Canek y el canto rebelde del jaguar dormido
Este brevísimo libro llegó a mí por curiosidad, mi esposa y yo nos decidimos por un tour en Oaxaca que nos llevó al Paraíso los Encinos, a Guelatao, al Mirador de cristal y a Capulalpam de Méndez, más precisamente a Ngula Yu'u, lugar donde experimentamos la medicina tradicional oaxaqueña, y dónde, en la sala de espera, tenían una caja de madera con libros, obvio llamaron mi atención, pero no tenía tiempo de leer uno muy extenso asi que me decidí por Canek. Del tour, tendrás que buscar el hashtag #AnécdotasOaxaqueñas, del libro, te lo cuento a continuación:
Publicado en 1940, Canek es una obra que se sitúa en la intersección entre la crónica histórica, la leyenda indígena y la prosa poética. Emilio Abreu Gómez, yucateco de nacimiento, se inspira en la figura real de Jacinto Canek, líder maya que en 1761 encabezó una rebelión contra el dominio español en Cisteil, Yucatán. La revuelta fue brutalmente reprimida, y Canek fue ejecutado de forma atroz: descuartizado públicamente, como advertencia para otros insurgentes. No tienes que creerme, puedes ir a Google y buscar: Jacinto Uc de los Santos.
Abreu Gómez no escribe una biografía, pero tampoco una novela histórica convencional. Lo que hace es mitificar a Canek, transformarlo en símbolo, en arquetipo del indígena sabio, rebelde, y profundamente humano, con una estructura fragmentaria —compuesta por breves episodios, casi aforismos— le da al libro un tono lírico y filosófico que lo aleja del relato lineal y lo acerca al canto épico; utiliza un lenguaje sencillo pero cargado de simbolismo. Canek habla con la voz del pueblo, pero también con la voz del cosmos. Sus palabras son sentencias, como si cada frase fuera una piedra tallada. Esta economía verbal recuerda a los textos sagrados, y convierte al protagonista en una figura casi profética.
Aunque el libro exalta la sabiduría indígena, también muestra el dolor del mestizaje impuesto. Canek no odia al blanco, pero lo confronta. Hay una tensión constante entre el deseo de paz y la necesidad de justicia. En ese sentido, el libro es profundamente actual: habla de la memoria histórica, del racismo estructural, y de la dignidad como acto político en la figura de un líder que escucha, que se agacha para mirar a los ojos.
Ya investigando un poco más, me encontré con que Jacinto Canek fue educado por franciscanos y hablaba español y latín, lo que lo convierte en un personaje complejo: no es un "salvaje" rebelde, sino un intelectual indígena que conoce el sistema que lo oprime. También encontré que el libro ha sido traducido a varios idiomas y es considerado una obra clave en la literatura mexicana del siglo XX, aunque muchas veces se le estudia más en círculos académicos que en escuelas, lo cual es una pena.
Canek no es solo un libro: es un jaguar dormido en el corazón de la selva. Sus páginas son huellas en la tierra húmeda, y su voz es el eco de un trueno que aún retumba en los montes de Yucatán. Leerlo es caminar descalzo sobre la historia, sintiendo cada espina, cada raíz, cada susurro del viento que dice: “aún no hemos terminado de contar esta historia”.