Todos anhelamos vivir la vida de la mejor forma combinando la libertad y la espontaneidad con propósito y significado. ¿Por qué entonces, a menudo vivimos nuestras vidas de manera tan monótona, con poca aventura, o de forma tan rutinaria; y si no, de forma frenética, saturados de actividades, pero carentes de propósito? ¿Cómo aprendemos a tomar riesgos, a confiar, andar en integridad y excelencia? En este clásico espiritual, Eugene Peterson ofrece sus profundas reflexiones sobre la vida del profeta Jeremías expresadas en el idioma del mensaje, y situadas en un contexto contemporáneo. Estas reflexiones nos ayudan a comprender lo que significa ser plenos y auténticamente humanos.
Dudé mucho en calificarlo con cuatro estrellas. Es la primera vez que leo a Peterson y me ha encantado. Me encanta la sensibilidad que tiene acerca de la Palabra de Dios y de cómo baja los conceptos de la mente al corazón del lector.
Lo único que lamento muchísimo es la mala edición del libro. Tiene un gran número de errores tipográficos, de sintaxis o quizá mala traducción, no sé. Pero es una lástima que tan buen libro se vea manchado por una mala edición.
El libro tiene la capacidad de mostrarte una nueva forma de ver la vida. Sus letras y palabras hábilmente elegidas te hablan, te muestran, te regulan y te proponen una nueva manera de considerar la realidad. Recomiendo el libro a todo aventurero espiritual, cansados de la rutina religiosa y la exigencia a una vida sobrehumana, este libro es un rico ungüento para el ser .
Un excelente libro de manera brillante nos adentra en la vida de Jeremías, un excelente libro de principio a fin, quede con la sensación de querer seguir leyendo, de que no terminara.
No sé bien por qué pero me costó trabajo leer el libro. Tal vez es su forma de narrar, sin embargo sí terminas aprendiendo. Es como sentarse con un viejo amigo sabio que te enseña de lo que ha aprendido.
🥳🥳🥳🥳 No quería que el libro terminará Es realmente buenísimo muy recomendado muy humano... Dios siendo muy Dios. Y un Jeremias invitandome a imitarlo...