«Casi no me atrevo a confesármelo, que Ueda apareció como reemplazo, una segunda opción, después de enterarme de que el admirable fotógrafo Hiroshi Hamaya ya no recibe gente en su casa de Oiso, contra el mar, no muy lejos de Tokio. Difícil explicarme o justificarme la elección de Ueda ―especie de Magritte más teatral y en blanco y negro; y debe ser entonces que Magritte me interesa más de lo que logro admitírmelo―, excepto que se lo impute a mi fetichismo por la nieve. Pero una vez cerrada la conversación, ¿qué haría queriendo mostrarle fotografías de la naturaleza a un japonés? Sería como caer de visita en una casa holandesa con un ramo de tulipanes.» Viaje interior por una ciudad huidiza, sugerente diario íntimo de impresiones casuales y hallazgos epifánicos, apuntes sobre imágenes y traducciones posibles e imposibles. Cualquier definición ahoga el alcance de esta caleidoscópica narración en primera persona de alguien que, por un ensayo que ha escrito, gana un viaje a Tokio e intenta acercarse a un maestro que es el sustituto de otro.
Mini-diario de un fotógrafo que viaja a Tokio a una entrevista, y que recoge su experiencia en breves aforismos semi-poéticos, parecidos a instantáneas fotográficas. Algunos de estos aforismos son banales, otros un poco ridículos y algunos otros, los buenos, sí que dan en la diana, pero son los menos.
En cualquier caso creo que el libro peca de un exceso de intensidad impostada, quizá potenciado por la juventud -30 años- de cuando el autor escribió el libro.
En este caso puedo decir que el precio no compensa el valor que he recibido por el.
*** Pequeña digresión****
¿Cómo llego a éste libro?
Entré en una pequeña y conocida librería de Madrid -de esas modernitas- a hacer tiempo para una reserva en un restaurante y le pedí que me vendiera algún libro como "Ballena" - que sabéis que me encantó-, no el mismo, sino de una "sensibilidad" parecida. Y la verdad es que el librero -estábamos solos en la librería- no supo recomendarme otra cosa que éste pequeño artefacto que comparte poco o nada con el libro de arranque. Con un café os comentaría mi experiencia en las pequeñas librerías de Madrid.
He comprado en casi todas, y en casi todas mi punto de entrada ha sido "¿Me recomiendas uno o varios libros?", y la mayoría no me ha preguntado demasiado , no ha pasado del: "¿qué es lo último que has leído?" y me han disparado libros de editoriales a las que probablemente tengan más o menos cariño o interés. Una vez me pasó algo en Allariz, Galicia que entré en una a buscar algo escrito por alguna autora joven gallega y al final... en fin que no me alargo.
Paradójicamente, los libreros de "La Central Callao" han acertado mucho más que los "connoisseur" de las pequeñas.
Y al final, me fío mucho más de vuestras recomendaciones en esta red que de las recomendaciones de libreros.
Trato de leer cada vez que puedo lo que escribe Serra Bradford en el despreciable diario Clarín, recuerdo un genial texto sobre las novelas criminales y otro muy bueno sobre Langlois y Ruiz. Pero el Serra Bradford ensayista, que parece un arquitecto por lo bien que calcula dónde debe ir cada idea, es muy distinto al narrador, dubitativo, errante, fragmentario. Siempre con la misma capacidad para sintetizar ideas o sentimientos complejos en frases cortas, o para vincular estéticas autorales sumamente distintas con una facilidad increíble.
Y como son de la misma colección de la misma editorial, es difícil no percibir que este libro es primo hermano de Material Rodante de Gonzalo Maier, otro viaje inútil de latinos perdidos con referencias cruzadas y lenguajes incompletos.
Cuando cogí el libro tenía buenas expectativas, ya que por el título parecía que me iba a gustar mucho. Sobretodo porque se sitúa en Tokio y me encanta el país y su cultura.
Pero cuando lo leí fue todo lo contrario: no me gustó nada. Está escrito en formato diario y cada párrafo es muy corto (unas 3 líneas o como mucho 6). Además, cada vez que cambiaba de párrafo hablaba de un tema totalmente distinto y se hizo complicado seguir la historia.
Por compararlo, en cuestión de formato con otro libro, el Diario de Ana Frank también está escrito en formato diario, pero en este caso las descripciones son mucho más detalladas y el ritmo de la historia es mucho más pausado. También es cierto que difieren en el número de páginas, pero para mi es preferible que haya algo de contexto para entender lo que están explicando.
Aún así, pienso que es un libro que se lee bastante rápido porque está en formato diario y los capítulos son cortos. Y que puede ayudar a entender la cultura, las personas y la forma de pensar de los japoneses.
¡Ojo! Qué lástima lo mal valorado que está aquí este maravilloso documento de Serra Bradford (talento), un poderoso tejedor de anhelos y pasiones.
Nos encontramos ante un fantástico compendio de vivencias y anotaciones respecto al mundo fotográfico y cinematográfico; también anécdotas, revelaciones personales, apuntes culturales.
Un diario de viaje interesantísimo, con una poética y fragmentada escritura que requiere de cierta permeabilidad para poder ser deleitado por ella.