Se ha desatado una guerra global en un mundo donde el cambio climático ya ha ocurrido. El calor es agobiante, la geografía ha mutado, la población mundial ha incrementado enormemente. Ese mundo tal y cómo lo conocíamos ha cambiado. Este combate global se halla equilibrado y su resolución podría hallarse en las niñas y niños de los orfanatos. En una de esas instituciones comienza la más arriesgada y madura de las novelas de Emiliano Monge.
Tejer la oscuridad es una distopía que reinventa nuestros mitos y desentraña nuestra idea de individuo y colectividad, mientras nos cuenta la liberación de un grupo de muchachos, así como la diáspora que emprenderán acompañados de su descendencia atravesando un mundo desolado, huyendo de perseguidores incansables y buscando el sitio que les fuera prometido, donde podrán rendir culto a sus dioses, enhebrar un nuevo lenguaje y habitar la oscuridad.
Cruzada por un sinfín de voces, Tejer la oscuridad presenta la eterna lucha entre el nosotros y el yo, deja que resuene en sus páginas el eco de libros antiguos y de diversas formas de escritura olvidadas y permite al lector imaginar otra forma de entender el tiempo, el espacio, la materia, el amor y la amistad.
Nació el 6 de enero de 1978 en Ciudad de México. Estudió Ciencias Políticas en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), donde luego impartió clases hasta que se trasladó a vivir a Barcelona, España. Ha publicado el libro de relatos Arrastrar esa sombra (2008, Sexto Piso) y la novela Morirse de memoria (2010, Sexto Piso), ambos finalistas del Premio Antonin Artaud. Después llegarían El cielo árido (2012), Las tierras arrasadas (Literatura Random House, 2015), ganadora del IX Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska; La superficie más honda (Literatura Random House, 2017) y No contar todo (Literatura Random House, 2018).
Ha colaborado con diversos medios impresos, entre los que destacan El País, Letras Libres, Reforma y Gatopardo, y ha trabajado como editor de libros y revistas. En dos ocasiones (2008-09 y 2010-11) ha sido beneficiario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, del mexicano Conaculta, y en 2011 fue seleccionado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) como uno de los 25 escritores secretos más importantes de América Latina. Es, además, el último miembro de la Orden del Finnegans.
Merecería un cerebro más descansado y un alma menos tensa comentar esta novela, pero somos lo que somos y yo, en el agotamiento y la incertidumbre, urdo estas palabras. Lo que Monge hace aquí es pura fantasía. En el sentido de pureza. En el sentido de delirio vital. Y lo hermoso, lo más hermoso. Y lo potente, lo más potente. Es que juega con el lenguaje para forzarlo. Para que sea un tapiz. Para que tenga distintas hebras y las hebras tengan distintas calidades. Un despliegue literario que en trama, tejido y urdimbre dejará a quien lea sumergido, sumergida o sumergide en el asombro. Una capacidad de entender la literatura como el esfuerzo de nombrar y de cómo nombrar y de qué nombrar que nos recuerda que la historia o las historias cuando contadas con pericia son la línea que nos conecta con la salida del laberinto. O que dibujan otro laberinto. No importa.
Complicado de lectura, disparejo en ritmo. Me molestaron con un par de inconsistencias en el manejo del tiempo medido con nuevas unidades creadas por los protagonistas y en las latitudes y longitudes que se presentan al inicio de cada capítulo en la segunda parte que hacen aparecer en el Sahara a personajes que debieran estar en la península ibérica. Quizás no lo entendí, pero me quedo con la sensación de que la escritura se salió de control y pasó de una novela distópica a una reflexión filosófica no del todo cuajada que termina apareciendo como pretenciosa. Se nota el trabajo del autor pero el resultado no me satisface. Es de esos libros que me hubiera gustado que me gustara.
Recomiendo mucho. Es una historia fuera de lo que comúnmente le leemos a escritores latinoamericanos. Un mundo distópico donde las vives, las narraciones y las formas de narrar y contar son otros personajes. La historia es buena pero más allá de lo que Emiliano Monge nos cuenta, la sola forma de narrar la historia te transporta a un lugar nuevo. Pocas veces podemos decir que leemos algo fuera de serie, este libro es uno de ellos. Parece un libro colectivo hilado finamente.
No es un libro malo pero si muy difícil de leerlo, demasiado confuso. No logré conectar con ningún personaje y tuve que empezarlo de nuevo al ir a la mitad del libro. Una buena historia pero no entiendo la decisión de un gran escritor de contarlo de esa manera.
Ay, no. Hay historias que se plantean desde diferentes tiempos y lugares y es un reto delicioso ir armando todo en la cabeza; pero si se nos presenta con un lenguaje garigoleado, forzado y supuestamente poético, el reto no se disfruta y es todo un gran estorbo.
Admito que me intimidaba mucho leer este libro por la crítica y rating de goodreads, pero ambas fueron las razones decisivas que me motivaron a leerlo porque al final nadie sabe con lo que se va a encontrar hasta que lo lee, y la ciencia ficción puede tomar infinitas formas dependiendo del autor.
Sí, hay un caos en la narrativa del autor, pero es una que hace eco de la historia que nos narra, no son eventos desordenados, tienen su cronología, se nos presenta un mundo post-apocalíptico cuyo clima es un desastre y en el que un extraño evento ha alterado el orden conocido.
Mediante una narrativa que intercala diferentes narradores en primera persona, pero que narran los hechos como meros testigos comienzan a construir este mundo en caos, que con el paso de las páginas comienza a convertirse en otra cosa, pareciera que retrocedemos en el tiempo, pero seguimos avanzando, conociendo nuevas generaciones y armando una idea general de cómo el tiempo es flexible a diferencia de los patrones que seguimos.
No es del todo imposible de seguir la historia, de hecho hay cosas que nos señalan hacia donde se dirige esta, los cómo y los por qué no son del todo relevantes y no es algo que me moleste, con la ciencia ficción he aprendido que no siempre se trata de datos duros. Además, el género al igual que todos los otros, solo sirve como contexto para analizar el comportamiento humano, nuestras costumbres, el bien y el mal, la base de nuestra civilización, etc.
Es una lectura poco convencional, lo reconozco, y a lo mejor leerlo cuando buscan un tipo de libro específico no es una buena idea, yo estaba preparada para todo y nada y en este caso funcionó, no lo pude soltar, el ritmo me pareció bueno, la lectura ligera, los nuevos términos y la forma de narrar interesantes, en general todo muy curioso, no original, pero nuevo y sin duda lo releería para poder hacer la conexión entre el inicio y el final.
Muy confuso, el lector tiene que hacer esfuerzos enormes para no aventar el libro. La estructura es de capítulos muy breves, una distopia con la que no conectas. Pretencioso. Mala lectura.
No es un libro fácil de comentar. Había leído cuentos y otra novela de Monge, que me encantaron. Esta me gustó, pero me deja muchas sensaciones poco comunes al terminarla: primero, llego a un punto en el que no tengo la certeza de contar con todos los elementos para entender e interpretar más ampliamente el texto. Encontré frases que me maravillaron y se aprecia el arduo trabajo detrás de las construcción de esta historia, y de cada parte que la compone, pero eso no alivia la sensación de que quedaron muchas cosas por fuera de mi comprensión. Segundo, la apuesta de Monge de jugar con otros textos y poner referencias explicitas me parece maravillosa y en Las Tierras Arrasadas (otra novela del autor) lo aprecié enormemente. En ese caso me costó más trabajo y no siento que sea tan evidente como las referencias a "Visión de los vencidos" e "Historia verdadera de la conquista de Nueva España" enriquecen el texto, pero insisto en que puede pasar por los elementos con los que no cuento. Por último, algo que me impacta mucho es la preocupación de Monge por el lenguaje. Tanto en la forma como en el contenido del texto, el leguaje es determinante y creo que esa búsqueda, esa preocupación, es el camino de la literatura.
Tal vez merezca una relectura más adelante. De momento creo que es una novela a la que vale la pena acercarse sin prevenciones e intentar hacer el recorrido con un énfasis en los sensorial.
Al terminar de leerlo me quedó la curiosidad de saber si el autor hizo algo así como un mapa o esquema para orientarse él mismo y que al final todo encaje. Esa misma sensación me quedó con su libro anterior. Me gusta su estilo, pero no diría que es el tipo de textos que puede gustarle a todo el mundo.
Recién termine de leer el libro y debo decir que me causo una disonancia, ya que en lo personal, no me gustó mucho la historia, pero es probable a que se debe que no la entendí al 100, inicialmente me estaba molestando mucho la estructura del libro y lo llegue a comparar con un intento de tener semejanza a Julio Cortázar, pero una vez finalizada y después de procesar un poco la lectura, se debe reconocer que la estructura del libro es magnifica y una genialidad por si sola, como bien lo dice el primer tercio del libro, esta estructurado como "Urdimbre" estando entrelazada y de forma paralela la narración, la segunda parte es la que toma mas ritmo, no obstante todos los capítulos que forman esta segunda parte son una cacofonía de voces distintas dentro del mismo evento que compone a este mundo distópico, por lo cual debo reconocer que me costaba seguir el ritmo, pero como un conjunto narrativo es una genialidad, así que por eso le doy esta calificación de forma subjetiva, pero no podría calificar al libro como bueno o malo.
Mi error era tener expectativas altas. Contiene algunos fragmentos preciosos y algunas ideas que no se si terminan de desarrollarse muy bien. Lo único que no le perdono es lo gratuito del fragmento de los gatos; pero eso ya es parte de mis fobias.
¨Tejer la Oscuridad¨ es complicado. Más que difícil de leer es excesivamente difícil de entender. Demasiada información, demasiados datos que suman muy poco a la historia, y la historia va del cambio, el devenir y la revolución. El argumento se orienta a medida que avanza el libro con fallida sutileza, de tal manera que el inicio y el final parecen dos novelas diferentes. La opresión engendra una huida, un exilio, un éxodo, el regreso al nomadismo y a una cultura mesiánica. Eventualmente las presas se tornan cazadoras, se reviven los sacrificios humanos del estilo mesoamericano, y el agotamiento y las evidencias que los personajes (o el personaje colectivo, ya llegaré a eso) encuentran en su búsqueda generan las divisiones entre ellos que los convierten en lo mismo de lo que tuvieron que huir en primer lugar. Se repite la historia y la ¨duplicación¨ … no quiero a ¨espoilear¨ el final, pero diré que el texto se torna crecientemente denso, ¨pantanoso¨, y si se llega al final es por principios (literariamente) y no porque hay un interés en el desenlace de la historia. La multiplicidad de voces se confunde, (todos los personajes que participan de la narración hablan, o escriben, de la misma forma), antes de fundirse (compartir una misma voz). Y su mensaje nunca deja de pecar de un misticismo quasi-indigenista que no es ni ensalzado, ni cuestionado, suficientemente como para justificar su presencia en la novela. Ni significa, ni señala un sinsentido. Estoy tentado de plantear que el texto falla en darle un giro al realismo mágico, naufraga su intento de inscribirse en el post-colonialismo, y no le alcanza para ser otra cosa. En este tejido hay dispersión, multiplicación, progresión, inversión, pero, lamentablemente, no se logran ni la ¨urdimbre¨, ni la ¨trama¨, ni la ¨malla¨ que uno espera de un paño, ni se explica la ausencia de la unidad del texto.
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Atravesar las fronteras, obedecer y callar, moverse entre las fisuras, masticar los dolores, recordar lo que será y habitar la memoria colectiva son los verbos que habitan los personajes de Emiliano Monge.
En su nueva novela 'Tejer la oscuridad' (Penguin Random House, 2021), el reconocido escritor mexicano crea una historia donde los tiempos por venir anuncian la esperanza a los jóvenes silenciados y arrastrados de los orfanatos quienes, en esta obra futurista donde la humanidad ha sido duplicada, tienen la posibilidad de acercar sus voces y gestar recuerdos en un mundo distópico para “hacer nosotros”.
La novela de Monge urge, con el uso de la metáfora distópica, a la búsqueda de nuevas formas de entender al mundo, de reimaginarnos en él, no sin una densa zozobra por lo que fallidamente fue y que parece repetirse cíclicamente ad nauseam.
«Tejer la oscuridad» es una novela testimonial escrita con una gran diversidad de voces que cuentan lo que viven en una época apocalíptica no muy lejana a nuestro tiempo: la historia comienza en 2029. Los primeros narradores son huérfanos que viven en un hospicio y que a su manera nos cuentan cómo llegaron a él. ¿Qué ha pasado en el mundo? Sea una guerra nuclear o una catástrofe climática, lo cierto es que el mundo tal cual lo conocemos ha cambiado, la población ha sido mermada y toda la geografía mundial se ha modificado. La intencionalidad de escribir estos testimonios es crear una memoria, no tanto una individual sino una colectiva, y esa memoria se va tejiendo con el paso de los años a través del viaje que emprenden ellos y que finalizan sus descendientes. Llevan consigo una selección de otros libros que van apareciendo entre sus palabras, citas de un pasado a ser recuperado. La búsqueda de la identidad, la necesidad de encontrar las raíces y de refundar la sociedad, es lo que se narra en esta historia que avanza hacia la oscuridad, una oscuridad que no tiene connotaciones negativas, al contrario, la oscuridad es siempre la esperanza que los empuja. Lo que no todos imaginan es que esta tiene múltiples formas y significados y que en su viaje hacia un nuevo mundo de algún modo también están desandando la historia del nuestro. Esta es la más reciente novela del escritor mexicano Emiliano Monge, y es lo primero que leo del autor. Al principio me sentí un poco perdida, hay tantos claroscuros que no lograba ubicarme, comprender qué estaba pasando. Pero llegados a un punto esto no fue necesario, la novela te atrapa y solo quieres saber qué vendrá a continuación. No es necesario que te cuenten todos los detalles para empatizar con esa comunidad a la deriva; la guerra es guerra en todos lados y en todas sus formas. Me sorprendió muchísimo que un libro narrado de este modo a lo largo de tantos años y distancias pueda tener tantas respuestas y significados como encontré al finalizar su lectura. Es de esos libros que te dejan como enchufado directamente al toma corriente y no puedes desprenderte de él, sigues yendo y viniendo tras los pasos de los protagonistas y repasando una y otra vez todo lo que puede significar una cosa u otra. «Tejer la oscuridad» es una novela sobre la humanidad, sobre los orígenes, sobre la identidad, sobre la cultura y las tradiciones, sobre el lenguaje y también sobre la escritura, narrada de un modo diferente, donde además de la distopía hay lugar para el realismo mágico. Emiliano Monge dice que intenta siempre que su próximo libro sea completamente distinto al anterior, y ha pasado a ser uno de esos escritores que deseo seguir leyendo.
No sé que leí, me lo vendieron como Ciencia Ficción latinoamericana, por la temática parecía Cli-Fi, por momentos pensé que era fantasía, después me recordó al realismo mágico, pero al final no sabría decir que intentó el autor
Anthony Burgess dijo: "No sé quién lee novelas para que le cuenten la verdad, pero ¿cuál es el sentido de leer novelas si no nos las creemos?" Eso me pasó, no se le cree nada por la cantidad de contradicciones y sin sentidos.
Habla de la evolución del lenguaje incluso a un lenguaje de 5 dimensiones, sin embargo, todas las voces son iguales, todas las narraciones tienen el mismo estilo.
El novum fue una grieta en la atmósfera que genera la evaporación del agua y con ello las migraciones, pero nunca falta el oxígeno y los pájaros siguen volando. Caminan y caminan con muy pocas herramientas pero pueden construir un barco para ir a Europa incluso con océanos más abundantes de lo que son ahora.
Si actualmente podemos ver las migraciones debido a cambios climáticos de Sudamérica a Norteamérica, por qué no se guió en algo similar, no había que imaginar mucho lo que es una migración y separación de clases sociales así como persecuciones.
Comenzaron buscando el mar y cuando llegaron al mar cambiaron de objetivo a buscar la oscuridad, algo me dice que en ese momento el autor leyó La mano izquierda de la oscuridad y decidió meter un guiño, pero no le resultó.
En resumen, un libro difícil de entender, por lo presuntuoso y absurdo
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Me quedo con el golpe en el estómago: algo horrible sigue sucediendo a pesar de que he terminado el libro, en algún lugar, ahora. Mientras escribo hay persecución, matanza, gente caminando hacia un mejor o peor destino: ya es ese fin del mundo, desde hace mucho estamos en esa orilla. En dos palabras, diría que literariamente la obra es audaz e inquietante. Me deja patidifusa, perdida como los chicos de la novela, buscando un asidero. Toda la narración tuve una sensación de estar en un mundo más grande, más roto, incomprensible: quizá porque hay ochenta y dos voces narrativas que escriben un libro colectivo, quizá porque no hay precisión de lo sucede. La única certeza es que hay sobrevivientes y exterminadores en un mundo de cielos rotos, calor extremo mientras acontece un largo peregrinar hacia una “tierra prometida” donde se puede, quizá, empezar de nuevo. Pero esa ida hacia el futuro es un principio muy parecido al pasado, con referencias a esos textos mitológicos del Popol Vuh, el viaje en búsqueda de Ixtlán, la visión de los vencidos. No es el género que más me gusta, pero sí es una muy buena novela a la que vale la pena asomarse. #México #Desasosiego #FinDelMundo #Futuro #NiñosDesaparecidos
Me gusta la tematica del libro, la historia de una civilización en su camino post apocaliptico, la primera parte es esta escrito un tanto anacronico, me recordo a los grandes del boom latinoamericano, la segunda parte practicamente epistolar. Es interesante como hace reflexionar de temas sociales que se ven involucrados en la edificacion de una cultura/pueblo.
English I like the theme of the book, the story of a civilization on its post apocalyptic path, the first part is written somewhat anachronistically, it reminded me of the greats of the Latin American boom, the second part practically epistolary. It is interesting how it makes us reflect on social issues that are involved in the construction of a culture / people.
Es un libro que amerita más de una lectura. El tema está en si su contenido motiva al lector a hacerlo, y este caso es uno donde depende más de los gustos de cada persona que se la calidad de la novela en sí. El tema post-apocalíptico es de por sí interesante, pero el caso de "Tejer la oscuridad" suma que sea bastante original. Sin embargo, la forma en que está narrado por medio de testimonios/diarios la vuelve muy difícil de visualizar. En mi caso, tardé hasta la mitad del libro en agarrarle la onda, y no me sorprende que algunos lo hayan dejado sin terminar. Los cambios de estilo narrativo saltan a la vista, y no siempre son positivos.
Hay cosas que sólo pueden guardarse en tu memoria, Ayal, me decían Laudo y Bruna, cada uno por su lado. La oscuridad no deberá ser revelada, hasta que ella indique que ha llegado su hora. Y no serás tú quien la revele, porque eres sólo el vehículo que ella ha elegido. Lo que todos saben se convierte en un arma. Y de las armas hay que escapar siempre. La verdad es mejor contarla en trozos, también esto me dijeron: serás la única que tenga, al final, todas las piezas.
Sin duda una gran proeza lingüística, pero aburrido en su fondo. Gana la propuesta poética del lenguaje frente a la posibilidad de contar una buena historia. Un mundo postapocalíptico plano, más preocupado por resguardar la memoria que por vivenciar el desastre del mundo y la supervivencia. O quizá no entendí nada...
Muy arriesgada y diferente a lo que nos tiene acostumbrados el autor, que creo que va mucho más avanzado o está muy por encima de nuestro lenguaje, pero es interesante, ¿será nuevamente la distopía el género que reine en la narrativa? Merece otra lectura.
No pude leer más de la primera parte. Esperaba algo muy similar a la anterior novela. Sentí que las voces de los personajes que narran eran las mismas, y me perdí en el hilo conductor de las historias. Entiendo que es algo distinto pero nunca logré conectar como sí me pasó con No Contar Todo.
Hay que convivir un poco con la incomodidad que genera que no todo se entiende ni cierra, y que la narración cobra ritmo recién en la segunda parte, que fue la que más me gustó y seguí. Me pregunto hasta qué punto la desorientación que produce es a propósito pero la idea está muy bien.
Me impresionó la mezcla de citas ancestrales con el argumento distópico y los diferentes narradores. La estructura es novedosa y la historia de no soltarla.