»Este libro, donde el parásito es una condición del lenguaje, hace de la cueva un lugar para la elaboración del ritual que funda nuestra civilización: el duelo. Desde la caverna se escribe con las piedras un dolor que se vuelve trazo, rasguño de garra, la última palabra, la que se rompe en cada verso y que en cada verso habla de su propia destrucción.
Esta es la historia de un náufrago de la lengua, arrojado a la intemperie radical de las islas y el desierto. En la cueva, la literatura deja sus restos y sus huesos y la poesía hace con ellos un lenguaje extremo para dar cuenta del abandono, de la muerte, pero también de otra vida, una vida pequeña que se abre paso en lo recóndito y en lo solo«.
Pensar lo que fue, sin nombrarlo. Y soltarlo para olvidarlo todo.
No decir »nube«, ni »aire«, ni »desasosiego«, Pero sobre todo »país«, no decir »país« en ninguna parte, olvidar esa silueta humana de tiza en el asfalto hirviendo.