Leí este libro mientras hacía una estancia de investigación en Génova. Lo terminé hace casi un mes. Hoy (me) escribo esta verborrea casi un mes después de terminar su lectura. Me había dejado un sabor que estaba degustando. Una sensación entre el entusiasmo que me despiertan los argumentos, la crítica académica, la ilustración de alternativas a partir de la praxis. A la vez la desolación ante el presente desolador que La arquitecta Zaida Muxi y su colega y compañero Josep Montaner nos ponen ante los ojos.
La mirada de los arquitectos es de irrefutable experticia , ambos han batallado en los frentes de la academia, el oficio del proyecto, la escritura y la práctica política tratando de hacer de sus ciudades un mejor lugar.
“Arquitectura y Política” es un libro para todes y eso es maravilloso, se deja leer. Es un libro necesario, que nos habla de los retos éticos y sociales, a los que nos enfrentamos hoy los habitantes de los espacios urbanos. Y por su puesto los retos en la creación de políticas que tienen los gobiernos. Los autores son tan críticos como yo, del hipócrita modelo “ecológico” del suburbio. Son frontalmente demoledores con las prácticas que incentivan los procesos de gentrificación, políticas que pasan por la compleja combinación de la omisión del estado en generar políticas de protección a los moradores, sumado a la ‘colonización’ efímera y constante de estas zonas por nómadas digitales y viajeros, es decir al modelo airbnb (al cuál yo alimento…).
Muxí y Montaner, en su revisión a los dispositivos tradicionales que comandan el ordenamiento de la ciudad, no dejan ‘palo con cabeza’, todes se funden en cierta indiferenciación de políticas y actos perversos. Y esto es uno de los asuntos que me deja muchas dudas. La experiencia urbana, no es un asunto de buenos y malos. La vida urbana es muy compleja, es caótica, es conflictiva. La celebración de la diversidad no es directamente proporcional con las acciones de lo ‘totalmente correcto para una vida urbana ‘eco-socio-ético-economi-sostenible’. Lo que si es la vida urbana, es potencia creativa por la intensidad de las interacciones que propone. Los autores lo saben, ellos no son ingenuos, por eso, en su búsqueda de mundos alternativos frente a la ‘perversidad de la globalización’ ponen el foco en las prácticas autogestionadas, en el fortalecimiento de las organizaciones de base, en experiencias sociales ecofeministas de Toronto, Ecuador, India y muy especialmente las de Barcelona, su propia ciudad.
Yo me quedo con esta idea, para avanzar en mi camino como urbanista y ciudadana: ‘un urbanismo ecofeminista’ pero le exijo también que sea lúdico, intenso, creativo y conflictivo, que estimule y erotice la interacción inesperada, intempestiva, indeterminada.