Seré feliz mañana tiene forma de diario, pero en realidad es un delicado homenaje a las pequeñas cosas.
Sinopsis de Seré feliz mañana:
El diario emocional del librero más conocido y seguido de Instagram
@xpgigirey
"La felicidad dura un ratito", Laura Ferrero
Se cree que los diarios son algo muy íntimo que uno escribe para entenderse mejor, para desahogarse o quizá para capturar un reflejo del mundo que habitamos. Xacobe Pato lleva escribiendo sus diarios desde que tenía siete años. En el verano de 2018 decidió empezar a publicar algunos fragmentos en Instagram aun sin saber muy bien si habría alguien al otro lado. La respuesta de los lectores fue tan inesperada como extraordinaria.
Seré feliz mañana es ese diario o, al menos, tiene la forma de un diario, pero en realidad es un conjunto de destellos, un delicado homenaje a las pequeñas cosas. Una oda a la cotidianidad que entraña el íntimo deseo de retener lo que se marcha, la voluntad de encontrar la alegría, la ironía y la belleza en lo común. Es, en fin, un recordatorio de que la felicidad no hay que dejarla para otro día, que la felicidad es aquí y ahora.
«Escribir un diario tiene sus cosas. Hay personas que se enfadan si no las saco. Alguien pasa un rato conmigo durante la semana y el domingo viene al diario solo para ver si sale lo suyo. Y entonces me pide cuentas, como si fueran actores que yo hubiera contratado para un día de rodaje y al ver la película descubrieran que he suprimido su escena. Escribir un diario tiene algo de rodar, editar y montar tu propia vida y hasta los extras van de estrellitas.»
Cuando era niña tuve la desgracia, en más de una ocasión, de que mi padre y mi madre me dieran alguna clase. Y digo la desgracia porque era terrible y hay testigos: si a mis compañeros les pedían la tabla del 5, a mí me pedían paso al frente y tabla del 9 con un "sí, profesor/a" ante todo. Ni siquiera me valía un "profe" para salir del paso con dignidad. Supongo que de ahí me viene el vicio de leer a mis amigos o a mis conocidos —perdón— con un escepticismo que casi es saña, con el "muy bonito, pero" al borde de la garganta. ¿Y qué tiene que ver esto con el libro de Xacobe? Nada en absoluto porque este tío escribe que da envidia.
Seré feliz mañana es un libro maravilloso y divino de leer. Genera más o menos —más— el mismo placer que cualquier cotilleo ajeno que se escucha sin querer, como las confesiones de bus o las peleas de pareja en un restaurante. Los diarios de X. dan para reírse mucho y para pensar sobre alguna cosa importante entre risa y risa. También hay pullitas de tristeza y minitas de nostalgia que te explotan en la cara como quien no quiere la cosa. En este libro hay anécdotas y reflexiones y conversaciones tan buenas que yo creo —y espero— que media España va a querer ser amiga de este pavo y de su novia y de sus amigos. Y ya que estamos, de su familia también.
Recomendar este libro es básicamente decir "léete la vida un rato y deja que se te pase despacio". Todas sus páginas son domingos y no queda sino acomodarse y dejarse contar.
Al final, sale uno con la cotidianidad renovada y encontrando encanto en lo ordinario, como si el autor nos prestara su mirada para darle un toque de yo qué sé al mundo, que falta le hace.
Si alguien todavía no lo ha leído, que se haga el favor.
Debo decir que no sabía quién era Xacobe hasta que escuché su entrevista en el podcast de Javier Aznar. No me atrae el concepto de los diarios, de hecho, me dan bastante pereza, así que aquí estoy, preguntándome por qué he leído este libro. Al inicio, no sé muy bien en qué punto, pensé: "Claramente esto no es para mí". No estaba yo para reflexiones intensas sobre la vida que me recuerdan a esta poesía contemporánea de autores que no voy a nombrar. Pero bueno, me lancé y seguí.
Es verdad que hay varias entradas (?) que me parecen muy certeras, incluso interesantes, sobre todo las referentes a sus experiencias en la librería. Pero el resto... No. Sé que es mi culpa porque, ¿qué hay más personal que un diario? Y aún así me empeñé en leerlo... Es lo que hay.
Adentrarse en el diario de Xacobe es certeza de encontrar retazos de Vida, sonrisas, momentos que invitan a la reflexión, pinceladas del siglo XXI...la grandeza de lo cotidiano en anécdotas personales en las que podemos reconocernos todos. De Xacobe siempre digo que escribe bonito aunque sea la lista de la compra.
Un diario en el que Pato supuestamente recoge las pequeñas cosas de su vida. Pero es capaz de escribir todas las palabras que se te atascan en la boca. “Todo me recuerda a la abuela y me pone triste, pero es una tristeza cálida y voluntaria, casi un abrazo”.
No entiendo como un libro que habla de cosas tan cotidianas puede ser tan entretenido. Es como si fuese un recopilatorio de las mejores anécdotas de tus amigos y de tus hilos de twitter favoritos.
yo era de las que guardaba cajitas del tiempo en cualquier lugar, me servía el cajón de la cocina, debajo de las toallas, en el costurero de mi madre...cualquier sitio me servía. algo me hacia creer que el tiempo pasaba más rápido de lo que realmente pasa. De esas cajitas poco queda, yo las escondía y mi madre las quitaba. tampoco sé qué me hacía pensar que nadie iba a tocar las toallas del baño durante décadas. más tarde, porque nunca tuve ningún diario de esos con llave que te regalan en la primera comunión, iba dejando notitas en bordes de agenda o en libros como mapas o guías interestelares. muy pocas veces, por no decir ninguna, me he vuelto a encontrar con esas anotaciones. ahora tengo un cajón solo lleno de molskines tuneadas a las que podría volver en cualquier momento y que no hago porque las leería igual que veo una peli de miedo : con la mano tapándome los ojos. . Supongo que escribimos para no olvidar, para volver a traer a un hipotético tiempo presente lo de antes. se escribe por necesidad como beber mucha agua en verano o abrigarte con tres mantas en invierno. pero ¿qué se escribe en un diario? ¿magníficos actos grandilocuentes o aquello de lo que nos acordamos en el momento de coger el boli? eso ya va a gusto del que suscribe. Son muchos los escritores que se acogen a este subgénero literario abriendo una ventana por la que colarnos y ver que ocurre.... Piglia, Héctor Abad Faciolince, Elvira Lindo, Iñaki Uriarte, Cheever, Zweig, Ernaux.... escribimos para dejar un mensaje como si de náufragos fuese la cosa esperando que alguien recoja ese SOS... . algo así es lo que recoge @xpgigirey en #serefelizmañana momentos estelares que pueden ser agrupados en diferentes cuadros de tipo costumbrista. desde sus días como librero, sus fines de semana, aventuras y desventuras varias, la familia, los viajes, el fútbol... hasta el hecho de la conciencia propia de estar escribiendo un diario. La vida está hecha para dejarla por escrito un poco a la manera, si se me permite, de aquel supervisor de placas de acero, que aburrido de que le devolviesen placas repetidas, empezó a grabar una frase ya mitica: Kilroy was here. ¿escribimos para ser capaces de no repetirnos? ¿para que otros sepan de nuestra existencia? ¿para contar algo qué creemos importante? no tengo ni idea. será cuestión de seguir escribiendo.
Mi madre, cuando me voy de Gijón, me compra una caja de pastas de la confitería La Playa. Son “princesitas” y unas de chocolate que encima llevan una nuez. En contra de mis hábitos habituales, en lo que respecta a comida, voy atesorándolas y comiendo un par de ellas al día, habitualmente después de las comidas, hasta que llega el día: me como de una sentada las ultimas diez.
Conocí a Xacobe Pato como a día de hoy se conocen los restaurantes, la música y las novias: por internet. No sé si ya hacía sus diarios cuando empezamos a “seguirnos”, pero sí tengo presente, desde hace ya tiempo, que cuando estaba reventado del fin de semana, y justo antes de pedir el McDonald’s reglamentario de cada noche de domingo, tenía una ración de historias cotidianas que leer.
No soy amigo de Xacobe, aunque no descarto serlo algún día. Es un tío bien majo, y escribe como muchas veces me ha gustado escribir a mí, que es casi siempre. Al fin y al cabo, sus diarios no son sólo algo que me gusta leer, también me acercan a una ciudad, Santiago, en la que nací aunque no por ello deje de ser asturiano. Me la acerca y prometo que en mi próxima visita pasaré por Cronopios, a no ser que Xacobe ya no trabaje allí porque sea un escritor de éxito (aunque esto, literalmente, ya lo es).
Como con las pastas que mi madre me compra en La Playa, he ido leyendo el libro de Xacobe. De “a poquitos”, sabiendo que hay cosas que nunca quieres que se terminen hasta que, un día, harto de alargar esa pantomima, lo devoras, que a eso hemos venido.
Xacobe Pato escribe bien, es muy ocurrente y sabe desarrollar cualquier historia. Y, además, es librero. Lo tenía todo para que este libro me encantase, pero no ha sido así.
No todo ha sido malo, he encontrado diarios maravillosos donde el autor cuenta sus anécdotas como librero, interesantes y variadas reflexiones sobre literatura (Murakami, Moehringer, Bolaño o la biografía de Chenoa) o narra historias tan fascinantes como la de As Marías. Pero otros muchos diarios -la gran mayoría- me han aburrido soberanamente.
Nada me interesa menos que leer las aventuras de un señor en festivales de música indie, ni su opinión sobre las cientos de series que nombra a lo largo del libro, ni las anécdotas intrascendentes con su grupo de amigos, ni su pasado como lector de Carlos Boyero… Lo siento, lo he intentado. No es él, soy yo.
Conocí a Xacobe escuchando un episodio del podcast Hotel Jorge Juan, luego de descubrir su activo instagram decidí comprarme su libro y no me decepcionó. Fue de las sorpresas de este año, también reconozco que por proximidad generacional y que vivimos en la misma zona lo disfruté especialmente. La lectura es en su mayoría fresca y amena, sus entradas no dejan palo sin tocar, una lectura para leer a sorbos.
Quizá parezca que no, pero Seré feliz mañana (Editorial Espasa) defiende férreamente ser feliz Hoy.
Xacobe Pato, manejando el género diarista como pocos, lo pone al día, lo llena de energía, de mucho sentido común y, como la vida, de ironía, demostrando que una prosa actual puede ser profunda sin ser maniquea, y sensible sin ser cursi.
Seré feliz mañana está llena de detalles. Regalados como perlas en la arena, se van acumulando conforme pasan las hojas, bailando el baile de las horas y los días idos, con una chispa de melancolía (la justa) y grandes cargas de humor. Es un diario de alguien que se viste con sus palabras, y que se esconde en sus reflexiones. Podríamos creer que Xacobe Pato se retrata, cuando en realidad nos pinta a todos con trazo justo; podríamos pensar que el autor, como la felicidad, espera a mañana para ser él mismo; incluso creer que, de tanta intimidad regalada, deberíamos tomarnos un café con él en La Flor o dar buena cuenta de un queso con anchoas en La Maceta. Pero juega al escondite. El autor de Seré feliz mañana es todo eso y es más: lo que no cuenta es lo que lo define; lo que cuenta lo hace único, universal. Y entre ellos hay un precipicio de fútbol, playas, abuelas, colegios, estudios, colegas, familia, amigos y amor. Xacobe Pato nos regala a nosotros mismos a través de su mirada. Y por eso sonreímos y lloramos un poquito y ponemos su banda sonora y hasta buscamos en TripAdvisor sus recomendaciones culinarias.
La vida es un juego de reflejos. Cada parcela de este diario anual es un pedacito del rompecabezas que somos nosotros mismos. Sólo que Xacobe Pato tiene el hálito vital de transformarlo en palabras, en lecciones aprendidas, en reflexiones aparentemente ligeras, pero con profunda carga de verdad. La hipérbole de sus historias no sólo esconde la intimidad de quienes habla (de A., de su familia, de sus amigos y sí, incluso de él mismo): revela la vida misma en cada palabra, en cada página. Y eso, es magia.
Y he ahí lo que nos gusta de Seré feliz mañana. Xacobe Pato escribe con prosa mágica, con melancolía alegre, con excelente sentido musical y gastronómico y, sobre todo, con tanta humanidad, que la sonrisa aparece desde la primera página, y la lágrima y la risa, haciendo que ralenticemos su disfrute, que paladeemos cada párrafo, cada coma, cada punto y aparte. Como ocurre, de vez en cuando, con la vida: un viaje de ida y vuelta a las estrellas.
Antes incluso de empezar a leer este libro, ya tenía claro lo mucho que me iba a gustar. Ya de por sí, tengo una fascinación especial por los libros escritos por libreros. Suelen venir regados de recomendaciones literarias y esto siempre es un plus, como pasearse por tu librería favorita pero sin salir de casa. También influye ese orgullo y esa alegría que uno siente cuando ve publicar por primera vez a alguien que sigue en Instagram, aunque no se le conozca personalmente. No me pierdo ni uno de sus textos pero eso no es inconveniente para que me hayan vuelto a impactar al verlos plasmarlos en papel. Es una de esas lecturas que uno tiene que hacer con los ojos bien abiertos para no perderse ni un detalle. Y es que todos, todos son MARAVILLOSOS. En medio de sus gracietas nos va colando zascas emocionales que hacen que la vida sea un poquito mejor.
La verdad que por el título del libro esperaba o creía que era otra cosa. A decir en verdad que solo me sumergí en sus páginas sin saber nada del autor, solo me llamo la atención el título y algo la portada.
¿Son diarios? Sí, se podría escribir que lo son, están separado por dos años:
- 2018 - 2019
También están separados por meses, sin embargo no llega a un formato como tal, no se da una fecha exacta y solo hay algunos que otras anécdotas, mucha cantidad de títulos ya que es librero, cita a otros escritores, y alguna que otra pequeña reflexión que he marcado, no obstante no llega del todo para convencerme que es algo merecedor en un libro; esperaba algo más, más reflexivo, más situaciones aunque sean algo malo o algo así. Me dejó con la sensación que estaba leyendo trivialidades de un influencer.
'Creo que hay situaciones que tienen su momento, que son y luego tienen que dejar de ser, pero a veces qué bonito es forzar la realidad'.
Unos diarios muy entretenidos, caracterizados por el encanto de la cotidianeidad. Muchos de los lugares en los que transcurren estos fragmentos de vida de Xacobe son también donde han transcurrido los míos, así que sería díficil no mirar 'Seré Feliz Mañana' con cariño.
Me alegro de haber confiado en mi intuición y haber visto más allá de mis prejuicios. Me ha gustado. El tono da unidad al texto, por lo que las entradas no se sienten descontextualizadas. Tiene alguna metedura de pata puntual y también le falta chicha, pero esto último es el precio que paga el autor por darse a conocer en Instagram: no quiere exponerse abiertamente; a ver si para la próxima se moja un poco más.
Un libro para leer a ratitos, igual que mordisquearías una galleta que te gusta mucho, intentando que dure. "Seré feliz mañana" es un libro para aprender a ser feliz hoy, en estar alerta para que no se nos pasen esas pequeñas cosas para las que, a veces, hace falta tener una mirada concreta.
Nunca nadie consiguió hacerte partícipe de una historia propia (o si, quizás si); destacar sin duda la forma de contar y conseguir que la cotidianidad del día a día enganche como algo inefable.
"Pues a Alvite un tipo le dijo una vez de madrugada en el Savoy que la literatura era una cosa en apariencia tan sencilla como poner las palabras en orden. Y ya estaría lo de escribir: expresar ideas con una disposición concreta de palabras. Verbalizar, decir, pero sobre todo ir eligiendo palabras (unas y no otras) y colocarlas de una determinada manera. Pero luego pruebas y nunca sale bien. Y en ese momento, como dijo aquel tipo del Savoy, es cuando te das cuenta de que en acertar con el orden consiste también la lotería."
Si tiene algo de cierto esto que dijo el tipo del Savoy, Seré feliz mañana es el Gordo de Navidad. Xacobe te habla de lo cotidiano, que al final es lo más importante que a uno le pasa cada día, con una cercanía que te hace sentirte tan identificado que llega a asustar. Con las medidas exactas de reflexiones, tristeza, y también muchas risas, para mí leer sus diarios ha sido como encontrar un baúl que tenía guardados miles de sentimientos que he sentido, pensamientos que he pensado y experiencias que he experimentado, pero para los que nunca había encontrado las palabras. Será egocéntrico, pero no creo que pueda decirse nada mejor de un libro. Mínimo me he dejado 3 lápices.
Los autores que consiguen que te identifiques con ellos son mi favoritos, sin duda Xacobe es uno de ellos. Con este libro he reído, se me ha saltado alguna lagrimilla y me ha hecho pensar y reflexionar.