M. John Harrison es un discreto representante de la ciencia ficción de la nueva ola que apareció tras la publicación de la revista New Worlds, editada por el legendario Michael Moorcock. Su nombre no resuena con la misma fuerza que el de Brian W. Aldiss, ni sus ideas eran tan revolucionarios y ahora tan actuales como los de Ballard, pero, como exponente de esta ciencia ficción contracultural, este también autor inglés trabaja con el mismo material que los dos últimos, a saber, experimentación formal, temáticas subversivas, personajes alienados y un concepto flexible de qué es la ciencia ficción. No en balde Harlan Ellison, otro renovador del género, optó por utilizar el ambiguo término "ficción especulativa" para definir lo que trataban de hacer sus colegas y él.
Los cuentos contenidos en esta antología, que reúne lo mejor de 50 años de trabajo, a duras pueden considerarse ciencia ficción o fantasía, catalogarlos es muy complicado. Y entenderlos también es muy complicado. Harrison tiene un estilo hermético, como si buscara contar sus historias utilizando las imágenes más crípticas y ambiguas o aportando poco o nulo contexto, también mediante la misma metodología, con el propósito generar un sentimiento de incomodidad y extrañeza que provee de una pátina fantástica a historias que, puede, fueran realistas. Cuando acierta en su propuesta, Harrison es sublime, pero cuando falla no hay quien lo entienda. Precisamente por esto último no puedo resumir algunos de los relatos de esta antología, y es que, si no entiendo algo, ¿cómo lo resumo? Ya he dejado por escrito en numerosas ocasiones que soy un tio bastante limitado intelectualmente.
Los relatos contenidos en esta antología son los siguientes:
Colonizando el mundo (****): Dios ha aparecido en la cara oscura de la Luna y un equipo decide traerlo a la Tierra, dando inicio a una nueva etapa de la civilización humana, una de desarrollo y mejora social en todos los aspectos. Sin embargo, no todos están de acuerdo con este nuevo orden mundial, y están dispuestos a asesinar a Dios. Este delirio me recuerda a cierta frase que dijo el biólogo evolutivo -y bigotudo profesional- John Haldane cuando le preguntaron, como ateo declarado, sobre sus ideas acerca de la existencia de Dios, a lo que respondió que, en caso de haber un Dios, "hay que reconocer que siente un extraordinario cariño por los escarabajos". Y dado que Dios nos ha creado a imagen y semejanza...
El regalo (***): dos personajes solitarios, ella, una scort con una mancha de nacimiento en la cara en forma de mapa al que falta la leyenda, él, un taciturno y peripatético que encuentra con un libro en el que figuran los topónimos de un atlas inexistente. Dos almas solitarias que se buscan inconscientemente.
Lo hice (***): al perder el Manchester City, un hombre decide darse un hachazo en la cabeza. Sí, un hachazo. En mitad de la cabeza. Harrison, ¿estás bien? ¿te traigo una tila?
El derrumbe (***): dos amigos de la universidad que en el fondo nunca se han soportado, pero que han permanecido inexplicablemente unidos, siguen dos trayectorias muy diferentes: el primero, se dedica a la venta equipos de escalada y a guiar a grupos de senderistas por las cordilleras europeas, el segundo, encerrado en sí mismo, malvive en una casa aislada en los páramos. Cuando el primero acude a la llamada del segundo, éste se confirma que algo extraño y sorprendente le ocurre a su amigo, algo que, en el fondo, siempre sospecho: algo muy relacionado con la entropía.
La máquina del pozo Diez (**): un grupo de científicos descubren en el interior de la Tierra una máquina que parece funcionar a partir de las emociones de toda la humanidad.
La invocación (****): el protagonista, editor de un escritor prometedor con dificultades para terminar su última novela, acude junto a éste a una sesión espiritista cuyo propósito es invocar esa inspiración esquiva. Sin embargo, pese a que el sórdido ritual parece haber tenido éxito, la vida del escritor parece ir a peor. Mucho, mucho peor.
El mono de hielo (***): el protagonista observa cómo el matrimonio de su amigo se ha ido a pique, y cómo éste se refugia en su única afición: la escalada. Una historia en la que priman más las relaciones humanas que el componente sobrenatural, tan sutil que se diría inexistente.