La producción literaria de Kajii Motojirō se ubica en una fase crucial del Japón moderno. Tras el gran terremoto de Kantō (1923), surge en el mundo intelectual la necesidad de redefinir la identidad japonesa. Aunque Kajii recoge los estímulos de las principales corrientes literarias de la época, su contenido y su estilo no son atribuibles a una corriente concreta. En los quince relatos recopilados en la presente antología, su prosa lírica combina la exploración del mundo interior con la tradición japonesa, Baudelaire, Poe y la contemplación estética de la realidad. La enfermedad es un topos en el que confluyen elementos recurrentes como la cartografía del límite cultural entre metrópolis y provincia y el motivo del doppelgänger como trascendencia del ego material. Las historias compuestas durante su estancia en Izu ahondan en los motivos de la luz y la oscuridad en conexión con el dualismo entre la vida y la muerte. En sus últimos años volvió a interesarse por el marxismo, abordando en algunos relatos el tema de la tuberculosis a través de la perspectiva realista de las condiciones sociales de la población de los suburbios de Osaka.
Motojirō Kajii (native name: 梶井基次郎) was an influential Japanese modernist whose short stories have shaped the work of countless writers through their poetics and striking imagery. Confrontations of death and meditations on the sublime in nature are among the recurring motifs in the body of work he left behind when he died of tuberculosis at the age of 31. His works have remained in the popular consciousness, inspiring the occasional fan to leave a lemon at an outlet of the bookstore chain Maruzen in homage to the iconic scene in “Lemon” (1925).
Siendo sincera, ‘Días de invierno', me entró, primero, por los ojos y es que, no me puede parecer más bonita la ilustración de la cubierta. Pero bueno, si no acompaña el interior, de nada vale, ¿verdad? ¡Os cuento mis impresiones!
‘Días de invierno' recoge quince relatos del autor japonés Kajii Motojirō (1901-1932). Sin ser puramente autobiográficos, todos ellos tienen como protagonista o narrador, a un hombre enfermo, que puede entenderse como un alter ego del autor, quien sufrió tuberculosis, enfermedad que acabó con su vida a los 32 años y que marcó fuertemente su modo de ver la vida y su producción.
La madurez de sus relatos, la belleza de su expresión, y la serenidad de su mirada no te deja indiferente. Si no conociera su biografía, tendría la sensación de que han sido escritos por quien ya ha vivido todo y tiene la calma y contención que solo da la edad.
A pesar de que hay ciertos puntos comunes, como la enfermedad, el asombro ante la naturaleza y la descripción de la vida interior; los relatos no se hacen nada repetitivos puesto que cada uno tiene un enfoque diferente. Y a pesar de lo que pueda parecer, no causan desesperanza, incluso hay partes divertidas y ácidas. El estilo es sumamente bello, como no serlo, si se trata de prosa poética. Algunos finales parecen auténticos koan (acertijos) o poemas zen. de hecho, los poemas Motojirō (creo que no están traducidos) fueron alabados por grandes como Kawabata o Mishima.
Las historias están llenas de sutileza, de luces y sombras; donde la naturaleza es algo que admirar pero tan deslumbrante que ciega. al tiempo, anima a disfrutar de cada instante, puesto que no volverá.
🌸 “¿Por qué ha de ser tan bello un instante tan fugaz?”
Dos de los relatos, “El limón” y “Bajo los cerezos” tienen gran importancia en Japón. El primero (absolutamente genial y el mejor sin duda del volumen), es lectura obligatoria en los institutos, muchos estudiantes se han animado a emular al protagonista. El segundo, tiene un inicio que te deja con la boca abierta de la fuerza expresiva que tiene, y es común citarlo antes de hacer hanami (picnic al pie de los cerezos en flor).
No me acerco a la literatura japonesa porque no le tengo el gusto y no me llama la atención. Sí es cierto que con Yukiko Motoya hice una excepción y que actualmente tengo pendiente leer “Destellos de ámbar” de Yoko Ogawa y no me faltan ganas.
Será que tengo un mal prejuicio, pero he terminado “Días de invierno” y siento a mi subconsciente que susurra: “Te lo dije, te lo dije… no es para ti”.
Pues no. No ha sido para mí. No sé si porque ya estoy acostumbrada a la pluma femenina o porque la prosa poética tiene que ser muy buena para que me llegue, pero Kajii Motojiro no lo ha conseguido. De hecho, me ha aburrido un poco. Y eso hacía mucho que no me pasaba con un libro (esa sensación derrotista de saber que no va a mejorar o que tú no vas a saber apreciarlo por mucho que sigas leyendo).
El libro está cargado de sutilezas, de detalles paisajísticos que te nublan, del panorama hecho finura. Predomina la descripción del cuadro, del ambiente, de la enfermedad y de la emoción. Predomina todo aquello que se ve y que no se ve. Y es un poema hecho narrativa. Y como todo poema, o lo entiendes o no lo entiendes.
Y será que yo no lo he entendido.
(Para los que me conocéis y sabéis que siempre intento sacar algo positivo de cada lectura que hago: el relato de “El limón” tiene un trasfondo brutal. De todos, seguramente es el único que recordaré).
"Mi habitación quedaba cerca. Una luz brillaba por la parte del precipicio. Precisamente allí estaba el sanatorio. A partir de ese punto, caminar resultaba más relajado. Aliviado, continuaba por el camino, pero las noches de niebla la luz se difuminaba y parecía alejarse por momentos, como si no fuera a llegar nunca por mucho que caminase. La sensación de alivio desaparecía en días y tenía la sensación de estar muy lejos."
En el pueblo con castillo: 4/5 El limón: 5/5 Lodazal: 4/5 El pergamino ilustrado de la oscuridad: 5/5 En el camino: 4/5 Pasado: 3/5 Paisaje interior: 4/5 La ascensión de K.: 3/5 Días de invierno: 4/5 Bajo los cerezos: 3/5 Alucinaciones instrumentales: 2/5 Historia de un conducto de agua: 3/5 Moscas de invierno: 3/5 Caricias: 3/5 Acoplamientos: 4/5
Un libro increíble. Las descripciones de los mundos interiores de cada personaje son vívidas y evocativas. Me encantó la maestría del autor para escribir tantas historias alrededor de los mismos tema (la enfermedad, la soledad) y que siempre resulten nuevas. Hay un fatalismo en la superficie de todos sus cuentos que esconde la esperanza y la luz que hay en el interior de sus personajes.
Mejores relatos: En el pueblo con castillo, La ascensión de K. o la muerte de K. por ahogamiento, Días de invierno, Bajo los cerezos, Moscas de invierno y Acoplamientos (la parte 2, la de las ranas 😭💙).
Para ser sincero, este libro me llamó la atención no solo por ser de la editorial Gallo Nero, que me encanta, sino también por su portada (Grabado de Hasui Kawase 💙). Luego leí de qué trataba, y el rollo de vibes de naturaleza, divagación y detalles terminó de atraparme. Algo que he ido notando al leer a esta editorial es que todos sus libros, al menos los que llevo leídos, giran en torno a la depresión y la soledad, y cómo sus personajes transitan estas emociones.
En cuanto al estilo de escritura, tan centrado en detalles minuciosos y relatos muy descriptivos, lograba o bien concentrarme por completo en la historia o, por el contrario, desconectarme totalmente y obligarme a releerlo 30 veces. No encontré un término medio, y siento que esto puede deberse a los lugares donde lo leí. En el metro había demasiado ruido y me desconcentraba cada dos por tres, mientras que en casa, en completo silencio, también me iba por los cerros de Úbeda. Así que, como conclusión, creo que el sitio óptimo habría sido al aire libre, en un parque o un jardín, lugares con un poco de ruido pero tranquilos, que acompañan la atmósfera de los relatos.
una contemplació de la foscor i la lluminositat de la nit, i quotidianitat de la vida que passa mentre la natura e(n)s mou; no m'ha encantat, però té una cadència d'escriptura que observa la senzillesa del voltant amb cura i detall sorprenents no plot, just vibes