La segunda mitad del libro ha hecho que mi reseña cambie completamente y que pase de tres a cuatro estrellas. Y es que tenía ya pensados unos apuntes sobre la historia que he tenido que desechar casi en su totalidad, porque madre mía la segunda parte del libro, madre mía.
Este libro está ambientado en Trasmoz en el siglo XIX y habla de Elvira, una muchacha burguesa que estudia para bruja, y de cómo en el fondo solo quiere una vida tranquila con su novia Margarita, pero ni sus poderes ni su familia se lo permitirán.
La idea de la magia y el folclore que emana esta novela están muy cuidados, me encantaría leer más historias ambientadas en este mundo. La localización (Trasmoz, ¡con un cameo de Gustavo y todo!) me ha recordado a uno de mis episodios favoritos de El Ministerio del Tiempo, y es que el aura de tragedia y romanticismo decimonónico que se desprendía de ese episodio queda muy reflejado en la mayor parte de esta novela. Por eso mismo, una de las cosas que más echo en falta en esta historia es no tener una visión más extendida y más detallada de este mundo: conocer más cosas del pasado, de Margarita y de Mercedes especialmente, más entresijos de personajes del pueblo, más contexto.
Y he de reconocer otra cosa: Elvira me cae más bien tirando a mal. Bien es cierto que es poco más que una adolescente, pero sus ganas de pelea y protesta constantes me sacan de mis casillas. Elvira es un estilo de personaje que no solo no me llama, sino que me repele bastante: como yo los suelo llamar, el típico personaje Gryffindor (será mi parte Slytherin, yo que sé) que se exalta y se cabrea por todo, que se aferra a su idea y ni siquiera deja un hueco para escuchar el otro razonamiento (de Ángela o Mercedes, por ejemplo) y que hace verdaderos harakiris de supervivencia, como entrarle al trapo al estúpido de su primo que lo único que quiere es provocar y ella se deja llevar por su fuego interior y la lía. Puede que sea mi señora treintañera interior (bueno, y exterior) hablando, pero me ha costado mucho empatizar con la niñata exaltada de Elvira que, aunque realmente la mayoría de las veces tenía mucha, mucha razón, sus formas le perdían. Margarita, por el otro lado, es estupenda y encantadora, y ojalá saber más de ella y saber cómo fue su infancia en Galicia. Mi favorita, sin embargo, es Mercedes y su gran arco, e incluso la relación con su hija, con todos sus altibajos.
Me encanta la forma natural con la que se trata la relación entre Elvira y Margarita (y otras relaciones entre mujeres) incluso estando ambientada en el siglo XIX. Elvira, que, aunque anteriormente he dicho que no es santo de mi devoción, he de reconocer que en este aspecto la respeto y admiro mucho, su forma de conocerse a sí misma y de estar orgullosa de quién es y a quién ama. Estoy convencida de que más de una mujer y más de una persona LGTBIAQ vivió su vida así, porque no solo la Historia está llena de represión o tragedia. Por favor, más historias con esta normalización.
Esta historia tiene un potencial enorme, con unas vueltas más, con más capítulos y más profundidad, por ejemplo conociendo un poco del pasado de Margarita, incluso viendo más en escena al odioso de Gabriel, con más detalles de Mercedes, o de la vida en el aquelarre de Zugarramundi de Clara, pero también con unos twist algo más extendidos y rebuscados, colocados en momentos precisos, habría quedado una historia de diez. Está muy bien escrita, es muy entretenida y engancha muchísimo, pero me ha dado la sensación de que quiero saber muchas más cosas de este mundo de Trasmoz y este libro me ha sabido a muy poco.