3/5 Estrellas
Los españoles solemos pensar que nos llevamos la palma cuando hablamos de picaresca, de corrupción, de desorganización, pero el panorama que nos presenta Lemaitre de la Francia de 1940, en los días previos a la invasión alemana, es terrible.
Nos presenta un país minado por la corrupción, un país pagado de si mismo, ensoberbecido en la creencia de que su poderío militar le hacía prácticamente invulnerable a cualquier ataque alemán. Y la realidad era que el ejército francés estaba mal preparado, mal dirigido, mal informado y mal equipado, lo cual se demostró en el ataque de Mayo de 1940, en el que se derrumbó la infranqueable línea Maginot y que concluyó, en tan solo 6 semanas, con la ocupación de París el 14 de Junio.
Y esto es lo que nos narra Lemaitre, la gran debacle, el gran éxodo, la gran humillación ante el enemigo secular que aún, a día de hoy, marca a fuego la conciencia colectiva del pueblo francés (las penas de las que habla el título). Y lo hace a través de un elenco de personajes exagerados e histriónicos en demasía. Parece que muchas de las historias narradas están basadas en hechos reales, dentro del caos que se desató con la desbandada del ejército y la huida de miles de franceses y refugiados belgas, holandeses y luxemburgueses, hacia el sur de Francia, pero el histrionismo de algunos personajes, como el caso de Desiré, me ha parecido excesivo y no le veo el encaje en la historia, la verdad.
Dicho lo cual, se adivina que es el libro que menos me ha gustado de la trilogía de entreguerras. Un conjunto de historias confluyentes, poco creíbles, exageradas, que visualizo como una crítica virulenta de la situación política y social que llevó a esta terrible situación, pero que no me parece que reflejen la realidad de este momento histórico. A mi por lo menos no me ha convencido demasiado, aunque aprecio el valor del libro, como siempre muy bien escrito, como instrumento de agitación de la conciencia colectiva y de la memoria de la sociedad de nuestro país vecino, con sorna, con humor negro a veces, pero atizando duro.
Es esta capacidad de exorcizar hechos terribles del pasado, de sacar los trapos sucios sin pudor, de exponer sin tapujos los hechos más vergonzosos (en su mayor parte reales) y las acciones más loables, lo que más ha atraído de esta trilogía de Pierre Lemaitre. El estilo y determinados personajes, no me han acabado de convencer, sobre todo en esta última entrega. Espero que los siguientes libros, que por lo que cuenta en alguna entrevista, seguirán repasando la historia de Francia a partir de la segunda guerra mundial, sigan en esta línea, pero mejorando un poco este último.
Por mi parte seguiré leyendo al autor con interés.