Escribir es un atrevimiento, como quedarse desnuda en una playa . Así comienza el primero de los relatos que componen este libro, la historia de una escritora que, a sus cuarenta y siete años, decide detener la inercia y el declive de su vida y no regresar de un veraneo. También el protagonista de Pekín-Xàtiva, a bordo de un tren, descubrirá las implicaciones casi fantasmales de intentar recuperar el pasado. Por esta colección desfila toda una galería de variados personajes que comparten el denominador común de afrontar el vértigo del paso del tiempo: maestras infantiles, bailaoras de flamenco, ancianos del mar del Norte, ingenieros japoneses, padres que ven a sus hijos crecer y alejarse, amantes imposibles de una vieja academia de traducciones, amores de instituto a los que se les perdió la pista, hombres visitados por filósofos griegos y atormentados por un sueño, guitarristas franceses, voyeurs de las vidas ajenas Y hasta el propio Leonard Cohen retratado al detalle en sus años de silencio, apartado de los escenarios en un monasterio budista.
En el último cuento de este volumen, titulado «Lo que sea el mundo», un narrador ’voyeur’ situado tras la ventana de un edificio, como James Stewart en «La ventana indiscreta», nos va contando las vidas y las acciones de los habitantes de los edificios que están al alcance de su vista, como si sus fachadas fuesen transparentes. Es una estupenda coda a este recopilatorio, ya que reproduce lo que Calabuig ha ido hilvanando con incuestionable maestría: ha ido observando en el interior de las almas de las personas, como si estuviesen encerradas en carcasas transparentes, para describir con precisión las mareas y los vértigos vitales de cada uno de sus protagonistas. Especialmente cuando toman conciencia de la cercanía de la muerte y del valor que tiene el tiempo o de la importancia que tiene coger un tren cuando pasa por delante, ya que podría ser el último. El estilo es discreto; a veces casi biográfico (Cohen y Roshi en el monte Baldy) o autobiográfico: en algunas de las historias se introduce el propio autor como si fuese el protagonista observador del último cuento. Una visión sencilla y compleja de la vida, casi filosófica, que se resume en diecinueve relatos de una lectura placentera y luminosa que he disfrutado en estos días de cuasi confinamiento. Muy recomendable.