Una fascinante indagación sobre un viejo crimen de Estado, dos asesinatos sin resolver y la misteriosa destrucción de una familia, en la frágil línea fronteriza del Guadiana.
NOVELA GANADORA DEL PREMIO L`H CONFIDENCIAL DE NOVELA NEGRA 2020
En abril de 1965, en un pueblo extremeño fronterizo con Portugal aparecieron los cadáveres del general Humberto Delgado y de su secretaria. Los asesinatos fueron obra de la policía política portuguesa, por encargo del dictador Oliveira Salazar y con la colaboración de Franco. Muchos años después, para Abel Castro, un viejo periodista en paro que trabajó en el caso, se trata de un asunto olvidado. Pero deja de serlo al recibir la visita de Catarina, una joven fotógrafa portuguesa que tiene el encargo de recorrer los escenarios de los crímenes y quiere aclarar un misterio que la atormenta. Coincidiendo con el asesinato de Humberto Delgado, el único hermano del padre de Catarina desapareció para siempre y ese hecho, como un veneno de efecto retardado, destruyó a toda su familia. Abel acabará acompañándola en un viaje fronterizo en el que descubrirán que aquel pasado inquietante y lejano aún está lleno de amenazas.
ENGLISH DESCRIPTION
Abel Castro, a veteran journalist, his son Gonzalo and his girlfriend Catarina, resume the investigation of Humberto Delgado, a Portuguese General killed in 1965 by the political police in Badajoz. Together they find information on smugglers and other murders. They receive threats to stop investigating.
Un libro que transcurre en La Raya y que nombra a Elvas, Jurumenha, Olivenza, Villanueva del Fresno, Oliva de la Frontera, Higuera de Vargas y tiene pasajes que transcurren en mi barrio, se gana las tres estrellas simplemente por el hecho de rescatarnos del olvido. Y nada más. Porque este es un libro sin alma, que camina por esa fina frontera entre la historia y la ficción que toma como centro de masa el hecho histórico sobre el que se apoya, de manera poco acertada. Creo que, cuando un autor opta por este camino, ha de intentar que aquello que sale de su imaginación sea verosímil. Y en Las Jaurías, no se muy bien por qué, introduce elementos totalmente increíbles en la Extremadura actual. Como parto desde el convencimiento de que la trama hubiera funcionado igual sin esa distorsión, no entiendo muy bien que le conduce a entonar esas notas estridentes. Imagino que la razón se basa en el título y la búsqueda de una justificación al mismo. Podría hacer objeciones sobre el trato que da en el texto al contexto donde se desarrolla la acción, pero quedaría un poco repelente por mi parte, y también injusto, porque no conozco con la misma profundidad el territorio donde se desarrolla el resto de libros que suelo leer. Pero hay una apreciación que no me puedo ahorrar, porque me parece de primero de documentación y porque atañe al paladar. Por favor, escritores del mundo, Olivenza está en la provincia de Badajoz (Extremadura), rayana con el Alentejo, el reino de la Dehesa y el Montado, de la encina y de la bellota, esto no es Teruel. Aquí la gente que viene de fuera no come jamón serrano, come ibérico. Que, aunque parece lo mismo, no es igual ni de lejos. Más allá de los errores puntuales, creo que el autor desperdicia el escenario que le ofrece el territorio fronterizo ya que posee unas intrahistorias que podrían haber aportado interés y profundidad al texto. Los personajes tampoco me enamoran, no transmiten en ningún momento química entre ellos, sus motivaciones no terminan de ser convincentes y las entrevistas que realizan son frías y superficiales. Ya veis, va a ser que no me ha entusiasmado mucho, y creedme que lo siento, lo había cogido con una predisposición muy positiva, incluso relegando lecturas que ya estaban en marcha. Ni siquiera me compensa el bacalao con nata. No me queda otra que ir a por el siguiente, necesito que alguien me quite esta saudade.
Basándose en hechos reales acontecidos a principios de 1965 en la frontera entre España y Portugal, a la altura de Badajoz, Alberto Gil entreteje una historia en la que la realidad se confunde con la ficción y la ficción se hace realidad (una de las subtramas cuenta, por boca de la hija de un contrabandista asesinado, lo que en su día se ocultó). Una frontera (de nuevo como telón de fondo de actos violentos), la Raya, donde la gente sobrevivía pasando contrabando y donde la ley y la justicia la impartían los de siempre: Terratenientes, Fuerzas del Estado (respaldadas por dos dictaduras, una a cada lado) y los grupos satélites ya fueran paramilitares o directamente asesinos psicópatas.
Todo ello contado a través de los ojos de un viejo periodista, a vueltas de todo y algo apaleado, irónico y pesimista, con el contrapunto de una fotógrafa portuguesa implicada sentimentalmente en las tramas abiertas. Y hasta aquí puedo leer.
Esclarecedor de una época y un lugar, de los que no se suele hablar.
Y por hoy ya está bien de jaurías y manadas. Mejor a solas con un libro.