4.5/5 Estrellas
¿Bajo que piedra lectora había estado metido, que no había descubierto a esta autora?
Novela corta, escrita con gran sencillez, pero llena de sensibilidad, de amor, de cariño. También de soledad, tristeza, de enfermedad, de la decrepitud que llega de forma inevitable con la vejez.
Michka es una anciana que, ante el avance de la enfermedad, ya no puede vivir sola y decide ingresar en un geriátrico.
Una enfermedad degenerativa la asedia. Sufre de afasia. Las palabras desaparecen de su mente, no las encuentra, las confunde las olvida. La comunicación, una de las señas de identidad que nos hace humanos, se va haciendo cada vez más difícil, hasta volverse imposible. La traducción, que es impecable, intenta lidiar con los juegos de palabras que surgen de las confusiones que la buena de Michka introduce en las conversaciones. No sé si lo consigue, no he leído el original, pero por momentos no puedes dejar de esbozar una sonrisa, pese a lo duro de la situación.
Michka es una superviviente del holocausto judío de la segunda guerra mundial. Pudo salvarse gracias a que una pareja la escondió durante 3 años, jugándose el pellejo. Sus padres murieron en los campos y un familiar lejano se ocupó de ella, pero nunca pudo olvidar a aquel hombre y a aquella mujer que se jugaron la vida por ella. Y los más importante, nunca pudo agradecérselo como se merecían.
Porque, al final, todo se reduce a esto. ¿Hemos sido agradecidos en nuestra vida? ¿Hemos dado las gracias a los que realmente se lo han merecido en nuestra vida? Pero no las gracias de compromiso que soltamos de forma mecánica a diestro y siniestro, en mensajes, correos, whatsapps.....no, un agradecimiento de verdad, a quien se la jugó por nosotros, a quien confió, se sacrificó, nos apoyó en los malos momentos....una agradecimiento de verdad.
Maravillosa. Llena de vida y buenos sentimientos, pero también de muerte y decadencia.
Muy buenos Marie y Jerome, que ayudan a la anciana en sus días finales y nos lo cuentan. No son familia, pero no hace falta, la quieren igual y son los narradores de esta historia.
Leedlo, de verdad.