El autor entrelaza con maestría la ciencia y la ficción para explorar los orígenes de la humanidad. A través de la narración de dos líneas temporales distintas, una en el presente con paleontólogos que buscan fósiles humanos, y otra en la prehistoria con los humanos que vivieron en aquél tiempo, nos sumerge en una odisea de descubrimientos científicos y reflexiones filosóficas.
Gracias a su vasto conocimiento en la materia, el autor infunde en la novela una autenticidad y un rigor científico distinto de otras obras similares. Los personajes, bien desarrollados y multifacéticos, nos permiten conectar emocionalmente con los desafíos que enfrentan, ofreciendo diferentes perspectivas.
Uno de los puntos más destacables es la habilidad del autor para tejer conexiones entre el pasado y el presente, mostrando cómo los descubrimientos del pasado pueden influir en nuestra comprensión del futuro. La prosa, a la vez lírica y precisa, invita a la reflexión.
Es una obra escrita hace bastantes años y aunque se ha reeditado varias veces actualizando pasajes con los nuevos descubrimientos, en algún momento podemos echar de menos teorías más actuales o los más recientes hallazgos.
Imprescindible para aquellos interesados en la evolución humana. Y si se lee después de una visita a Atapuerca, como hice, yo, mucho mejor.