano describe sucesos que tienen su escenario en la segunda mitad del siglo XX en el territorio colombiano, haciendo hincapié en cuestiones como la educación y la violencia, así como en la patente diversidad manifiesta en la construcción simbólica que signa la historia del país.
Molano cursó estudios de sociología en la Universidad Nacional de Colombia, donde obtuvo una licenciatura en 1971, y fue alumno de la École pratique des hautes études de París entre 1975 y 1977. Ha sido profesor de varias universidades; colaborador de revistas como Eco, Cromos, Alternativa, Semana y Economía colombiana, y autor de numerosos trabajos de investigación aparecidos en diferentes medios. Ha sido director de varias series para televisión y ha obtenido el Premio de Periodismo Simón Bolívar, el Premio Nacional del Libro de Colcultura y el Premio a la Excelencia Nacional en Ciencias Humanas, de la Academia de Ciencias Geográficas, por una vida dedicada a la investigación y a la difusión de aspectos esenciales de la realidad colombiana. Entre 2001 y 2002 vivió exiliado en Barcelona y en Stanford, donde fue profesor visitante.
Actualmente es columnista del diario El Espectador de Bogotá.
Esto es de esas cosas que era mejor dejar en los archivos familiares y nada mas, solo para "disfrute" de los más cercanos. A mí forma de ver, esta publicación solo logra menoscabar la imagen de Molano. Como sociólogo e investigador dejó obras muy importantes y trascendentales para la memoria del país, pero como persona, por lo que se ve en estas cartas, parece que no lo hizo tan bien. Deja una imagen de caudillo familiar, de corifeo, todo un gerifalte que parece ya rayar en el síndrome de Hubris. Y esto no quiere decir que sea una mala persona, nunca al nivel de ser un déspota o de un sátrapa, pareciese tratarse más una especie de entelequia. Su amor desmedido a la tauromaquia era otro síntoma más, tanto que llegó a culpar a nivel personal a un alcalde local por intentar abolir algo que a nivel mundial ya es una vergüenza y que hace décadas debió desaparecer. Y por último, su profundo temor a la muerte a sus 75 años, un temor que nunca abandona al ser humano, pero que se debería atenuar con los años en la medida que se comprende la vida. Y para rematar el título: "conmovedoras reflexiones y enseñanzas de un abuelo a su nieta", me parecería criminal darle este libro a un menos de 14 años, todo lo descrito es cierto, pero esta muy lejos del lenguaje que considero necesario para llegar a un niño y no volverle gelatina los sesos. Ojala nunca publiquen esa novela erótica que dicen que dejó pues me temo lo peor de lo peor.
De mi abuelo recuerdo poco, cada vez menos. Me acuerdo que dibujaba, que yo lo llamaba Yogui porque mi papá me enseñó a decirle así, que tenía que usar caminador, que manejaba como un animal, que me decía “moniño”, que la demencia lo convirtió en una presencia que siempre estaba sentada en el rincón derecho del sofá, también me acuerdo de su cara, cada vez más parecida a la mía. Pero recuerdo muy poco de cómo pensaba, en qué creía, qué le gustaba y cómo hablaba. Y es ahí cuando siento envidia de Antonia, que tiene un abuelo inmortal, uno que le seguirá hablando siempre, uno que esté a la vuelta de la esquina para seguir enseñándole de la vida, para mostrarle la otra verdad del país.
El comienzo del libro no me pareció tan enganchador, pero después se volvió muy íntimo y sentido, ver a alguien narrar su muerte es algo que toca fuertemente. Un doble clic a las cartas de Antonia a su abuelo, totalmente desgarradoras.
¡Qué regalo le has dejado a Antonia, Alfredo!, ¡qué inmensidad la de tu legado!
"No hemos venido al mundo para ser felices como nos hacen pensar los vendedores de ilusiones, los mercaderes de ensueños; los que dicen que comprando cosas, que teniendo más dinero o más poder somos más felices. La felicidad es un engaño para dominarnos. Pero existen momentos en los que podemos saborear la alegría, la serenidad, la esperanza"
Lo he leído y recordé a mi abuelo en su ausencia irreparable, irreversible. Es uno de los hombres que más he amado en la vida, hace casi nueve años que ya no está y yo no lo he dejado de pensar un solo día. Lo he pensado en la alegría, en la tristeza, en la esperanza, en la nostalgia. Recuerdo sus manos tejiendo una atarraya con el sueño de volver al Magdalena.
Alfredo lo escribió para todas las Antonias y lo escribió por todos los abuelos que no aprendieron a leer o a escribir, pero que nos han enseñado el país en el que vivimos.
En este libro habita la muerte y la vida, la distancia y la cercanía, aquello que pertenece a la intimidad y a la vida pública de Alfredo Molano Bravo. Hay mucho amor en sus letras, un acceso generoso a la privacidad y al mismo tiempo, muchas historias de las cuales los lectores somos distantes espectadores. Hubo momentos en los que me sentí cercana, casi como si fuera una invitada a la mesa en la que Antonia y su abuelo tomaban milo y café, respectivamente. Hubo otros momentos en los que solamente pasaba de largo, como a través de un vidrio en el que solamente podía imaginar que pasaba detrás. Hay mucho en este libro que está escrito entre líneas. y es mejor así. Ese libro no está escrito para nadie más que para Antonia y para la Saga, que como bien dice Alfredo merecen todo el agradecimiento por haberlo hecho sentir amado hasta sus últimos días. Así que como lectora, como invitada distante a esta historia y a estas cartas, quedé satisfecha. Este texto me regaló varios sentires, lloré con algunas de las imágenes de amor con las que halaga Alfredo a Antonia, con las que logra expresarle su profundo embelesamiento, respeto y orgullo de quien ve florecer una semilla que ayudó a cuidar. Me regaló momentos y caminatas por este país mío que no he recorrido como quisiera y me dejó la claridad de lo que significa escuchar. Gracias por hacernos testigos de los cimientos de esta gran arquitectura amorosa que fue la vida de Alfredo, uno de los grandes referentes para la búsqueda de la verdad en Colombia, así como un abuelo enamorado y dispuesto a mostrar su más profunda vulnerabilidad.
Que conmovedor conocer la historia, los pensamientos y la vida de un invaluable colombiano como Alfredo Molano. Sin lugar a dudas, Antonia fue inmensamente afortunada por tener un abuelo como Molano.
Me marcó especialmente el final de la obra, cuando Molano relata su enfermedad. Su cáncer generó una inusual desesperación por la búsqueda de la vida, por encontrar un sentido a su relación con la nieta, por luchar para vivir, pero pelear para marcar su muerte.
Me costó terminarlo. El autor fue uno de mis periodistas favoritos desde los 17 años. Si embargo, este libro aborda su vida desde otra perspectiva. Su amor por la tauromaquia me decepcionó un poco. No obstante, su pluma se reconoce en los datos históricos y los detalles tan profundos de las últimas páginas donde describe el desarrollo de su enfermedad y su esperanza por recuperarse.. aunque esto último no se dio.
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La lectura se divide en el amor más absoluto de él hacia su nieta y en el dolor que nos produce leer a esta Colombia herida. Es muy bonito leer sus pensamientos íntimos y reconocerlo como ser humano. Gracias a este hombre que hizo tanto por esta patria herida. Para cambiar la historia solo se necesitan unos tennis bien puestos para caminar y una pluma bien fina para escribir.
El libro póstumo del comisionado de la verdad en Colombia, Alfredo molano, un escritor que se recorrió todo el país y vivió las tragedias de la guerra en Colombia . Muy pero muy bueno , es un libro dedicado a su más grande amor, su nieta Antonia.
Muy bello libro y lo lloré de prinicipio a fin. Espectacular . :)
¡Es una lectura hermosa! De un hombre que se nota que caminó Colombia y algo más de este planeta, que fue, es y será la voz de muchos a los que el aliento no les alcanza hasta muchos oídos y ojos, a los que Alfredo Molano sí pudo alcanzar. Es un libro de verdades desde la propia experiencia y de prejuicios no corroborados, quizá amañados desde la ideología heredada, muy común en Colombia. Pero lo más hermoso de este libro es, sin duda, que es una puerta abierta directa al corazón de este hombre de historias, de sufrimientos, de luchas... Agradezco que me permitiera a mí, un desconocido, llegar al centro de su corazón, a su relación con Colombia, con Antonia. Es un libro lleno de humanidad... valoro haber tenido la oportunidad de leer este libro.
4.5. Formato: Audiolibro. Esta recopilación de cartas me abre ese mundo de un amor bonito entre un abuelo y su nieta. Me conmovió mucho las últimas cartas donde Alfredo vive la terrible jornada con el cáncer. Estas cartas reflejan un poco esa cultura familiar, y mucho de historia colombiana. La última sección del libro dónde comparte unas palabras sobre su trabajo y vocación me invitan a adentrarme a ese trabajo que desconozco.
Alfredo Molano Bravo murió el 31 de octubre de 2019
Cartas a Antonia, es un compendio de cartas que Alfredo Molano le escribió a su nieta Antonia durante más de 10 años y que uno de sus hijos recopila y publica bajo este título. El libro, lejos de ser relatos enfocados en la guerra como otros, habla acerca de lo que siente el escritor, su forma de ver el mundo y el mundo que quiere que Antonia logre construir. Molano, busca a través de sus palabras, su vida y sus pensamientos relatar un poco acerca del país que tuvo la fortuna de recorrer en sus converse y su chaqueta roja. Las últimas páginas, hacen parte del diario del escritor donde cuenta sus pensamientos más íntimos y profundos días antes de morir.
Un libro un poco inesperado de parte de un escritor como Molano, mas en su rol de abuelo que en el rol de relator de cuentos de guerra en Colombia. En el libro deja entrever un lado desconocido (al menos para mí) del escritor, donde cuenta su vida, sus pensamientos, sus miedos, nos deja conocer su familia, sus sueños, su visión de Colombia y su amor profundo por su nieta Antonia.
Tengo muchas ganas de seguir leyendo las crónicas de Alfredo Molano, me parece que su visión y su conocimiento del país son necesarios. Pero este libro no me gustó mucho. Las enseñanzas en un lenguaje sencillo de los primeros capítulos me cautivaron, pero luego tuvo un montón de capítulos sobre el toreo, que en principio detesto, que fueron difíciles de digerir para mí. Como evidentemente son cartas (es el primer libro del género epistolar que leo, a menos que “we need to talk about Kevin cuente como de ese género, aunque sea ficción), son muy personales y pues, francamente, se tornan repetitivas. Puede ser porque no tengo abuelos cercanos, pero semejantes declaraciones de amor me parecen un poco extrañas. La parte final del diario me pareció muy buena. Como médica se me hizo interesante analizar todas sus impresiones desde el punto de vista de paciente, y especialmente me recrudeció el miedo (que cada vez más se convierte en certeza) de que todo lo que decimos los médicos siempre es malinterpretado por los pacientes. Nada que hacer.
En todo caso, el libro me dejó con ganas de leer más sobre su visión de Colombia, no sobre su vida privada. Así que en cuanto lea sus otros libros creo que redondearé mi opinión sobre este.
Ojalá todos tuviéramos la costumbre de escribir nuestra vida, el día a día. Alfredo lo hizo para su nieta. En esas pequeñas cartas contaba banalidades y a la vez le dejaba un consejo. El libro me llevó a conocer diversas regiones de la Colombia rural, me dejó ver una historia familiar y el amor puro de un abuelo a su nieta.
En la última parte, él escribe toda su experiencia con el cáncer y con el no querer morir, en el vacío que sentirá Antonia y él al ya no estar. Es triste saber que no quería morir, que todavía quería hacer muchas cosas y que su mente no estaba lista para partir.
Cuando leí por primera vez : Las conmovedoras reflexiones de un abuelo a su nieta, pensé en todo ese conocimiento que un grande como Alfredo Molano podía transmitir en esas "cartas" a su nieta, toda la maldad que vio en el mundo, los caídos, los desaparecidos, pero también la bondad de las personas, el amor, su familia, las luces de un país tan oscuro como lo es Colombia.
Debo aceptar que en un principio me resisti a la idea de que este libro fuera solo una clase de historia del país, con sus presidentes, golpes, paramilitares y guerrilla. Quería más, quería conocer otra faceta del escritor: más personal, más cercana, más transparente. Pero las cosas no siempre son como queremos y definitivamente este libro fue todo lo contrario.
Conoci a un Alfredo obsesionado con su profesión, una persona que parece solo podía hablar de la guerra en Colombia, un ser humano cuyos logros y lugares conocidos eran más importantes que hablar de las personas que lo acompañaron en el camino y que además adoraba la tauromaquia.
El libro en si mismo no está mal, se sabe que leer a Alfredo Molano es enfrentarse a esa realidad cruda del país. Pero la idea que vende la publicidad de este libro es completamente errada y para mí es claro que de haber sabido a que me enfrentaba no lo hubiese leído.
Un libro que termina siendo una clase de historia interesante, un diario de su enfermedad un poco asfixiante, unas cartas de su nieta de las que no tengo mucho que decir y sus discursos al ganar premios; en fin un libro bastante egocéntrico desde mi perspectiva, que no me dejó nada particular y gracias al cual leer a Alfredo Molano en los próximos meses no resulta una idea atractiva.
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La escritura de Molano es muy fragmentaria. Aunque es claro en ciertos apartados del texto, la escasez de referentes vuelve un poco difusa la lectura al comienzo, sin embargo es un libro de lectura rápida. Ahora, eso no le quita el bagaje que tiene sobre Colombia, al contrario, hace personal un país como solo él podría vivirlo y en esa personalización tan íntima, hace que uno se refleje en su escritura.
Es un libro privado, y se siente así de principio a fin, y creo que eso enriquece cuando se lee a Antonia con sus pequeñas y adolescentes reflexiones. Hay en Molano una escritura paternal que hace ruido un poco, sobre todo con ese tinte de empequeñecer, pero que cobijada con la ternura del texto, es apenas entendible y aceptada.
Hace falta eso si una edición más precisa al texto, hay errores de puntuación, mecanografía y sintaxis que —espero no —puede que sean originales de las cartas.
Creo que este libro debería leerlo cualquier persona preocupada por la historia del país, así como cualquier nietx. Cartas a Antonio está escrito es una compilación de carta de Molano a su nieto, donde expresa sus preocupaciones por el momento actual del país, así como la historia de las regiones y algunas historias personales las cuales cuenta con una sencillez y profundidad característica de Molano. Para mi este libro fue sumamente conmovedor, ya que me hizo recordar las historias de mi abuelo fallecido, mi abuela y mis padres, quienes terminan siendo la nuestra memoria viva. Y si, finalmente la gran enseñanza de Molano es "para conocer, hay que andar".
Un buen libro para entender un poco más la historia de Colombia. Ahora quiero leer más de Alfredo Molano y descubrir todas las historias que escuchó y contó sobre nuestro país.
Creo que para alguien que sabe lo normal o un poco más de la historia de Colombia puede ser bastante monótono y aburrido, para las personas que saben más bien poco es una forma bastante sutil de conocer la historia del país.
Una historia que nos deja ver la fragilidad de Molano. La conexión y el amor entre él y su nieta hicieron de esta una historia conmovedora que recordó sin duda alguna la relación con mi abuelo fallecido en 2020. Un libro excepcional.
Un libro escrito con mucho sentimiento, que te lleva por varias regiones del país con todo el conocimiento que él acumuló del conflicto y la realidad que el supo estudiar y entender y muchos siguen negando. Aferrarse a la vida... que duro.
Con este libro vas a poder viajar por todo Colombia y en diferentes epocas de la historia. Alfredo es de admirar al entregarse a lo que ama y los ideales que difiende. Este libro íntimo lleno de amor te enseña el significado de la familiar y lo importante dejar una huella en los demás.
Me gustado muchísimo y lo recomendaría a cualquier persona conectar con el pais.
Un autor que promete, un título que promete y una temática que promete. A pesar de todo, un libro decepcionante en su estructura y narrativa. En mi concepto, muy superficial y una apuesta editorial por vender solo con el nombre de Alfredo Molano. No lo recomiendo.