Situado en Valparaíso, el narrador de esta novela reflexiona en torno a escenas íntimas: es testigo de una relación amorosa entre dos compañeros de curso de la carrera de Filosofía, con quienes comparte años de formación, además de varias reuniones: «Ignoramos cómo hacer fiestas; ni siquiera sabemos comportarnos en ellas». El tema de la amistad y en qué medida uno puede conocer a los demás, convive con cuestionamientos de clase, de género y también observaciones sobre la ridiculez de la arrogancia intelectual: «Me resisto a ser simpático ante desconocidos pomposos».
A veces siento que la narrativa chilena no sabe hablar más que de estudiantes de carreras humanistas de universidades tradicionales que chocan con la vida (y con la pala) y no tienen nada más de qué hablar. La historia bien contada pero no puedo decir que igualmente interesante.