Tal como escuché recomendar en el canal de math2me, me puse a resolver un ejercicio sí y otro no, primero pares, luego nones, pues hacerlos todos habría tomado mucho tiempo, energía, empeño, y habría acabado siendo demasiado, cosa de locos diría alguno, y aún así, recortando de tal forma la tarea, igual fue complicado, me tomó casi tres meses y muchas frustraciones, enojos, desconciertos y hasta a veces literal dolor de cabeza, pero acabé, finalmente terminé y hasta me reconcilié con este señor libro.
Como a tantos otros escolares, su sola mención me metía miedo, enfado, era para mí una cosa indescifrable y la fuente primigenia de todo mi sufrir... pues la verdad sufría muy poco, claro, qué iba yo a saber de sufrimientos por entonces, y seguro que si me hubiera puesto a estudiar de vez en cuando en lugar de ver la tele o leer cómics o novelas de Dumas todo el tiempo, me habría ido mejor en secundaria y prepa.
Aunque no sé si mucho mejor, pues con toda honestidad incluso ahora me costó lo suyo entender esto y aquello, muchas muchas veces hube de buscar el resultado en Internet pues nomás no me salía, e incluso así, en más de una ocasión ni siquiera con el procedimiento ahí a la mano lo pude captar a la primera.
Y es tanto. Tanto lo que hay que repasar, tantos temas y ejercicios, tanto que entender y razonar y además memorizar que la cabeza en ocasiones se bloquea, se olvidan cosas o se confunden los conceptos, te distraes en un pequeño signo y toda la ecuación se viene abajo.
Pero aprendes. Eso que ni qué.
Ahora comprendo bien a bien lo que Eduardo Sáenz de Cabezón quiso decir con que las mates no son mucho más que el descubrimiento de patrones, y que lo que realmente importa para manejarlas es estar atento a los detalles; todo lo demás es secundario.
Es sin duda algo pesado, y sin la motivación o guía adecuada es imposible; aun me asombra que haya alcanzado a comprender algo de él por aquellos años, en que mi propia flojera o dejadez, combinada con el no muy grande entusiasmo de mis profesores de matemáticas, me lo volvieron una pesadilla.
El solo esfuerzo que implica te deja algo, cada ejercicio mal resuelto te espolea, cada acierto es una pequeña recompensa, y no creo que alguien pueda estudiar todo este libro sin enamorarse un poco de él.
Falta ahora el tercero.