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168 pages, Paperback
First published July 1, 2002
A través de lo que cuentan ocho trabajadores conocemos el abuso que ocurre tras bastidores en un supermercado. Pasan larguísimas jornadas a merced de clientes groseros y supervisores "conchas de su madre" que amenazan, al mínimo desacato, con despedirlos. Vivencias como el acoso sexual o la inmediatez de la cultura de consumo hablan de la dinámica de deshumanización que oprime a empleados y consumidores por igual pero de la que solamente los primeros parecen ser conscientes en la novela.
Encima de todo, estas cajeras, conserjes, guardias de seguridad y empaquetadores comparten vivienda y conflictos, pues las facturas los obligan a ser, como decimos en México, cuentachiles: siempre escatimando mezquinamente, ganando y perdiendo privilegios en la medida que aportan a los gastos de la casa. Este sistema de recompensa/castigo que la autora propone me pareció interesante porque deja en evidencia lo fácil que los órdenes clasistas y machistas se pueden trasladar del lugar de trabajo a la vivienda:
"La pobre (pobrecita) Sonia que de un instante a otro la habían empujado a trabajar atrás. Sí, la habían destinado a la carnicería del súper. (…) Ahora una de los nuestros formaba parte de la sección infame." p. 120-1
"Tuvimos que castigarla. (…) Se ocuparía de limpiar, cocinar, ordenar, lavar, planchar, coser, comprar, realizar nuestros trámites. (…) Naturalmente Gloria debía dejar su cuarto y empezar a dormir en la minúscula pieza del fondo. Eso formaba parte del arreglo. Tenía que dormir alejada de nosotros y dejarnos sus frazadas, sus sábanas, el cubrecama." p. 81, 84y es justamente el abuso de esta jerarquía lo que le da a la novela su final abrupto y firme; si al principio de la historia existía algo de empatía entre todos los empleados, al final la traición, las adicciones y la escasez terminan por eliminar cualquier posibilidad de cooperación.
Aunque Eltit logra insertar humor negro y toques costumbristas para balancear el tono pesimista y asegurarse que la lectura no se vuelva pesada, Mano de obra brinda pocas esperanzas frente al capitalismo rapaz que todo lo destruye. Aun así les recomiendo que entren a este supermercado donde lo único más bajo que los precios es el sueldo.