«Beber un cáliz y Triste domingo son libros disímiles en su género y presentación, pero ambos guardan los secretos esenciales de este escritor hidalguense, sin el cual no podríamos comprender la riqueza de la narrativa mexicana del siglo XX.» Del prólogo de Sandro Cohen
Muchas son las virtudes de la prosa de Ricardo Garibay. Este «artesano riguroso de la palabra», como diría Adolfo Castañón, ha sido elogiado porsu célebre oído literario, alejado del canon, así como por su destreza para construir personajes. En Triste domingo traza un triángulo amoroso entre Alejandra y dos hombres aparentemente Fabián, un joven escritor en ciernes, de una intensa candidez; y Salazar, quien todo lo sabe y lo ha vivido, y aparenta tener el caos bajo control. Beber un cáliz, de corte autobiográfico, constituye la crónica de cómo vivió la agonía de su el desmoronamiento frente al que experimenta su dolor y contradicciones. Dos temas universales, el amor y el padre, con los que sólo puede atreverse un autor con la experiencia narrativa de Garibay.
Tengo idea de que éste lo conseguí en esta primera FILEY post-pandemia (2023). Sospecho que me llamó la atención que se tratase de un escritor mexicano. No que no haya muchos, simplemente me di cuenta de que aunque sí, me encanta la literatura hispanoamericana, leo a más mujeres. No está mal, probablemente se deba a que además de ser cercano a casa en términos cultura y costumbres, es fácil reconocerme en esa voz femenina.
En esta edición encontramos dos novelas de Garibay. La primera, Triste domingo, fue la que originalmente me llamó ya que es la que viene descrita en el epílogo. Cuenta la historia del triángulo amoroso entre Alejandra, Fabián y Salazar. Ella encuentra a este último en una etapa de su vida en la que está aprendiendo a ser la versión más feliz y auténtica de ella misma. Él con su madurez y la sabiduría de la edad, le enseña a disfrutar de los placeres de la vida desde un lugar de privilegio y poder. Por el otro lado, Fabián queda prendado de la frescura, vitalidad y sencillez de Alejandra desde el primer momento que la ve. Y aunque inicialmente ella no lo toma enserio, más pronto que tarde empiezan a tener un romance. La disyuntiva entre la comodidad, estabilidad y comprensión que le ofrece uno, contra la juventud y pasión que ofrece el otro empiezan a carcomerla.
Me gustó bastante... sólo, no sé, hay un "pero" que no sé que es. O sí, pero no puedo decir sin espoilear. Definitivamente siempre me va a fascinar esa sensación bonita de leer sobre casa, sobre mi país y lugares que no cuesta trabajo imaginar porque los conoces. Me gustó como están desarrollados los personajes; tanto ellos como las situaciones y circunstancias son verosímiles.
Beber un cáliz... Pfffffff, ¡UNA JOYA! Es un escrito autobiográfico, una crónica de como él vivió la agonía y fallecimiento de su papá. Amo este tipo de lecturas. Lo que las hace tan poderosas a mi parecer es la vulnerabilidad del autor para compartir algo tan íntimo que a fin de cuentas nos hace conectar con él a otro nivel. Podemos sentir en nuestra propia piel y alma por lo que estaba pasando. Garibay hace un trabajo espectacular envolviéndonos con su pluma; describe cada recuerdo con su aroma, sensación, emoción, compulsión... 100/5 (Porque 5 estrellas no son suficientes).
Seré sincero, es la primera vez que leo a Ricardo Garibay. Encontré estas dos novelas y decidí empezar por ellas. Primero, son dos novelas diferentes, hasta podría decir que alejadas una de la otra para venir en un mismo libro.
Triste domingo no me gustó, y no pude con ella, si bien los personajes son creíbles, la historia me pareció muy lenta. Reconozco el buen oído y los diálogos tan coloquiales de Garibay, pero ni así salva esta novela tan plana que relata un triángulo amoroso.
Beber el cáliz al contrario de la anterior, me parece una gran novela, sucinta, íntima e intensa que relata la relación entre un padre en sus últimos días aquejado por la enfermedad y su hijo. Esta última es un gran trabajo narrativo.
Triste domingo: ⭐️ [1/5] Beber el cáliz: ⭐️⭐️⭐️✨ [3.5/5]
En este libro se recopilan dos obras de Ricardo Garibay. La primera, Triste domingo, es una novela de ficción que nos presenta un trío: Alejandra, una chava buena onda que tiene sus queveres con Salazar, un tipo maduro y rico. Ya sé, a Alejandra le gustan mayores, de los que llaman señores. Por otro lado, Fabián se enamora perdidamente de ella, pero es un holgazán, aspirante a escritor, y muy idealista.
Me parece que es una novela muy bien lograda porque sabe resolver las profundidades de esta relación sin caer en lo telenovelesco. Sin duda, el personaje de Alejandra se aleja de una construcción machista, o lo más que se puede.
La segunda obra es una novela de autoficción, en el libro le llaman crónica. Cualquiera que sea el género, es una aproximación íntima de Ricardo Garibay a la agonía y muerte de su padre. Relata sin sentimentalismos (no que sea algo malo) un evento que sucede ante sus ojos lentamente. Es doloroso, pero también lleno de amor.
Pocas veces se ha escrito de la paternidad y el duelo de una manera no violenta, ese es el gran aporte de Garibay. Yo creo que al poner la editorial estas dos obras en un mismo libro, nos permite ver dos mundos totalmente opuestos en la narrativa de este escritor, creo yo, poco valorado. Así vemos la vivacidad de sus imaginaciones y el descarnamiento de sus textos personales.