Una rosa es una rosa es una rosa (Enumeración, 2020)
1. “(Toca mis ojos / lentamente / hasta que el frío / me caliente)” (24): Dame el fuego que derrita mi mirada y me permita, a través del hielo del mundo, observar la posible primavera, la promesa de belleza que se oculta en lo desvaído, en lo helado, en lo muerto. Dame fuego que derrita mi mirada.
2. “Un tiempo para cambiar / forma a las cosas: / a veces / abrir puertas” (59): Ah, Ana Luisa Amaral. ¡Abrir puertas! Como si fuera posible, como si se pudiera empujar una lámina de madera y sentirla girar sobre sus goznes, como si cada puerta no estuviera perpetuamente abierta porque, de lo contrario, sería una piedra, una montaña, u otra cosa.
3. “Entro mansamente, mi hija” (64): Mansamente, como el terremoto o el tsunami, con la mansedumbre de los tigres que se saben criaturas divinas, con la mansedumbre de los vientos que se dejan acariciar por cualquiera pero que arrancan, como sin querer, los tejados y los árboles, de raíz.
4. “Te soñé lentamente / en plena conciencia del disfraz” (67): Lo que el lenguaje oculta, lo que toda palabra sabe: que ser conjuro es ser cobertura, esa apartarse, es tomar distancia: que decir es decir lejos, es cubrir, es inventar capas: que cuando nombramos, lentamente, engañamos: inventamos la máscara.
5. “Abrió el gran portón, / de candados largos y de hierro, / y el contorno del caballo / cruzó el patio” (78): Pudiste ver, en el mito, la presencia de otros mitos, el castigo a la transgresión. Un castigo más completo que la errancia. Desde entonces, como el minotauro, Ulises sería siempre mitad hombre y mitad caballo de madera. La venganza de Troya fue mutarlo, hacerlo bestia.
6. “y recordarte / exactamente / de una manera correcta” (85): Soñamos todos sueños imposibles, nos aventamos a perseguirlos con la certeza del fracaso. ¿Recordar exactamente? ¿Recordar de la manera correcta? La poeta sabe más, por suerte, y pronto se diluye el anhelo en fracaso, pronto admite que escribir es falsear, que recordar es falsear.
7. “Guardaré tus sueños / con el manto / más suave del pensamiento” (115): Erige en mí las bases de tu templo, amor. Llena en mí el texto de tu voz sagrada, amor. Permíteme ser fuego para tu madrugada helada, amor. Permíteme velar tus ojos cerrados mientras procuro que mi aliento te sea cobija leve, amor.
8. “Era de noche y yo no sabía de nada” (130): Huérfanos, en la duda de toda ascendencia, solventamos la angustia con deseo. No saber, pero poder contemplar: la noche, las estrellas, un fuego encendido a lo lejos. No saber, pero poder desear: era de noche, y habrá un mañana en que lo diga. Era.
9. “Eterno es este instante, el día claro” (165): Las masacres se enhebran en las noticias de los días, un nuevo dolor se suma a los dolores viejos como si no existiera un límite a la sangre que podemos contener dentro del grito. Y así, y pese a todo, la luz, la tenue luz, la insistente luz eterna de este instante.
10. “En lugar de peces, Señor, / dadnos la paz” (227): Amén.