Ignatius Farray es al humor lo que el agua es a la vida, es decir, un elemento necesario. No porque sea parte de La vida moderna, tenga un Premio Ondas, haya estado nominado a los Emmy y convoque a miles de personas en sus monólogos cada año; tampoco porque sea invitado recurrente de La resistencia, Late Motiv, Ilustres ignorantes y cualquier otra manifestación de la risa que valga la pena; no. Ignatius Farray es necesario porque es imprevisible. ¿Y qué libro puede hacer un tío imprevisible? Quién sabe…
Dicen los rumores que Vive como un mendigo, baila como un rey puede definirse como un viaje a la cabeza dislocada de Ignatius. Un recorrido tan improbable como real desde una sala de catequesis en Tenerife hasta los escenarios y platós de Madrid, con escalas en Londres y Móstoles. ¿Cuándo dejó nuestro héroe de lado al niño Juan Ignacio y se convirtió en Ignatius? ¿Qué tuvo que pasar para que se erigiera como el comediante más comprometido y surreal de nuestro país?
Memorias, teoría del humor, ilustraciones y documentos nunca antes vistos se entremezclan aquí para dar forma a un libro absoluto. Bienvenidos al cajón de sastre del gran Ignatius Farray, el asiento en primera fila que cualquiera de sus seguidores quisiera tener.
Juan Ignacio Delgado Alemany, más conocido como Ignatius Farray, es un cómico, escritor, monologuista, actor, guionista y cantante español, ganador del Premio Ondas y nominado al Emmy en 2018.
Me siento mal porque he ignorado la recomendación de Ignatius y he leído su libro, en lugar de dejarlo en mi estantería con los demás libros sin leer (check), usarlo para calzar una mesa o dárselo a mi perro para que se lo coma.
Ignatius Farray, que firma este libro, es un cómico excesivo, extravagante, underground. Al límite de la comedia, posiblemente o te gusta o no lo soportes. Juan Ignacio, que es quien ha escrito este libro, es una persona de Tenerife, divorciado, con un hijo al que adora y un montón de amigos. No soy precisamente un gran fan de las autobiografías, ni de las biografías en general, pero esta me ha enganchado. Me ha enseñado la diferencia entre la persona y el personaje, ha desnudado sus miedos y se nos muestra a todos tal como es, con sus contradicciones de persona vulnerable y a la vez con la autoestima por las nubes....madre mía!, un psicólogo se volvería loco contigo jaja. Se lee fácil, deja en el tintero muchas cosas personales que probablemente su timidez y respeto no le permiten airear y nos muestra la trastienda del alter ego de Juan Ignacio: Ignatius, el exhibicionista sin filtros, el "loco" sin complejos que se sube a un escenario o se pone delante de un micro. Una edición en papel preciosa, con sus páginas de colores, ilustraciones geniales, tiras cómicas, solo por eso ya merece la pena leerla y tenerla entre las manos, y no, no la voy a usar para calzar una mesa, como prétende su autor, queda muy bien en la estantería de libros leídos.
Reconozco que jamás pensé que leería una autobiografía de Ignatius Farray y ha sido una de las grandes alegrías de mi reconexión cultural con España.
Cuando comencé a Vivir Europa en 2010, hacía ya muchos años que el ingenio de Ignatius formaba parte de mis recursos lingüísticos. Tuve la suerte de terminar la carrera a la vez que La hora chanante se hacía con el control cultural de la España "alternativa". Y por supuesto, la obsesión por este programa iba más allá de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla. Básicamente era algo que desmenuzábamos concienzudamente día a día, conversación a conversación.
El Loco de las Coles dejó de ser lo que ahora todo el mundo conoce como el grito sordo para convertirse en Ignatius, mi monologuista favorito gracias al monólogo de "Las drogas te vuelven loco" de Paramount Comedy, un monólogo que ni recuerdo exactamente donde vi por primera vez y del que ahora mismo en Youtube solo he encontrado algunos fragmentos subidos hace 11 ó 12 años.
Jamás he reutilizado tantas partes de un diálogo o monólogo en mi vida. De hecho, todavía recuerdo en ocasiones con amigos partes de ese monólogo. El ciclismo como drogadicción, el Euro con no sé cuántos céntimos de cocaína, el chaleco de camuflaje de Bin Laden o el ¡Mastúrbate!
Y, como decía antes, al dejar España en 2010 no sabía mucho más de la vida de Ignatius, quien pensaba que jamás sería mainstream como otros humoristas que me resultaban mucho más aburridos. Pensaba que había desaparecido y de hecho casi nadie lo conocía cuando lo mencionaba.
Y, de repente, casi diez años después, me encuentro con "El fin de la comedia", que consumo en un solo día y escucho por primera vez hablar de "La vida moderna" y fue como reencontrarte con una parte de tu vida ya olvidada.
Eso ha sido, en cierto modo, leer esta autobiografía. Reencontrarme con una parte de mi vida que había quedado atrás a la vez que profundizaba en la vida de alguien que creyó en sí mismo más de lo que yo creí en sus posibilidades cuando vi sus primeros monólogos.
Solo espero ahora que no me pase como con los grupos de música que se hacen famosos y me deje de gustar Juan Ignacio porque está de moda, porque sería para darme un puñetazo.
He gastado apenas 5 horas en leerlo porque me ha gustado tanto que no podía dejarlo. Si te gusta Ignatius (y si te gusta, te gusta, no te hace gracia o te cae bien. O le amas y consideras mencey, o le odias y piensas que es un pirado destartalado) es una lectura obligatoria.
Bastante decepcionante. Si eres seguidor, poco aporta que no sepas, y lo que si tampoco es demasiado interesante, además de tener una calidad literaria entre regular y mediocre.
Un libro divertido donde el mejor cómico de España nos cuenta sus andanzas desde su infancia hasta su época en Londres aprendiendo en Talk shows para terminar en el programa de La vida moderna. Hay momentos desternillantes y locura tipicos de Ignatius pero también hay lugar para la ternura.
Mr. Chaman, Elvis Canario, Pollito de Troya, Andy Washington... todos esos personajes del Mencey en el exilio que, sin las caricias de los tentáculos de Shiva, jamás hubieran llegado a nacer. Ignatius ha sido mi mayor descubrimiento estos últimos 3 años, y por supuesto, no iba a desperdiciar esta oportunidad para conocerle aún más. He llegado a la conclusión de que, o se le adora, o no se le comprende. Los mayores genios son los más incomprendidos. non plvs tvrra
Visto el desprecio de Sergio Jiménez hacia este libro me veo en la necesidad de decirlo: Ignatius es uno de los grandes cómicos de la historia de este país. Pocos se han comprometido tanto y han dedicado la vida a la comedia como el. Es un filósofo de la risa; un pionero dedicado a explorar el territorio de la comedia y chocarse con sus límites, aunque por el camino tenga que dejarse el alma.
Y este libro no es mas que eso: un vistazo rápido a su loca cabeza, al universo de ideas y personajes que forman la mente de uno de los mayores genios locos de España.
John Kennedy Toole escribió La conjura de los necios con treinta y dos años. Se pasó meses y meses intentando que le publicasen aquella odisea protagonizada por Ignatius J. Reilly, un gordo caprichoso y energúmeno que se aprovechaba de un mundo poblado por necios y estúpidos, y, al fin y al cabo, se volvía... un antihéroe.
El rechazo editorial y una fuerte depresión llevó a Kennedy Toole al suicidio. Desde ese momento, su madre buscó que publicasen la novela de su hijo. Y lo consiguió. Y ya fuese por la historia que acompañaba la obra o porque saber que Reilly era un perfecto retrato de la contrariedad del ser humano, La conjura de los necios se convirtió en un éxito de ventas aclamado por crítica y público. Y yo digo: ¿no somos absurdos todos los seres humanos? Parece que el heredero de Ignatius J. Reilly, nuestro cómico Ignatius Farray sí lo sabe o, al menos, parece sostenerlo en su libro Vive como un mendigo, baila como un rey.
En Nochebuena de 2020, estuve con mi familia o lo que queda de ella. Con mascarillas, Tenerife y todo el jaleo de un año 2020 que ha roto lo que dábamos por hecho. Tú piensas que la vida va a ir por un lado y, de pronto, la vida te da una bofetada con la mano abierta. Detesto la Navidad, pero con los años he aprendido que es pasajera, así que no hay motivo para odiarla más que cualquier otra fecha del año. Sea como sea, fui a darle mi regalo a mi hermana. Era el libro de Ignatius: Vive como un mendigo, baila como un rey. Mi hermana me dio su regalo. Era el libro de Ignatius: Vive como un mendigo, baila como un rey. Puede que eso diga mucho de nosotros. ¿Qué le vamos a hacer? La comedia, al fin y al cabo, es l0 que nos salva la vida o eso es lo que defiende Ignatius Farray.
Ignatius puede que sea uno de los cómicos más "polarizantes" de los últimos años en un país con tendencia hacia lo rancio, donde cualquier humor que escape de lo más clásico, pierde rápidamente a cierto sector del público. Algunos piensan que Ignatius es el gran reinventor del humor en España, otros que es un degenerado. Y yo digo: ¿por qué no puede ser ambos? Que Ignatius sea un exhibicionista con tendencia a hacer el grito sordo, improvisar y soltar lo primero que se le viene a la cabeza es simplemente eso: la imagen de Ignatius, un personaje que ha hecho que Juan Ignacio, el hombre tras la máscara, consiga liberar una parte de sí mismo que de otra manera nunca hubiera escapado de Granadilla. Ese pobre padre separado miope y tinerfeño encontró en un personaje inspirado en el protagonista de La conjura de los necios una forma de escapar de su realidad.
Quien piense que Ignatius es un imbécil, que no sabe lo que hace realmente, se señala a sí mismo como el imbécil. No entiende la falsedad de una interpretación, de un personaje diseñado a partir de retales de personas reales que ha conocido Juan Ignacio. Es una pena que, a veces, hasta él mismo se rodee de imbéciles que se creen graciosos y ni le dejan hablar, o alimentan la vacuidad en la que cae en ocasiones el personaje ante la tontería del escenario prediseñado. Además de demostrar una amplia cultura cuando escribe o habla "en serio", Ignatius sabe qué puntos tocar o, mejor dicho, Juan Ignacio tiene la perspectiva suficiente para desarrollar a su personaje. Ha creado una máscara para dar rienda suelta a cosas que no haría por sí mismo. Es como Spider-Man, pero siendo un padre tinerfeño miope y divorciado. Lo que lo hace mejor.
Vive como mendigo, baila como un rey es una mezcla entre el ensayo y la biografía. Más bien, es la búsqueda desesperada de una tabla de salvación. Ignatius recorre todo su pasado intentando encontrarle sentido a por qué es como es, creyendo que en su pasado está la respuesta, que sometiéndose a esta terapia hallará una catarsis aristotélica en su propia tragedia humana, la tragedia humana que todos protagonizamos.
Comienza con un Juan Ignacio begins (en Granadilla, nada más y nada menos) y continúa con su adolescencia y sus primeros años perdido. Los siguientes capítulos (en los que nos habla de su marcha a Londres y su regreso, y de cómo empieza en el mundo de la actuación, al igual que sus referentes) me parecen geniales. Pienso que la visión de Ignatius está llena de cierta nostalgia, ganas de reírse de uno mismo y de reflexionar sobre cómo nació el personaje de Ignatius.
Lamentablemente, percibo cierta pérdida de fuerza cuando pasa a hablar de los años más cercanos, de su triunfo en la radio y de cómo se ha convertido en una figura pública con todo lo que eso conlleva. A los locos es mejor tenerlos en un pueblo y señalarlos, pero en este mundo actual, el loco está a la vista de todos e incomoda por su capacidad de ver el mundo como realmente es: una suma de absurdos y disparates. Me hubiera gustado que hubiera incidido más en su visión de la comedia, los monólogos, la importancia del humor, pero esto no va de lo que me hubiera gustado, sino de lo que es.
Con poco que hayas seguido su trayectoria por LVM o la Resistencia, te puedes hacer una idea de lo que trata el libro. Quizás hay algo más de chicha pero no descubres nada nuevo. Es una lectura sencilla y sin florituras, que no decepciona pero se queda algo vacía en algunos capítulos.Lo más interesante, quizás, el epílogo escrito por su hijo
Me ha parecido muy guay. La manera en la que está escrito hacía que quisiera seguir leyendo. Conocerle un poquito más así ha sido genial. Que al final las personas somos más profundas de lo que parece.
Ignatius es un genio, un filósofo clásico nacido en la época equivocada, y leer este libro te acerca más a poder entender cómo (y por qué) su mente funciona así. En cualquier caso, en realidad me esperaba más del libro, más profundidad, más complejidad, y si eres seguidor habitual de Ignatius tampoco hay mucho contenido nuevo, así que realmente mi puntuación sería 3,5 *.
Para ser un libro autobiográfico creo que se ha quedado corto con algunas cosas (o al menos yo me he quedado con ganas de saber más). Entiendo que tampoco puede andar contando según qué intimidades que incumban a terceras personas. El último capítulo me ha encantado.
Muy rápido de leer, interesante porque explica no sólo los datos biográficos si no los primeros stand up comedy y cómo los vivió él. Me he reído también. Es un libro entrañable y cuando lo lees parece que lees a Ignatius.
No se puede no querer a este hombre. Persona buena, niño grande, genio loco... Llamadlo como queráis. Este libro es como si él te lo estuviera contando: con su discurrir y sus idas por las ramas para terminar llevándote, unas veces, a donde quería llevarte desde el principio por una carretera secundaria y, otras veces, a otro lugar totalmente insospechado y honesto de su amplio imaginario.
Como todo lo que hace Ignatius, este libro es genial, Ignatuis es un genio etc etc Sin embargo he de decir que no veo a Ignatius, o al menos la idea de Ignatius que yo me he formado en la cabeza, escribiendo de la manera tan prepotente como lo ha hecho. Parece que lo ha inventado todo, fue el primero de todo lo que se ha hecho en comedia en España y nadie es tan incomprendido como él. No le pega nada. Pero en fin, lo mejor del libro, el prólogo de Broncano y el epílogo de su hijo porque me parecen súper tiernos. Le he puesto un cuatro pues porque es él, ¿qué le voy a hacer?
El libro me pareció muy chato. Una serie de anécdotas e historias sin ningún contenido profundo, sin real reflexión. Entiendo como a alguien super fanático de Ignacio le puede interesar por curiosidad pero más que eso, no le veo el interés al libro.
No esperaba que me gustase tanto. Siempre me ha caído muy bien Ignatius, pero hay una cosa que se dice en el libro con la que no podría estar menos de acuerdo, que es que es tan bueno actuando que nunca notas que lleva todo escrito y preparadísimo (no lo dice él). ¡Hay pocos cómicos a los que yo haya visto repetir y reciclar material tanto como Ignatius! Por eso he tardado tanto en acercarme a 'Vive como un mendigo, baila como un rey', porque daba por hecho que iba a ser un batiburrillo de cosas que ya ha contado mil veces, solo que en formato libro. Sin embargo, no es exactamente así. Ignatius es un escritor estupendo (¡al parecer su hijo también, por cierto!), que transmite sus propias ideas con tanta facilidad en este registro como en sus arrebatos más inspirados sobre el escenario, si bien sobre el papel deja ver en perspectiva, con los árboles ya talados, el hermoso camino que ha trazado a machetazos por la selva del lenguaje. Él cuenta cómo, a través de Richard Pryor y de otro "cómico del montón" –textualmente lo cita así–, aprendió que de la sinceridad y el corazón emanaba la esencia más pura de la comedia, y esa verdad para con uno mismo creo que también tiene mucho que ver con cómo se escribe, con cómo se cuentan las cosas y cómo se inventa uno la realidad que está levantando. Refina admirablemente ese registro confesional que siempre ha sido, en el fondo, lo más potente de su comedia para construir una crónica vital muy lúcida, interesante y reconocible en su filosofía; un libro que representa a alguien en quien habita una circunstancia no necesariamente paradójica, la de ser el hombre menos pretencioso del mundo y alguien que se divierte mucho con la intelectualidad.
Efectivamente, es el típico libro que te compras sabiendo que no va a se realmente bueno, pero que como seguidor del protagonista (o del objeto de la historia) te gustará. Y es, efectivamente, eso. mismo lo que me ha pasado.
No hay ningún texto suyo como tal y tampoco nada acerca de las reflexiones humorísticas más trascendentales a las que nos tiene acostumbrados en LVM. De hecho, se podría decir que no te hace reír más allá de algún guiño medianamente impostado a los fierísimos seguidores (entre los que me encuentro "Le dice la hija al padre..."). Es más un texto general y sin meditar sobre su vida vista desde sus ojos, lo que lo hace en muchas ocasiones inconexo y extremadamente capitular. Pero tampoco ahonda demasiado en todas las cosas (desvía con poca maestría el tema de las relaciones personales)...
Sin embargo, creo que también funciona muy bien como fiel reflejo de cómo es él. No solo por el tema de la inconexión y mendicidad narrativa que realmente le caracteriza, sino también por la propia y maravillosa sensación de leerlo, siendo este una parte suya –con especial mención a los textos y garabatos que tiene, sin duda lo mejor de la edición–. Y el final es, creo, bastante bueno y recoge, aunque sea por primera vez, la idea general que abraza el libro.
En fin. Creo que me hubiese gustado poder regalar el libro y que este pudiese funcionar como "introducción" a la maravilla que es Ignatius (y Jose Ignacio) para cualquier persona, pero creo que solo funciona en manos de alguien a quien ya le haya chupado el pezón y bautizado en la comedia. Si eres una de estas personas –vale con simplemente haberle visto en varias ocasiones–, creo que lo disfrutarás.
Un 5 al epílogo. Un 3 al libro. 4 de media. Ignatius esconde más de lo que dice. En muchas partes subyacen secretos que, tal vez, jamás serán revelados. En general, es interesante para repasar la trayectoria de uno de los cómicos más destroyers, imprevisibles e insólitos del panorama actual. Su conocimiento de la comedia es enorme, aunque me hubiera gustado que profundara más en los aspectos creativos, sus influencias y demás. A veces parece que Ignatius esté escribiendo un testamento vital. Como si Juan Ignacio estuviera redactando la muerte del humorista que lleva dentro y le ha permitido afrontar y superar, como dice, su propia incapacidad vital. Un exorcismo que nos ha permitido conocer a la persona que hay detrás del chupador de pezones y creador del grito sordo. Pero ¿no es Ignatius e Ignacio el mismo ser? ¿Acaso sería posible que existiera Ignatius sin Ignacio y viceversa? Para mí, esa dualidad expuesta y justificada es mera excusa. Una forma de buscar el perdón de ese lado oscuro que le ha permitido a Ignacio dar rienda suelta a su ser más irracional y, al mismo tiempo, creativo. No hay que pedir perdón. Si ha de haber una evolución, Ignatius no necesariamente ha de ser asesinado por Ignacio. Sería como suicidarse. El tema tampoco da para más. Muchos artistas crean un personaje que difiere de su persona natural y corriente. Quien vive el día a día, quien va a comprar el pan, quien paga las facturas, en la mayoría de ocasiones poco tiene que ver con aquel que se sube al escenario. Menuda paja mental se ha montado Juan Ignacio. Más o menos, la misma que me he montado yo. Pero me ha gustado el libro y me lo he leído entero, que ya es mucho.
Para ser el primer libro de tipo biográfico que leo no me ha resultado pesado.
Conozco a Ignatius desde hace varios años. En parte se debe a que soy de Tenerife y muchos de sus monólogos han girado en torno a anécdotas ocurridas en la isla, evocándome cierta nostalgia. Por ello, decidí darle una oportunidad a su libro ya que, como mínimo, podría conectar fácilmente con algunos capítulos del mismo.
Lo qué más me ha gustado fue precisamente el inicio del mismo, cuando narra sus vivencias de niño en Canarias. La cercanía de su manera de escribir casa perfectamente con el humor que suele expresar durante sus actuaciones. La edición también acompaña, con un tacto agradable en la sobrecubierta y con bastantes imágenes que ilustran la narración.
Hacia la mitad de la obra he sentido que se me iba haciendo algo pesado al ahondar tanto en su trayectoria profesional, aunque bien es cierto que muchos de los programas de televisión que menciona no los he visto. Sin embargo, los epílogos vuelven a elevar el ritmo y el nivel general, destacando principalmente el último de ellos escrito por su hijo.
En resumen, una lectura recomendable si eres seguidor del humor de Ignatius que se aleja de ser pretenciosa y que consigue acercarnos a la persona detrás del creador del grito sordo.
Dicen los rumores que "Vive como un mendigo, baila como un rey" puede definirse como un viaje a la cabeza dislatada de Ignatius. Un recorrido tan improbable como real desde una sala de catequesis en Tenerife hasta los escenarios y platós de Madrid, con escalas en Londres y Móstoles.
Esto dice la contraportada de este libro creado para calzar muebles cojos, y no podría estar más de acuerdo. Sí, he ignorado las instrucciones del autor y he leído el libro. Y reconozco que lo he disfrutado.
A pesar de que la biografía no es un género que suela leer, esta me ha gustado. Su lectura se hace muy amena y deja con ganas de más. Como seguidora de La vida moderna, ya conocía muchas de las historias, frases y reflexiones que Ignatius incluye en su libro, pero no por ello hace que pierda la gracia. Me han llamado especialmente la atención los testimonios de personas cercanos a Ignatius que aparecen en el libro, es muy curioso (o al menos, para mí lo es) contrastar cómo cambia una misma cosa vivida por una persona y por los que le rodean.
En conclusión, espero que este libro deje de calzar algunas mesas, sillas o estanterías, aunque solo sea durante el tiempo que los dueños tarden en leerlo y devolverlo a su sitio.
⬆️ Ignatius. El motivo por el que 'La vida moderna' me generaba rechazo, y el motivo principal por el que terminé escuchando cada capítulo. Conocer sus inicios y sus hitos alcanzados, desenvolverlos un poco, es un regalo. El libro permite rellenar los huecos: los orígenes, los momentos clave, el contexto que explica su evolución. Es escuchar con admiración a un amigo, contando su vida de forma honesta, humilde y cercana.
⬆️ Edición. La estructura de los capítulos, la maquetación en colores, los añadidos biograficos complementarios. Libro que gusta tener en papel.
⬆️ Expectativa. Tan pronto es un loco al que ves como si fuera una morsa tocando la flauta, como es una persona inspiradora y profunda. Hay de eso en el libro, y hay pasajes donde me he reído a carcajadas.
⬆️ Persona y personaje. Es una bestia, alguien genuino al que gusta conocer más en todas sus vertientes. A ratos fascinante, a ratos puro corazón, a ratos un zumbado y a ratos desternillante. Es una figura contradictoria y magnética. Hay fuerza animal, hay ternura, hay un humor que nace de lo inestable. Su locura no busca explicarse, pero genera una lógica propia. Verle hacer algo absurdo no invita a juzgar, sino a entrar en su mood."
Lo primero que tengo que decir, es que si eres de los que se ha tragado cada programa de La Vida Moderna, no vas a encontrar aquí nada nuevo. Las anécdotas del parque de Londres, sus inicios en el stand-up, el origen del grito sordo, todo eso ya lo conocemos. Es, básicamente, la versión de tapa dura de lo que ya forma parte de nuestro imaginario colectivo. El libro no va de descubrir, va de entender. Es el manual de instrucciones definitivo, la clave para descifrar el personaje. Es no entender la diferencia entre un actor y su papel, no ver que "Ignatius" es un Frankenstein glorioso, un personaje diseñado a partir de retales de personas reales que ha conocido Juan Ignacio. Ha construido una armadura, una máscara para poder soltar toda la mierda que lleva dentro, para explorar los límites sin que le salpique del todo a Juan Ignacio. Considero que el libro es una mezcla entre el ensayo y la biografía. Es la búsqueda de un salvavidas en una noche de tormenta en mar abierto. Juan Ignacio prueba a cavar en su pasado, en sus traumas y en sus momentos más inusuales todo para encontrarle un sentido a su vida misma. Es como una especie de terapia a corazón abierto, creyendo que encontrará la paz. No obstante, y como se verá en su siguiente libro parece que no encontrará dicha paz. En los años más recientes de su vida, el libro pega un bajón a la hora de hablar sobre su triunfo en la radio y de cómo se ha convertido en una figura pública. Se vuelve más descriptivo y menos reflexivo. Parece que la historia ya la conocemos tanto que hasta a él le cuesta encontrar un ángulo nuevo. Si no conoces a Ignatius, quizás te parezca la biografía de un puto loco. Pero si ya estás dentro, si eres fan, es una lectura obligatoria. No te va a contar nada nuevo, pero te va a ordenar las piezas del puzle y te va a confirmar lo que ya sospechabas: que detrás del caos, hay un plan.
No nos encontramos ante una biografía al uso que repase las venturas y desventuras personales y profesionales de una celebridad. Cuando hablamos de su autor, Juan Ignacio Alemany, el ego real de Ignatius Farray, todo tiene un barniz especial. No es tanto lo que cuenta por cómo lo cuenta. Quienes ya conozcáis al cómico canario – me imagino que la mayoría que estéis leyendo esta reseña es porque os interesa el libro y sois a Ignatius – sabréis que es una persona de contrastes: en el día a día es una persona, tranquila y ensimismada en sí misma, pero cuando actúa bajo el personaje de Ignatius Farray es una locomotora descarrilada imparable.
En el libro se trata mucho esa disociación entre la persona (Juan Ignacio) y el personaje (Ignatius). Cómo el cómico siempre ha necesitado por un lado la existencia de un guía, aunque contradictoriamente luego no ha sido especialmente bueno escuchando a la gente.