Este es un libro que nace de un derrumbe. Nace en un pajar de barro que contiene un hogar y resiste estupefacto en el centro de un mundo que desaparece. Nace en Tabanera de Cerrato (Palencia) un pueblo de 60 habitantes que llegó a tener casi 800 hace algunas décadas. Desde esta privilegiada atalaya del vaciamiento solo podía germinar esta poesía que aspira a recoger la belleza que se desprende a borbotones de la desolación. Un pequeño universo donde los enseres que brotan de entre las ruinas nos hablan de los seres que lo poblaron. Un mundo lejano y aparentemente extraño que en realidad es el nuestro, el de nuestros pueblos, el de nuestros abuelos, el de nuestra infancia. Un mundo ajeno que en realidad habita en nuestra sangre y en nuestros sueños. Un mundo perdido al que pertenecemos y que contiene también arcadias campesinas, sabidurías secretas, hogueras y cánticos en la noche, oficios asombrosos y susurros antiguos. Un mundo en el que las semillas atrapadas en las grietas comienzan a palpitar con la promesa de que entre las ruinas está fermentando un mundo nuevo.
Poesía con sonidos perdidos en el silencio que deja el viento al recorrer los adobes viejos, descarnados, de antiguas viviendas llenas de vida en esta tierra. Y si lo lees acompañado por la música de El Naán, siguiendo el ritmo que marcan en los versos centrales, eso que ganas.