Cuando uno vive como ser humano, hay veces en las que es imposible enterrar la melancolía
Menudo seinen y yo que me lo quería perder.
Nos adentramos en el día a día de Punyama Punpun, un niño dibujado como un monigote que veo como un pollo (no preguntéis por qué que ni yo lo sé) que va a la escuela, pasa el tiempo con sus amigos, le gusta una compañera de clase y de mayor quiere ser astronauta. Qué tonta fui al pensar al principio que estaba ante un manga de tono infantil. ¡Ja!
Punyama Punpunpapa, el padre del pollo, me dio la primera sorpresa borracho y echando la culpa de su violencia a unos ladrones. Luego llegaron la cinta pornográfica y los asesinatos. Hay una secta rondando por ahí también, muchoa viejos verdes y el dios al que reza Punpun, un tipo con gafas y pelo afro, aparece de vez en cuando para aconsejarle (también hay un dios caca). Un aire deprimente, dramático a la vez que gracioso, se percibe en cada escena.
El arte de Inio Asano es brutal, precioso, macabro. Los personajes son feísimos, pero eso los hace reales. Cada situación que aquí se plantea es perfectamente válida de ocurrir en la realidad. Asimismo, los sentimientos de Punpun, que cualquiera hemos experimentado, los explica un narrador de manera muy simple y las expresiones del pollo son algo limitadas, todo lo contrario a las del resto de personajes (los adultos dan miedo), pero bastan al lector para comprenderlo, pues a fin de cuentas es un niño.
Estoy muy intrigada por ver cómo crecen y maduran Punpun, sus amigos y familiares. En especial, por comprobar si una teoría loquísima que se me ha ocurrido en este tomo se cumple. Además, el título me da muy mala espina.
Manga muy recomendado por la de temas serios que trata y que invitan a la reflexión, por los maravillosos dibujos y por lo cómico que resulta Punpun. Eso sí, por lo que he oído, la depresión está asegurada.
Somos ovejas descarriadas por la vida, siempre en busca de una verdad que no existe