El hombre está preso en el calabozo de la comisaría en la que trabaja. Habla, habla mucho. Habla solo, monologa. Rebalsa rabia, resentimiento y humanidad. Recuerda, evoca, reconstituye. El hombre se llama Franco. Franco es un carabinero. Soledad se construye a sí misma desde el maquillaje, pero a diferencia de Franco, Soledad no se esconde tras este: el maquillaje permite que su cuerpo aparezca en gloria y majestad. Ambos hablan para comprender(se). Franco y Soledad no espejean la realidad, la absorben para construir otra, capturan sus fuerzas para levantar una nueva, que emerge con brío, como una anomalía, como un desvío fascinante de la realidad que habitamos. Alexandra von Hummel
Hace mucho no me abstraía de esta manera en alguna lectura. Fue crudísimo leer, me angustié mucho; tuve que parar, volver, llorar.
Dejó la sensación de personajes construídos en maneras rápidas, breves, sutiles y que sin embargo logran entregar un bosquejo conciso de los mismos. Me encanta la crudeza, me encanta leer de lo que nadie habla mas todos saben e ignoran. Me encantó la manera en que intriga a medida en que avanza, está todo tan bien hilado. Los variados enfoques narrativos, las referencias directas a nuestra idiosincracia, la personalidad de cada personaje, su distinción y hasta justificación a cada acción basada en historia/pasado.
Fue una lectura que medio disfruté, medio que sufrí; una perfecta.
Con furia. Con vehemencia. Con pasión. Con resentimiento. Con amor. Con recuerdo. Con ternura. Con niñez. Con canciones. Con besos (35).