Ameno, pero falto de chispa. Como antesala de cara al final de la saga no está mal, pero lamenté que los hermanos de Enola, especialmente Sherlock, tuvieran una presencia casi nula. Aquí lo más interesante del caso es que sirve para que Enola reflexione sobre los lazos afectivos que ha creado con ciertos personajes y sobre lo que tal vez le faltó en su infancia. Eso y el hecho de que Sherlock se dé cuenta de algo es lo más importante de la novela. De resto, la novela aporta muy poco respecto a los libros anteriores.
En esta 5º parte, Enola se ve sumergida en una investigación que se le presenta por sorpresa: su casera, la señora Tupper, ha recibido una amenaza, la cual ni siquiera parece tener sentido. Lo que en un principio da la impresión de ser un mensaje estúpido, va derivando en algo más peligroso, y Enola deberá ahondar en el pasado de su casera para intentar entender lo que ocurre y salvarla. Lo que más me gustó fue conocer mejor a la señora Tupper, ver lo que vivió me hizo tenerle más cariño y me dio pena la soledad con la que tuvo que afrontar determinadas tragedias. La labor detectivesca de Enola está bien desarrollada, el problema es que, una vez resueltos los interrogantes, lo que no parece tener demasiado fundamento es la actitud de los malos… digamos que se zanja rápido el asunto y hay un cambio brusco de actitud que provoca que sea ilógico lo que uno de ellos hizo.
Como dije al principio, Mycroft y Sherlock apenas aparecen, y si a eso le sumamos que su madre también sigue sin dar señales de vida, pues no hay muchos avances respecto a la situación familiar de los Holmes. Eché en falta los típicos encuentros ocasionales de Enola y Sherlock, ya que aquí son escasos y demasiado fugaces. Lo único positivo es que una escena final sí que nos permite ver claramente a Sherlock valorando los hechos desde un punto de vista diferente al habitual.
A nivel de narración, el libro es menos descriptivo que su predecesor, lo cual permite que la lectura sea más entretenida y que no se pierda el tiempo con detalles superfluos. Enola sigue siendo un personaje entrañable que nos sigue ayudando a verle sentido a mensajes codificados, lo cual a mí me sigue generando admiración… en serio, a mí alguien me envía un mensaje como los que se ven en estos libros y no me enteraría de nada xD.
Respecto al tema educativo y reivindicativo, aquí se habla de Florence Nightingale, precursora de la enfermería tal y como la conocemos, pero me faltó que se explicara mejor su labor, ya que queda como un personaje más de la novela y no destaca. Recuerdo que en la novela gráfica sí que fue mejor descrita y se podía conocer más sobre ella. En lo que se refiere a la crítica social, aquí hay poca, y no es que eso esté mal, ya que no es algo imprescindible, pero me extrañó que fuera más suave que en otras ocasiones.
No negaré que esperaba un poco más de esta novela, pero quiero creer que la autora quiere reservar lo mejor para el final de la saga, la cual leeré de inmediato para ver cómo acaba todo (aunque sé que me dolerá despedirme de Enola y de Sherlock).