Lo de ir al supermercado se está convirtiendo en algo completamente estresante. Los ultraprocesados nos persiguen y luchamos incansablemente para evitarlos y hacer una compra segura, saludable, libre de tóxicos. Pero, espera, espera. ¿De qué estamos hablando? ¿Tan peligroso es ir al supermercado?
Lo cierto es que vivimos en una época en la que podemos afirmar rotundamente que nunca hemos comido de forma más segura. Nunca hemos tenido tantos alimentos disponibles como ahora. Pero, paradójicamente, tampoco nuestra cesta de la compra había estado tan llena de productos insanos como ahora. Entonces, ¿qué nos está pasando?
Gemma del Caño, experta farmacéutica, nos presenta en su nuevo libro un recorrido por los principales mitos y bulos que nos meten en la cabeza y que insinúan que antes se comía mejor, que lo natural, sea lo que sea que signifique, es mejor. Porque no siempre volver al pasado es una buena idea, pues corremos el riesgo de volver a cometer los mismos errores de antes. O incluso peor: crear nuevos peligros innecesarios.
La solución pasa por conocer la verdad detrás de la comida que tenemos hoy disponible y poder hacer elecciones libres e informadas.
Aviso: conozco a la autora hace tiempo y es amiga mía.
Este es un libro sobre seguridad alimentaria, por una de las mejores, si no la mejor, divulgadora que hay en este tema. Continúa en la línea del libro de Mulet "Comer sin miedo", nos explica por qué los alimentos que podemos comprar son seguros, y cuáles son más sanos dentro de estos. Hay una idea central que es: antes no se comía mejor ni más seguro.
He echado únicamente a faltar una cosa, que es un capítulo final sobre cómo leer etiquetas, ahondar en identificar los conservantes y demás, cosas así. Pero el libro es claro, ameno y va al grano. Como la propia Gemma.
Es la introducción perfecta a este tema. Totalmente recomendable.
es el primer libro que leo de divulgación en materia de seguridad alimentaria.
por lo que he leído en algunas reseñas, es un refrito de otros textos que hay en el mercado y de carácter más bien básico. en cualquier caso, he aprendido cosas con él. había datos que desconocía por completo y, otros que no tenía tan claros. a lo largo de cinco capítulos, la autora expone diversos mitos y, después, argumenta en contra de estos. la verdad es que se echa de menos alguna explicación un poco más científica y referencia a estudios o a protocolos. muchas veces, su argumentación se asemeja más a un «porque lo digo yo, que soy sanitaria y tienes que creerme». esa perspectiva es más absurda que científica.
también he notado que la autora abusa de coloquialismos para dirigirse a quien la lee, recurso que podría haber empleado para, quizás, acercar el texto a un público más amateur y con poco contacto con el mundo en que se mueve; sin embargo, considero que hay un exceso de ese tipo de lenguaje que no beneficia nada al texto que, salvo por las referencias, es bastante correcto.
otra cosa que no me ha gustado ha sido su estilo pasivo-agresivo. en no pocos párrafos hace uso de expresiones como «si lo quieres probar/comer después de lo que te he dicho, allá tú». esto, además de una falta de respeto espectacular hacia el lector (al fin y al cabo, se trata de alguien que te da su tiempo y sus recursos en abrir las páginas y descubrir el texto). no es un estilo democrático y, desde luego, no ayuda a su mensaje, ni a la seriedad del libro, ni a su rigor. de hecho, es que me cabrea.
el gran defecto del libro, sin duda alguna, es que lo ha orientado ABSOLUTAMENTE TODO a la pérdida de peso. es un libro sobre seguridad alimentaria y sobre divulgación. entiendo que, por ejemplo, para hablar de que la fruta no engorda, que es un mito que sus compañeros de profesión han extendido que da gusto, utilice términos prototípicos de lo que asociamos a la cultura de dieta. pero me resulta estomagante encontrar constantes referencias a la pérdida de peso. en algún punto habla de alimentos correctos e incorrectos. como divulgadora de salud, debería saber que no sólo está mal dotar de categoría moral a los alimentos (sobre todo por sí mismos, que es algo en lo que se contradice porque luego bien que alude a que un solo alimento no otorga la salud) sino que es profundamente irresponsable. en ese sentido, el texto es más bien incoherente. dice, por ejemplo, que contar calorías no sirve de nada para perder peso porque cada persona hace un gasto distinto, pero anima a que se cuenten para que sepamos exactamente cómo comemos. demoniza CONSTANTEMENTE los ultraprocesados, el azúcar, etc. hace una divulgación bastante gordófoba, falaz y acientífica. entiendo que advierta de que los ultraprocesados no son la mejor opción alimentaria, pero que lo repita constantemente y los marque como si fueran pura mierda. no sé si se le ocurre pensar que es divulgadora y que tiene una responsabilidad. no es lo mismo que yo me coma, por ejemplo, un croissant una vez a la semana a que lo haga todos los días, pero es que no está en posición de juzgar lo que me echo en el plato. debe pensar que su libro lo leen también personas que se están recuperando de un trastorno de la conducta alimentaria o personas que sencillamente sufren y se acercan al texto para saber cómo comer mejor, a las que leer todo el rato que si conteo de calorías, que si allá tú, que si los ultraprocesados caca no le sienta bien. los sanitarios en general pecan de subirse a un púlpito moral tan alto que no suelen ver que muchas veces su mensaje no llega entero, ni correcto y que, a veces, hacen más daño que bien.
ha habido otro detalle que no me ha gustado. al principio, ha hablado de la fitoterapia y ha explicado lo que ya sabemos muchas: que natural no significa inocuo y que, en efecto, los remedios caseros tienen poca o nula eficacia, que responden más a las tradiciones que a un verdadero funcionamiento. lo que no me ha gustado es que desprecie lo natural en favor de lo químico cuando sabemos que ningún medicamento existiría sin la fitoterapia, para empezar. la industria farmacéutica no está exenta de riesgos, ni de sesgos. ella, como farmacéutica, debería saber perfectamente que no siempre es ideal la medicación, sólo en los casos en que sea necesaria, que hay riesgos y que, desde luego, las farmacéuticas no son entidades caritativas que buscan a toda costa el beneficio de la humanidad. ni tanto, ni tan poco.
en conclusión, este libro, en su idea básica, está muy bien. todos los añadidos de cultura de dieta, de adelgazar, contar calorías y clasificar moralmente los alimentos me sobran. es un texto de divulgación científica y seguridad alimentaria. no sé qué tiene una cosa que ver con la otra. en cualquier caso, es nauseabundo que no pare de incurrir, de forma redundante, además, en todos esos mitos, que le restan calidad al texto y rigor científico.
Sigo a Gemma en las redes y me gusta lo que dice y comparte, pero no había leido su blog al que hace mención en el libro. El tono que utiliza en este libro es muy desenfadado y coloquial, lo cual puede ser bueno para conectar con algunos lectores, pero he sentido que faltaba bastante información e incluso en ocasiones sentía que estaba leyendo contenido repetido o de relleno. Vengo de leer "Mi dieta cojea", "mi dieta ya no cojea", "Vegetarianos con ciencia" y "El jamón York no existe" y me parece que, en comparación, aportan mucha más información. Se que este se centra más en el tema de la seguridad alimentaria, pero pienso que se podría haber profundizado un poco más.
Muy interesante si no has leído nada sobre alimentación, ultra procesados, etc… Si ya has leído algún otro libro, este es un refrito de muchos otros que ya se han publicado, no aporta nada nuevo. Se echa en falta más enlaces a estudios en algunos capítulos y quizá una explicación más profunda sobre los entresijos de la industria.
A pesar de que el libro se maneja en conceptos "básicos", la verdad es que creo que tiene un gran aporte de conocimiento para los que somos ajenos al tema de la nutrición.
Me ha parecido un libro súper ligero que da ganas a seguir queriendo saber más sobre el tema. Muy bien redactado para gente que no está metida en el sector.